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Un ejército moderno

domingo 01 de junio de 2008, 21:07h
La conmemoración del Día de las Fuerzas Armadas, celebrado este año en Zaragoza, ha vuelto a poner de manifiesto el apoyo popular con que cuenta el Ejército. Como curiosidad, es también el primer año en el que falta a su cita el ministro del ramo, por hallarse de baja. Maternal, para más señas. Nunca hasta ahora había habido una ministra de Defensa, y tampoco ninguna se había acogido a su período legal de baja maternal. Prueba evidente de los nuevos tiempos que corren para nuestras fuerzas armadas. Todas ellas en su conjunto. Lejos quedan las palabras de Napoleón, cuando afirmaba que “la infantería es el alma de todo ejército”. Hoy en día, no hay un único escenario militar posible, y los tipos de contiendas que se libran son bien diferentes.

En este sentido, también “el enemigo” ha variado. El ejército actual, a nivel global, ha encontrado su sitio fuera del teatro de operaciones bélico de antaño. Su misión en labores humanitarias se antoja fundamental. La colaboración internacional se plasma en la creación de acuerdos que permiten operar bajo una misma bandera a tropas de diferentes países. Y más en clave nacional, nuestras fuerzas armadas son fiel reflejo de la sociedad en la que viven. Dan fe de ello la plena inclusión de la mujer en el ejército, así como la entrada de inmigrantes, cada día más numerosos entre sus filas. Destacan también la creación de unidades especiales, como la UME (Unidad Militar de Emergencias), quien dio muestras se su efectividad el pasado año con su eficaz labor en la extinción de incendios forestales, y su asistencia en catástrofes humanitarias.

Pero, siendo todo ello importante, no debe distraer del carácter castrense de una institución como el ejército, cuya relación con las armas parecen querer obviar determinados sectores de la progresía española. Las fuerzas armadas son lo que son. Desempeñan misiones de vital trascendencia, que no comportan necesariamente el uso de la fuerza. Ello las hace, si cabe, más necesarias. Mas no por ello ha de obviarse su esencia. En los tiempos que corren, parece necesario recordar que el Estado moderno es un invento pensado y construido para satisfacer la demanda de justicia y defensa. Ésta representa la expresión del monopolio de la violencia legítima que administra el Estado. La defensa nacional, y la participación en misiones internacionales de alto riesgo, son tareas que requieren un ejército bien adiestrado y pertrechado. Nuestras fuerzas armadas no son una ONG. Su misión es “garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”, como dice el artículo 8 de la Constitución. Claro y conciso. E imprescindible.
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