El futuro de España ya está en manos del Gobierno que salga de las urnas en las elecciones generales de diciembre. Los revueltos por el sí, por la secesión, por romper con España, pese al retroceso han triunfado en Cataluña y pondrán en marcha su siniestra maquinaria separatista en cualquier momento. Cuentan, además, con el apoyo de la Cup, los “abertzales” catalanes, para dominar con mayoría absoluta el Parlament y emprender la guerra por la independencia con todo su armamento pesado.
Lanzarán el ataque definitivo cuando conozcan el nombre del inquilino de La Moncloa. De momento, solo amagarán. Saben de sobra que enfrentarse a un Gobierno que el PP pudiera formar con el apoyo de Ciudadanos no es lo mismo que hacerlo frente a otro entre el PSOE y Podemos. Tras la victoria de hoy, los secesionistas se sienten eufóricos y se creen legitimados para declarar unilateralmente la independencia. Y lo harán de verdad a partir de diciembre.
Diseñarán una estrategia para ir asumiendo competencias que no les corresponden a la espera de la reacción del Gobierno. Y resulta evidente que no será lo mismo enfrentarse al PP y a Ciudadanos que al PSOE con Podemos.
Si Rajoy obtuviera un buen número de escaños en diciembre solo podría gobernar con el apoyo de Albert Rivera, aunque le costará mucho convencerle; más aún tras el apabullante éxito de Ciudadanos en las elecciones de hoy. El presidente del Gobierno tendrá que tragarse muchos sapos y sufrir muchas impertinencias. Pero no le quedará otro remedio. En ese caso, los secesionistas saben que la batalla resultará sangrienta.
Rajoy, por fin, está dispuesto a poner encima del tablero toda la artillería legal de que dispone; y que es más que suficiente para tumbar a Mas y sus secuaces: inhabilitarle, suspender la autonomía… Y con el posible aliento de Ciudadanos en la nuca el Gobierno llegaría hasta el final para impedir la secesión y defender la Constitución. El pulso sería tenso y la crisis política, de envergadura. Pero los separatistas no se saldrían con la suya. Vencería el Estado.
Por eso, los soberanistas ya están dando instrucciones a sus muchas y suculentamente pagadas terminales mediáticas para que apoyen por doquier al tándem Sánchez-Iglesias. Porque Artur Mas y compañía saben lo fácil que resultaría tomar el pelo al despistado socialista y lo cerca que se encuentran del letal populista en su afán por destruir la democracia española. Y los separatistas se saldrían con la suya y derrotarían al Estado.
La victoria de los soberanistas abre ya una profunda crisis política. A partir de mañana comenzarán a desafiar y chantajear como solo ellos saben. Pero si en diciembre sale de las urnas un Gobierno socialista apoyado por Podemos, entonces sí; entonces, España corre el serio peligro de desintegrarse.