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ANÁLISIS

¿El error fatal de Donald Trump?

Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
miércoles 12 de agosto de 2015, 14:50h
¿El error fatal de Donald Trump?
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A más de 170 días para los caucus. Por Borja M. Herraiz
El primer debate en las primarias del Partido Republicano (GOP) celebrado la semana pasada tenía un único y gran protagonista de entre la decena de participantes: Donald Trump.

Multimillonario, histriónico, polémico, excesivo, megalómano y autoproclamado encarnación del sueño americano tras haberse arruinado y recuperado dos veces, Trump se ha situado a día de hoy, y para sorpresa de muchos, como la opción con más respaldo entre los conservadores para ganar las primarias del GOP e intentar recuperar la Casa Blanca para los republicanos el año que viene.

La estrategia de Trump en estas primeras semanas de campaña ha sido atacar a los tradicionales chivos expiatorios del nuevo conservadurismo estadounidense, Barack Obama, los medios de comunicación no afines y los inmigrantes, y valerse de un discurso beligerante, sin dobleces y accesible para todo el arco de votantes del Partido Republicano. Claro, directo y conciso.

Así, el multimillonario, que cifra su fortuna en los 100.000 millones de dólares mientras que Forbes la rebaja hasta los 4.000 millones, ha encendido debates televisivos, ha levantado ampollas entre sus propios colegas de partido, a muchos de los cuales ha menospreciado, como al senador John McCain, y ha asombrado a propios y extraños tras situarse, con un discurso basado en la descalificación y sin apenas propuestas reales, más allá de levantar un muro entre Estados Unidos y México, en cabeza en los sondeos.

Sin embargo, algo parece estar cambiando. La ola que ha impulsado a Trump hasta la fecha puede que esté perdiendo fuerza. Tras calificar a los inmigrantes mexicanos de "violadores y delincuentes" y criticar a la moderadora del debate republicano Megyn Kelly haciendo referencia a su menstruación (aunque luego desmintió este extremo y afirmó que se le había malinterpretado), lo que le valió ser vetado incluso en un debate organizado por RedState, uno de los emblemas del conservadurismo mediático en EEUU, y la dimisión de su principal asesor, Roger Stone, las encuestas han empezado a reflejar un posible hartazgo del electorado.

Hace unas semanas, la distancia entre Trump y sus más inmediatos perseguidores, Jeb Bush y Marco Rubio, era sideral, por encima de los 20 puntos. Una diferencia inusitada para una carrera republicana que cuenta con hasta 17 contendientes. Pero, tras el debate a diez bandas, su respaldo ha caído un tercio, según afirma la consultora Rasmussen Reports, y el margen se ha reducido hasta los siete puntos con el exgobernador y el senador por Florida y hasta los ocho con Carly Fiorina y Scott Walker.

Trump ha disparado demasiado y contra demasiados blancos, lo que ha generado una corriente de animadversión hacia él muy numerosa. Es más, entre las mujeres, que tradicionalmente se han decantado por el bando republicano en las presidenciales, el polémico candidato ha cedido hasta diez puntos de respaldo entre antes y después del debate televisado. Sin el respaldo femenino y el de los inmigrantes es, a tenor de los estudios, materialmente imposible hacerse con el Despacho Oval.

Se da por sentado que muchos de los 17 aspirantes republicanos se quedarán por el camino y sus seguidores se tendrán que decantar por las opciones supervivientes. Las encuestas señalan que la popularidad de Trump entre los votantes de los otros candidatos está por los suelos, por lo que sus rivales ganarán respaldo a medida que pasen las semanas en su detrimento.

Además, algunos analistas y periodistas, a los que ha llegado a calificar de "carroñeros", consideran que el multimillonario ha quemado sus naves demasiado pronto, pues todavía restan más de 170 días para que se celebre el caucus de Iowa, la primera y verdadera piedra de toque del GOP para saber quién será su candidato en las presidenciales de 2016.

La falta de propuestas de Trump para hacer frente a problemas como el desempleo, la economía o la seguridad y su énfasis en centrar el debate en cargar contra cuestiones menores, aunque tachadas de esenciales para los sectores más conservadores del GOP, auguran una caída en su expectativa de voto.

Así, el excéntrico candidato baraja la posibilidad, en caso de no lograr la candidatura republicana, de presentarse como independiente a las presidenciales del año que viene, una opción a la desesperada que no ha salido victoriosa desde hace 145 años con el segundo turno del mandato de Andrew Johnson.
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