TRIBUNA
Bueno o malo, ¿quién sabe?
sábado 04 de julio de 2015, 19:54h
Actualizado el: 07/04/2015 21:16h
"El comienzo de la madurez intelectual es ser capaz de mantener dos ideas contradictorias en la mente al mismo tiempo". Terence McKenna
Vivimos rodeados de dualidad: lo bueno y lo malo, lo liberal y lo conservador, la alegría y la tristeza. Las ideas opuestas, y a veces contradictorias, coexisten a nuestro alrededor y también en nuestra propia mente. Aunque parezca que lo virtuoso es tener fuertes convicciones, defenderlas y aferrarse a ellas en el tiempo, hoy me gustaría mostrarles que si observamos con cierta atención podemos ver cómo, en el fondo, convivimos con los opuestos y que somos más ‘incongruentes’ de lo que podríamos esperar, ya que todos somos portadores de la cara y la cruz, lo blanco y lo negro, el ángel y el demonio. En realidad la dualidad no es más que un espejismo.
En multitud de ocasiones un mismo hecho puede producir júbilo y pesar simultáneamente. Cuando un familiar cercano muere, sentimos una gran tristeza, pero si esta persona nos ha dejado una sustanciosa herencia, nuestro abatimiento se ve compensado con la alegría de lo adquirido. Lo mismo ocurre cuando nos despiden de un trabajo del que estamos cansados o cuando rompemos una relación sentimental de la que éramos esclavos, por un lado nos crea un gran vacío y sentimos miedo, pero por otro eliminamos tensiones y prestamos atención a nuevas oportunidades. La vida está llena de historias y ejemplos contradictorios que además pueden cambiar y darse la vuelta cuando menos lo esperamos. Por supuesto que existen obreros de derechas, amigos envidiosos, padres celosos del éxito de sus hijos, servidores públicos que roban o religiosos egoístas, y aunque parece imposible que lo primero pueda compaginarse con lo segundo, nadie está exento de vivir con una idea y con su opuesta, unas veces de forma abierta y otras, de forma encubierta.
A lo largo de mi corta o larga vida, según se mire, he tenido la ocasión de sentir en mi propia piel sentimientos encontrados en muchas situaciones, tanto a nivel personal como profesional. Cambiar de estilo de ropa, de ciudad o corte de pelo puede ser aceptado pero, ¿qué me dicen de cambiar de ideas políticas, de amigos, de religión, de gustos sexuales o de equipo de fútbol?; ¿y si resulta que en vez de cambiar también pudiéramos defender convencidos dos ideas contradictorias o disfrutar de dos lados opuestos en una misma circunstancia?
Durante los atentados de Madrid, en marzo de 2004, yo estaba trabajando en una sociedad de valores. Desde muy temprano comenzamos a leer y ver las terribles noticias y, como en muchas otras ocasiones, me dediqué a informar a los clientes (instituciones extranjeras) y a explicarles lo que estaba ocurriendo en nuestra ciudad. Inevitablemente, la mayoría de los clientes vendieron posiciones importantes en casi todos los valores más significativos, como también ocurrió durante los atentados del 11-S. La mañana fue dura y estresante pero más dura fue para aquellos que se vieron afectados por el atentado. A la hora de la comida, una compañera que se sentaba delante de mí, me dijo: “No sé cómo eres capaz de coger el teléfono, hablar con tus clientes y vender sus posiciones con todo lo que está ocurriendo, me resulta muy desagradable”. Me quedé de piedra y me sentí ofendido, pero con el tiempo entendí su punto de vista. Durante meses me culpé por haber sido frío y autómata, aunque ella probablemente pensó que yo era un insensible codicioso, pero también con el tiempo integré su opinión junto a la mía y llegué a la conclusión de que ninguna de las dos era mejor que la otra y que las dos tenían espacio dentro de mí. En mi defensa he de decir que mi compañera, por aquel entonces, no tenía cliente alguno a quien llamar y en la suya, que es una mujer muy observadora y sensible.
Hay millones de ejemplos cotidianos que demuestran que nada es bueno o malo por naturaleza sino que es la opinión que tenemos, y lo apegados que estamos a dicha opinión, lo que nos hace disfrutar o sufrir. Escuché una vez que el 99% de las personas que ganan mucho dinero en la lotería, digamos un mínimo de 10 millones de euros, comparten dos cosas: se arruinan en menos de 5 años y también arruinan todas sus relaciones sociales. Aun conociendo estas dos premisas, el 100% de los participantes en una encuesta afirmaron después que ellos también querrían ganar la lotería. Como muchas otras cosas, el dinero trae consigo el todo y la nada, la dicha y la angustia, la codicia y la generosidad, dos caras de la misma moneda que siempre llevamos encima, unidad en vez de dualidad. También leí en otra ocasión que si echáramos la vista atrás encontraríamos multitud de malas decisiones que con el tiempo se convirtieron en algo maravilloso y viceversa, como por ejemplo el hijo estupendo que tuvimos con la persona equivocada. Antes de juzgar, antes de defender una de las dos caras y por supuesto, antes de luchar por unos ideales, deberíamos pensar que hoy podemos estar en la luz pero que también pasaremos por la sombra, ya que sin oscuridad, la luz no tendría ningún sentido.
No es ser chaquetero sino sincero, no es comportarse como un veleta sino ser maleable, no es ser variable sino inseparable, no lo llamemos incongruente sino maduro, no es dispersión sino compresión. Las palabras se inventaron para unirnos pero también nos separan, ya que cada vez que nos etiquetamos, nos negamos.
Una historia china cuenta que un anciano labrador tenía un viejo caballo para cultivar sus campos y que un día el caballo escapó a las montañas. Cuando los vecinos del anciano se acercaron a compadecerle, el labrador replicó: “¿Suerte o no suerte? ¿Quién sabe?” Una semana después, el caballo volvió de las montañas trayendo consigo una manada de caballos. Entonces los vecinos felicitaron al labrador por su buena suerte y este les respondió: “¿Suerte o no suerte? ¿Quién sabe?”. Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró ésto como una desgracia. No así el labrador, quien se limitó a decir: “¿Suerte o no suerte? ¿Quién sabe?”. Una semana más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota le dejaron tranquilo. ¿Suerte o no suerte? ¿Quién sabe?
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Asesor Financiero
NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.
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