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LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

España, en su ratonera

José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 04 de septiembre de 2015, 19:51h

La España sórdida de las alucinaciones, siempre al final de la escapada como Belmondo, vive su particular viacrucis, camino del Gólgota, a un paso de echar el cierre, como la sucursal desguazada del Banco Hispanoamericano que Sabina apedreó cantando.

España insalvable, herniada, malherida, electrocutada, incandescente, esterilizada, embalsamada, mamada, temeraria, coprófaga, conspiranóica, despechada y abracadabrante… no da más de sí, empeñada como parece en abdicar de sí misma.

Acoso y derribo del solar patrio. Fatiga de materiales. Manifiesto contra la imbecilidad. El pancatalanismo geocéntrico e imbeciloide del nacional-independentismo becerro produce monstruos. Como si fuera ayer, querido Samuel Johnson, el patriotismo sigue siendo el último refugio de los canallas… y de los trincones.

La nación desposeída, en caída libre, cautiva de tanta mangancia, se pasa día y noche mirándose el ombligo a la búsqueda del Santo Grial que los nazis, mira por donde, vinieron a buscar a Montserrat.

Huele a miedo. La España a negro de El último cuplé y La sonrisa etrusca, osario de catalépticos, llama al timbre de la Puerta de Plutón, camino del Averno, inframundo de pecadores, y llora por muy diferentes motivos cuatro desapariciones a destiempo.

Azraer tiene la mala costumbre de presentarse, aun sin ser llamado, antes de lo previsto y sin previo aviso, como el motorista del Palacio de El Pardo, el lechero de Pascual, o Jack Nicholson en The Postman Always Rings Twice.

Estando como está España, cadáver exquisito de cuerpo presente, a la espera del suplicatorio, pendiente de su particular chimenea, nuestros gobernantes siguen haciéndose el muerto, flotando en la piscina, mientras sorben un Martini con aceituna ajenos a las preocupaciones terrenales del resto de los mortales, a la espera de que escampe y salga el sol y el arco iris.

El gallinero nacional, doliente, penitente y flagelante, cortijo cañí en trance, balneario decadente en perill d’extinció, es un auto de fe que ha perdido la fe por las costuras de la entretela.

El sambódromo ibérico es un país sin propósito de enmienda ni salvación posible, que además no se deja querer el muy cabrón. La torrija patriótica se desangra, abierta en “canelón”, como el buey desollado de Rembrandt.

Mientras una parte de España sestea, preguntándose qué fue de las azafatas del ‘Un, Dos, Tres’, el mosquito tigre está demostrando que no conoce fronteras. Y la tontuna del golpismo nacionalistoide tampoco. Dice Alfonso Guerra en Tiempo, a destiempo, que asistimos a un «golpe de Estado a cámara lenta», que estuvimos a tiempo de evitar, a ser posible con la Legión.

Si Kanye West, el maromo de Kim Kardashian, ambiciona ser presidente de EEUU, por qué no puedo yo ser presidente de la Catalonia independiente, debe pensar, tripas adentro, el rey Arturo.

Como escribe Rubido en su ‘Astrolabio’ de ABC, la tragedia más lacerante de los parroquianos que habitamos el páramo de Pedro, un tal Sánchez, no es tanto que haya dirigentes que no creen en su nación, sino que ni siquiera creen en los habitantes que aspiran a gobernar. Zapatero a su lado era Leonardo Da Vinci.

Son todavía menos de fiar los votantes que los políticos. Cuando el pueblo habla, las más de las veces dice ¡Muuu! –lo cual, lejos de ser un consuelo, resulta descorazonador, pensando en el ’27-S’ de los cojones y en las Generales que están por venir.

El consejero de Justicia de Arturo propone expedir un pasaporte catalán para los ciudadanos de Baleares, de la Comunidad Valenciana, de parte de Aragón y de un trozo de Francia, bajo el epígrafe de ‘Países Catalanes’. El di-puta-do Tardá presagia, adiposo, que el veintisiete los catalanes le van a dar una «patada en el culo» a España. Y en estas que el veinticinco “aniversario” del crimen de Puerto Hurraco nos devuelve a la España negra de Gutiérrez Solana, previa al acabose.

Si Mas, ese espécimen paleto y acomplejado, sufre una crisis de identidad más que lo vuelve majara, allá él. Lo que no podemos consentir es que nos traspase la esquizofrenia al resto, que bastante tenemos con lo nuestro, o sea.

El Caudillo y sus monjas de cabecera se han empeñado en demostrar que respirar bajo el agua es una aspiración al alcance de un Homo sapiens que parece estar cada vez más cerca de esta pandilla de asilvestrados, mientras Putin, por si acaso, se sumerge hasta el fondo del mar Negro en un batiscafo, no vaya a ser. Vislumbrando la borrasca que se avecina, vecina, cuenta nos trae ponernos a cubierto.

España, imputada por dejación de funciones, se expone a una requisitoria de búsqueda y captura. La Ley de Enjuiciamiento Criminal contempla el principio de contradicción en su máxima expresión, cuando dispone que «nadie puede ser condenado sin ser previamente oído». Pero el problema de este simulacro de país es que, aun siendo consciente de que se trata de un derecho potestativo del acusado, prefiere renunciar a él y ejercitar el derecho constitucional al silencio.

Como dice Jorge de Esteban, «el Estado más antiguo de Europa no tiene derecho a suicidarse de esta forma». Y me temo que un tal Felipe, hombre de buena voluntad pero fuera de forma, tampoco está en condiciones de evitar el hostión a cuenta de su Carta a los Catalonicenses del diario El País de Cebrián, que tanto ha dado que hablar a sus exégetas. Si de verdad le mueve la buena voluntad, debería comenzar por intentar convencer a los suyos o renegar de todos ellos.

Cataluña será libre el día que un juez, a ser posible catalán, tenga lo que vienen siendo cojones para empapelar a tanto mangante.

¿España? ¡Qué pereza! Mira que trato de comprenderte, vida mía; pero debe ser que hablamos lenguas diferentes que no consigo descifrar lo que pasa por tu cabeza.

Por lo que más quieras, Mariano, deja ya la retranca a un lado, báilala y sácanos de ésta, aunque la Spanish Revolution tenga que esperar.

España, de pulso y púa, simulacro de país, vale lo que calla. España inmortal, exprópiese.Espanya? Vagi-se’n a la merda!

Claro que al lado de todas estas miserias, de pronto miro la foto del cadáver de un niño sirio de tres años varado en la playa turca de Bodrum, devuelto a tierra sin vida por la marea, y pienso, aguantándome el llanto, que en estos tiempos convulsos de descreencia, la única bandera que debiéramos enarbolar es la de la dignidad.

¿Acaso para reaccionar ante las tragedias más sangrantes que acontecen en este mundo desnortado desapasionado tenemos que dar lugar a encontrarnos con el cadáver de un desheredado cualquier noche oscura de esta que bajemos la basura al contenedor?

¿Y tú me preguntas dónde está el paraíso, bella Eirene? (…) Mi paraíso está donde estés tú.

José Antonio Ruiz

Periodista

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