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TRIBUNA

Un cero para la vieja política internacional

Alberto Pérez Castellanos
sábado 10 de octubre de 2015, 19:31h
Nuestro continente sigue siendo “la vieja Europa” en muchos sentidos y el mejor ejemplo de ello es nuestra arcaica, lenta y torpe política internacional. Parece que nunca vamos a despertar de siglos y siglos de guerras y oscuras maniobras de salón. Nos enorgullecemos de contar con una unión económica pero no reconocemos que nos ralentiza aún más a la hora de mostrarnos como una entidad ante el resto del mundo, en parte porque ni entre nosotros nos ponemos de acuerdo.

Llevamos años asistiendo impasibles al auge de un “estado” autoproclamado por unos cuantos fanáticos religiosos que se empeñan en convertir la antigua Mesopotamia en un polvorín; y las tropelías de líderes, como al-Asad, que se mantienen en el poder gracias a temibles pactos bajo cuerda. Sólo cuando el problema llama a nuestra puerta, los supuestos líderes de esta Europa vetusta con piel de moderna despierta. Pero no nos engañemos, no lo hace por seguridad, por solidaridad o responsabilidad. La mueve el egoísmo, el miedo, el terror a perder paz, dinero y poder.

Somos ese gigante con pies de plomo que cree que puede aplastar de un pisotón a los lejanos problemas que atisba en un horizonte que domina desde su atalaya de prepotencia y suficiencia. Ese mismo gigante que se esconde y hace pequeñito cuando ese inconveniente, en principio ajeno, se acerca y amenaza a sus dominios. Entonces se mueve nervioso pero sin demasiado sentido y deja que otros hagan lo que debía haber hecho él o lo que temía que no hay que hacer. Obama ha conseguido vender que el esfuerzo de Estados Unidos es superior al de la Unión Europea y Putin… en su línea. El líder ruso, a su estilo, a base de una intervención militar tardía y equivocada.

Los éxitos, muy pocos, en las negociaciones de política internacional están muy lejos de aquí: Cuba y Estados Unidos, Colombia y Venezuela; y sólo la actitud adolescente de las potencias asiáticas nos supera en desaciertos. Un cóctel muy peligroso lo veamos por donde lo veamos. Una Europa inoperante, una Rusia con aires imperialistas y sobreactuada, un sinfín de enfrentamientos en los países árabes y una tensión creciente entre las potencias asiáticas a la que hay que añadir el reciente acuerdo de libre comercio en el Pacífico que lideran Japón y Estados Unidos. Similar tratado que aún no se termina de confirmar entre la UE y la potencia norteamericana y que, si se tuerce, podría ser el único acierto de la diplomacia europea, y eso que su labor nada tendría que suponer para evitar el acuerdo.
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