La plataforma secesionista Junts pel Sí (Juntos por el Sí) es todo menos una balsa de aceite. Las aguas de esta improvisada formación bajan como las de una torrentera cada vez más encrespadas y revueltas, con turbulencias imposibles ya de ocultar a la opinión pública. A nadie se le escapa que Junts pel Sí ha sido un invento de Artur Mas para esconder tanto su partido, Convergencia Democrática de Cataluña, como su lamentable gestión al frente de la Generalitat, detrás de una fingida plataforma ciudadana que le sirva de escudo protector y a la vez opere de forma similar a los conglomerados populistas que han accedido al poder municipal y autonómico tras las últimas elecciones. Pero como un pésimo doctor Frankenstein, esta criatura mal cosida con retazos de los más dispersos e incompatibles órganos políticos, se revuelve contra su creador. El número uno de la lista, el tránsfuga Raül Romeva, procedente de la extrema izquierda, ha puesto en duda que sea el número cuatro de la misma, Artur Mas, quien esté en condiciones de gobernar la Generalitat después de los comicios. A fin de cuentas, en las papeletas electorales él figura en primer lugar.
Poco ha tardado Oriol Junqueras, de Esquerra Republicana, en avalar esta rebelión, declarando que, en definitiva, carece de importancia la persona que lidere la secesión, aunque el propio Junqueras se ha señalado a sí mismo como el primer presidente de la quimérica República de Cataluña hipotéticamente por venir. No lo ve así su representante en el Congreso, Joan Tardá, quien entre periodistas que cubren informativamente el Parlamento, ha asegurado que el próximo presidente catalán será el “Anticristo”, en alusión irónica, pero muy poco fraternal a Mas. Y este ha intentado meter en cintura a este Frankenstein que da sus primeros pasos anómalos, presionando a Raül Romeva para que publique en la red social Twitter -¡y en castellano!- que el líder es Artur Mas, sin confirmarlo en posteriores entrevistas.
Pese a ello, la criatura de Junts pel Sí continúa moviéndoseanárquicamente fuera de control de su artífice Artur Mas. Ahora el cabeza de lista de la Candidatura de Unidad Popular (CUP), Antonio Baños, asegura que el presidente de la Generalitat chantajeó desde el poder a la Asamblea Nacional Catalana (ANC), a Esquerra y a Òmnium para integrarse en una plataforma que no era de su agrado. ¿Terminará este Frankenstein soberanista por liquidar a quien le dio vida? Esto parecen pensar los democratacristianos de Duran Lleida, que a través de su candidato Ramon Espadaler han subrayado el riesgo de que todo desemboque en un tripartito con Esquerra Republicada, la CUP y Catalunya Sí que es Pot, donde está presente Podemos, en una hipótesis a la que no le hacen falta argumentos. La plataforma Junts pel Sí no solo es fraudulenta por su propósito de decretar la secesión unilateral de Cataluña pasando por encima de las leyes democráticas. También es una estafa a la ciudadanía en cuanto que resulta inadmisible pedir el voto a un electorado que no puede saber quién estaría al frente de un futuro gobierno ni cuáles serían las medidas concretas de su gestión. Datos que Junts pel Sí no está en condiciones de explicar porque la propia plataforma los desconoce. Veremos quiénes serán las víctimas finales de este Frankenstein político armado de una sola idea obsesiva y delirante.