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EPPUR SI MUOVE

Navidad y Orgullo Gay

jueves 02 de julio de 2015, 19:49h
Actualizado el: 07/03/2015 08:54h

Esta semana, la bandera arcoíris ha ondeado en varios edificios oficiales del Ayuntamiento de Madrid, por aquello del Orgullo Gay. En esta edición se batirán records de asistencia, y Chueca es un hervidero donde se dan cita miles de personas venidas de medio mundo. Hay todo un merchandising en torno al Orgullo que, aparte de otras muchas cosas, es una jugosa oportunidad de negocio. Sin embargo, eso no gusta a todos. Colectivos gays y lésbicos vienen quejándose desde hace tiempo de la excesiva mercantilización de un evento que ellos siguen considerando más reivindicativo que festivo.

En todo caso, fiesta hay, y mucha. También mucho desparrame, y abundan las provocaciones públicas, que coparán portadas y abrirán informativos. Si el Orgullo quería conseguir visibilidad, lo ha logrado con creces. Mucho ha llovido desde los disturbios de Stonewall, en 1969, que dieron lugar a las primeras marchas de apoyo a gays y lesbianas. Stonewall Inn era un pub ubicado en Village neoyorquino frecuentado por gays y transexuales principalmente. Entonces, las redadas policiales “poco delicadas” en los bares de ambiente estadounidenses estaban a la orden del día. Pero la madrugada del 28 de junio a la policía de Nueva York se le fue la mano. A raíz de ello, el colectivo gay empezó a organizarse…y hasta hoy. La bandera arcoíris fue obra de Gilbert Baker, un diseñador de San Francisco, ciudad donde lució por primera vez en 1978.

El artículo 14 de la Constitución Española dispone que nadie podrá ser discriminado por razón de sexo, religión u opinión; en parte, es esto lo que se reivindica en el Orgullo. Soy católico, y reconozco que la jerarquía de la Iglesia podía haberlo hecho mejor en el pasado. Hoy, por suerte, los tiempos han cambiado, empezando por el mismísimo Papa Francisco, quien recientemente mostraba en público su apoyo a la igualdad de derechos. Dios no hace distinciones entre sus hijos; los quiere y valora a todos por igual con independencia de su orientación sexual. Colectivos de gays y lesbianas aseguran que una de cada diez personas es homosexual. El dato carece de todo rigor científico, si bien son legión los que hacen de él bandera. Muchas me parece pero, en todo caso, merecen el mismo respeto que las que no lo son.

Por todo ello, como católico me parece bien que la enseña arcoíris ondee en dependencias municipales durante la semana del Orgullo Gay. Obvio las muestras públicas en contra de la Iglesia porque ofende quien puede, no quien quiere, y aquellos que hacen apología de la aberración se retratan a sí mismos. Ahora bien, en base a ese mismo argumento reclamo que la bandera de los cristianos de Irak, la “N” de nazareno en caracteres árabes cuelgue también en el balcón del Ayuntamiento durante la próxima Navidad. Según el CIS, el 73,4 % de los españoles se declara católico. El Estado Islámico -IS- obliga a los cristianos de Irak y Siria a identificar así sus casas, como ya hicieran los nazis con los judíos. A la vista está lo que hace hoy el terrorismo islámico con los cristianos…y con los homosexuales. Los gays de países con mayoría cristiana viven bastante mejor que los que lo hacen en entornos musulmanes. Poner en edificios públicos esta bandera equivaldría a decir alto y claro que se está contra el exterminio de los que piensan, creen o actúan “diferente”. Si una causa es legítima, la otra también.

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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