Sé dónde estás, de Claire Kendal, nacida en California pero afincada en Inglaterra, se encabeza con una cita de Barba azul, el célebre cuento de Charles Perrault, y con una dedicatoria de la novela por parte de la autora a sus padres: a su madre por enseñarle a leer, y a su padre por darle su primer cuento de hadas. Cita y dedicatoria nos adelantan el trasfondo de esta novela. Y, por si no bastara, protagonista y antagonista de Sé dónde estás mantienen un estrecho nexo con los cuentos de hadas, y están concebidos en buena medida como figuras inspiradas en personajes emblemáticos de ese universo. Algo que se extiende incluso a personajes secundarios de la trama, como la vecina de la protagonista, una encantadora anciana que desempeña el papel de hada madrina.
Así, a Clarissa, protagonista de Sé dónde estás, le encantan los cuentos de hadas. Lo que no sospecha al principio, aunque pronto lo descubrirá, es que va a vivir uno de ellos, y terrorífico, a través del encuentro con Rafe Solmes, profesor de la Universidad de Bath, y especialista en el estudio de ese género. Clarissa, que trabaja como administrativa en ese centro educativo, no se encuentra precisamente en su mejor momento, pues acaba de terminar una compleja relación amorosa con un hombre casado. Rafe Solmes invita a Clarissa a la presentación de su último libro en una librería de la apacible ciudad. A partir de ese inocente hecho, comenzará para Clarissa un calvario del que solo podrá salir en un final políticamente incorrecto, pero que sin duda resulta coherente con el desarrollo narrativo y consigue el aplauso de los lectores. No en vano Claire Kendal ha obtenido con esta su primera novela una más que notable favorable acogida de crítica y público.
Tras la presentación y después de tomar una copa, Rafe, que se reviste de una exquisita educación y galantería, acompaña a Clarissa a su casa. A la mañana siguiente, esta no recuerda muy bien lo que sucedió, pero sospecha que la bebida contenía algo indebido y que Rafe no se comportó, sino todo lo contrario, como el cortés caballero que quiere aparentar ser. Una máscara que irá cayendo poco a poco con el inclemente acoso al que va sometiendo a Clarissa y en el que ella se va sintiendo más y más angustiada, y al principio inerme ante las estrategias de su acosador: “No puede no funcionar, tu manipulador llamamiento a mi gentileza. Pienso en Blancanieves con ojos de idiota que abre la puerta a la reina malvada y prácticamente le arranca de las manos la manzana envenenada. Pienso en Jonathan Harker cuando franquea el umbral de Drácula libremente y por su propia voluntad. Pienso de nuevo en Barba Azul y su cámara sangrienta. ¿Cruzaba el umbral con cada nueva prometida y entraba en el castillo después de que ella se hubiera arrojado feliz a sus brazos? A lo cual sucedía la cámara de tortura que ella nunca se había imaginado”.
El pasado año, también en Anagrama, apareció Barba Azul, de Amélie Nothomb, donde se daba una vuelta de tuerca a la famosa historia, aunque en una clave que tenía mucha de sarcástica, en consonancia con el estilo de la escritora belga. Claire Kendal ofrece un thriller psicológico que no da respiro, combinando capítulos en tercera persona, con otros donde se recoge un diario en el que la propia Clarissa va consignando la persecución y sus estados de ánimo, y en el que interpela directamente a su hostigador. A la vez, escribe lo que acontece en el juicio donde Clarissa participa como jurado. Una historia que corre paralela, centrada en el secuestro y violación de una joven drogadicta de dudosa reputación.
Además de los cuentos de hadas que a todas luces dan mucho juego literario como referentes creativos, en Sé dónde estás aparecen los ecos de El coleccionista, novela de John Fowles llevada al cine por Willian Wyler, en un filme de título homónimo, claustrofóbico relato sobre un tímido coleccionista de mariposas que secuestra a una joven, empeñado, como el Rafe Solmes de Sé dónde estás, en obligarle a que sea su pareja. Mentes perturbadas y malignas en los dos casos que envuelve su brutalidad en regalos y halagos. Asimismo, resuena la famosa Clarissa, monumental novela epistolar publicada por el británico Samuel Richardson en 1747-1748. Claire Kendal ha confesado que había leído esas dos novelas y que el nombre de la protagonista de la suya es un homenaje a Samuel Richardson, considerado precursor de un tipo de relato que entremezcla la intriga con la exploración psicológica. Un homenaje y no poco de réplica, diríamos, con una Clarissa que tiene un final bien distinto al de la criatura de Richardson.
La propuesta de Claire Kendal en su exitoso debut literario combina con solvencia varios elementos, y no deja de denunciar un problema social que se inscribe en la violencia de género, y de tener un propósito de advertencia: “Comprendo mejor que bien las lecciones que enseñan esos cuentos”, dirá Clarissa. Todo servido a golpe de un thriller que absorbe y nos sumerge en la turbiedad de obsesiones y secretos.