Muchas veces la imagen del rey Alfonso XII ha quedado ligada al romanticismo más casto y puro con motivo de su matrimonio con María de las Mercedes y la posterior muerte de esta. Pero esta imagen tan idílica tiene su contrapunto con aquella que fue el verdadero amor de su vida y con la que tuvo dos hijos. Elena Sanz fue una cantante de ópera que revolucionó los teatros de toda Europa, pues como suele ocurrir con aquellos que se dedican a las artes menos seguidas en nuestro país, su éxito fuera de nuestras fronteras fue de largo mucho mayor que dentro. En París, Elena Sanz se convirtió en una auténtica reina de los escenarios, todo tipo de elogios y parabienes recibía esta cantante que presumía de su origen español allá donde iba.
En esta primera novela de la periodista Aurora García Mateache, que se inicia en los meses posteriores a la muerte de la joven primera esposa de Alfonso XII, vamos a poder ver cómo una vida puede cambiar tanto como para pasar de ser la artista que se entrevista casi de tú a tú con la mismísima Isabel II en el exilio, a tener toda la maquinaria de la jefatura del Estado en su contra.
El palacio de Riofrío, ese bello edificio armonioso rodeado de una espléndida naturaleza y de un paisaje sin igual, tenía las características apropiadas para ser el punto de encuentro del real amante y la cantante, quizás por eso la respuesta a “¿Dónde vas Alfonso XII?” puede tener en muchas ocasiones la respuesta: A Riofrío a encontrarme con mi amada.
A pesar de engendrar dos varones, vástagos del monarca, este nunca los reconoció y por ello siempre llevaron los apellidos maternos. Como es lógico una mujer con los arrestos y la fuerza de Elena Sanz podía resultar muy atrayente en el sentido carnal de la expresión, pero, sin duda, era un peligro para la gobernabilidad y el futuro del país, ya que siempre en España los problemas dinásticos han traído consecuencias muy negativas. Tras ser asesorado, y en cierto modo obligado, Alfonso XII contrajo matrimonio con Maria Cristina y ahí se inició la parte más tortuosa del camino de Elena Sanz.
La austríaca consiguió hundir a la cantante, usó todas las herramientas a su alcance para que nada ni nadie eclipsase a la reina de España y mucho menos que corriese el más mínimo riesgo de ser madre del futuro rey de España. No hace falta imaginar la cara que pondría la segunda esposa de Alfonso XII cuando supiese que una fuerte suma de dinero de las arcas iba a parar cada año a la manutención de la amante del rey y de los bastardos reales.
Un personaje apasionante, Elena Sanz, que por su vida amorosa ha visto eclipsada su historia profesional, siendo uno de los máximos exponentes líricos de nuestro país, pero cuya memoria solo perdura por su romance con Alfonso XII.