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Chile, campeón de América

Alejandro San Francisco
martes 07 de julio de 2015, 19:04h

¡Chile es una fiesta! Durante varias semanas se disputó en esta finis terrae la Copa América, el campeonato más importante del fútbol sudamericano, aunque se ha ido ampliando y hoy cuenta con la participación de México.

A Chile llegaron no sólo miles de hinchas de distintos países, sino que también algunas de las máximas figuras del fútbol mundial. Así, pudimos ver a Messi y Mascherano, al Kun Agüero y Di María, los astros argentinos; el colombiano James Rodríguez y Falcao; los uruguayos Cavani y Godin; el ecuatoriano Valencia; Haedo Valdez, el paraguayo; los peruanos Pizarro y Farfán; ciertamente los brasileños Neymar y William.

Lamentablemente, no todos estuvieron a la altura de las circunstancias. Cavani se fue torpemente expulsado contra Chile, mientras Neymar, destinado a ser uno de los cracks de la Copa, también fue castigado por una reacción infantil contra Colombia, lo que nos privó de su habilidad y goles. Otros no llegaron en su mejor momento, como fue el caso de Falcao y el propio Messi, que sólo tuvo destellos de su genialidad contra Paraguay, pero lejos de las actuaciones memorables del 2014-2015 en el Barcelona.

Después de casi un siglo de Copa América, apenas siete selecciones habían levantado alguna vez el máximo trofeo continental. Entre ellos, había tres selecciones que destacaban claramente sobre el resto: Uruguay, quince veces campeón; Argentina, catorce veces en el primer lugar; Brasil, con ocho victorias. Paraguay y Perú habían obtenido dos veces el máximo galardón, mientras que Colombia y Bolivia se habían alzado una vez con la copa.

Seguramente era esa realidad la que había llevado a Chile a ansiar levantar la Copa América este 2015 -y así lo hizo tras vencer en la final a la Argentina de Messi-, para lo cual se sumaban varios factores. El primero es que el Campeonato se jugaba precisamente en este país, en La Serena, Viña del Mar, Rancagua, Concepción, Temuco y ciertamente Santiago. Chile jugaba de local, lo que siempre es un aliciente de público y de favoritismo. Lo segundo es el ansia de conquistar un trofeo esquivo, que alguna vez estuvo a la vista, pero que nunca había sido posible celebrar; existía el deseo de superar el pesimismo y de entrar en las grandes ligas, de dejar atrás los triunfos morales para disfrutar las victorias de verdad.

Pero hay un tercer factor que es sin duda el más importante. Además de que Jorge Sampaoli es un entrenador extraordinario, cuestión que siempre se prueba crucial, el país contaba con una generación privilegiada de futbolistas, como nunca en la historia de Chile, con muchos jugadores de clase mundial y capaces de medirse en las situaciones más difíciles y competitivas del fútbol internacional. Dos de los chilenos estuvieron en la final de la Champions League, Arturo Vidal por la Juventus y Claudio Bravo por el Barcelona. Aunque este último estuvo en la banca, por otro lado fue elegido el mejor portero de la "liga de las estrellas", lo que resume mejor que nada su capacidad y el momento deportivo que vive.

Pero asimismo hay diversas figuras en otros torneos competitivos: en Inglaterra Mauricio Isla y Eduardo Vargas en el Queens Park Rangers, y Alexis Sánchez en el Arsenal; Gary Medel en el Inter de Milán; Mauricio Pinilla en el Atalanta; David Pizarro y Matías Fernández en la Fiorentina italiana; Francisco Silva en el Brujas de Bélgica; Marcelo Díaz en el Hamburgo y Gonzalo Jara en el Mainz, ambos en Alemania; Ángelo Henríquez en el Dínamo Zagreb; Felipe Gutiérrez en el Twente, de los Países Bajos. Algunos otros se desempeñan en las principales ligas sudamericanas, como son los casos de Charles Aránguiz y Jorge Valdivia, en el Internacional y el Palmeiras de Brasil, respectivamente; José Pedro Fuenzalida en Boca Juniors, de Argentina. Apenas cuatro jugadores se desempeñan en el fútbol local.

Esto, que para países como Brasil, Argentina o Uruguay ha sido la regla de vida, para el caso de Chile es una realidad que apenas cuenta con algunos años y que ha probado ser de la mayor importancia. En Chile es posible ver numerosos hinchas con camisetas de los grandes clubes europeos, la gente sigue esos campeonatos por televisión desde sus hogares, destacando la liga española, la italiana y la inglesa. Un portero chileno ataja a grandes goleadores mundiales habitualmente, mientras los defensas enfrentan a delanteros de fuste, los atacantes chilenos deben superar a los mejores defensores del mundo y los centrocampistas comparten juego con los cracks europeos y sudamericanos que se desempeñan en Europa.

No todo resulta positivo en el balance. De los jugadores que obtuvieron la Copa América este 2015, hay varios que superan los treinta años. De 26 años o menos apenas hay siete jugadores, y esta selección viene jugando junta desde hace casi una década, lo que preanuncia el fin de una generación dentro de poco tiempo más. Lo más probable es que la mayoría pueda llegar al Mundial de Rusia el 2018. Sin embargo, es necesario hacerse una pregunta: ¿Llegarán todos en su mejor momento? ¿Habrá relevo necesario en algunas posiciones? ¿Quedarán fuera algunos que habiendo sido figuras relevantes ya no están a la altura de la justa internacional?

Este es un problema que se repite en la historia del deporte rey. España lo vivió en el último Mundial de Brasil, y otros campeones en el pasado han enfrentado el mismo problema, cuando los directores técnicos no han podido, no han querido o no han sabido renovar sus plantillas que garantizaron éxitos en el pasado, pero que se ven incapaces de lograr lo mismo hacia el futuro. En el fútbol la renovación generacional es imprescindible. Es la riqueza que han tenido países como Argentina y Brasil (también Uruguay) en América Latina, o Alemania e Italia en Europa, que en cada generación han sido capaces de plantear una selección competitiva en torneos europeos o mundiales.

Chile fue campeón de la Copa América y el país es una fiesta. Quizá no lo comprendan quienes están acostumbrados a celebrar y acumular trofeos. Chile más bien sabía de derrotas injustas, "mala suerte", "una vez más", "para la próxima será". Esta victoria llega en un momento oportuno y fue obtenida con entera justicia. Ahora corresponde pasar a la primera división mundial y esa es una tarea que no está garantizada, sino que exige mucho sacrificio, inteligencia y preparación. Veremos si el país está a la altura.

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