La geopolítica de Eurovisión
sábado 31 de mayo de 2008, 20:33h
Superada la resaca del Chiki Chiki y una semana después del Festival Eurovisión, donde el ruso Dima Bilan se coronó con el máximo palmar de la canción europea con un tema que suena sospechosamente igual al clásico de Cat Stevens Wild World, llegó la hora de analizar el extraño trasfondo geopolítico del citado certamen, sobre todo en esta última edición, en el que milagrosamente la música ha hecho lo que ni la ONU ni otros organismos internacionales han podido hacer tras el fin del Comunismo, suavizar las fronteras y hermanar a los países del Este por una causa común, aún cuando la misma peque de ser prosaica , superficial y e incluso ridícula.
Millones de ciudadanos centro y este europeo dejaron a un lado las rencillas diplomáticas, la controversia del estatus de Kosovo, el conflicto separatista de Abjazia y Osetia del Sur, los problemas de corrupción, las mafias y el narcotráfico, para votar por el representante ruso, con su violinista y patinador olímpico incluido, o por las representantes de Ucrania y Grecia que se subieron al escenario al mejor estilo de Beyonce y Shakira, respectivamente.
Las votaciones mostraban un entusiasmo geopolítico que difícilmente podría verse materializados en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Con aplausos de fondo Serbia apoya a Bosnia- Herzegovina, Ucrania va a favor de Rusia, Rusia le da siete puntos a Georgia, Croacia alaba a Serbia, y Turquía le otorga su beneplácito a Armenia. Una cadena irónica del destino que sólo es posible en Eurovisión y su sistema de sufragio popular por teléfono.
Ojalá el manejo de las relaciones exteriores fuera tan simple como estos festivales y que las resoluciones y acuerdos diplomáticos pudieran concretarse a punta de canciones; quizá el mundo sería más sencillo si hiciéramos de la política un musical. Sin embargo, la realidad es otra, pese a las buenas intenciones de Eurovisión. No obstante las melodías empalagosamente optimistas que caracterizan a este festival poseen el extraño efecto de lograr que por una noche, la diplomacia europea se ría de sí misma y baje la guardia
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Periodista
SABRINA GELMAN BENDAHAN es periodista e investigadora del Instituto Universitario de Investigación Ortega y Gasset en Relaciones Internacionales de Europa del Este y Rusia.
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