www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

NOVELA

Luisgé Martín: La vida equivocada

domingo 11 de octubre de 2015, 19:14h
Luisgé Martín: La vida equivocada

Anagrama. Barcelona, 2015. 285 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 11,99 €

Por Rafael Narbona

Siempre me ha apasionado el folletín. La vida equivocada cumple todos los requisitos del género. Max Leopardi es un atractivo y ambiguo adolescente que frecuenta un taller literario, con el sueño de convertirse en escritor. Aunque tiene buenas ideas, su técnica es mediocre y nunca conseguirá componer piezas de mérito. Con una sexualidad desinhibida, se acuesta indistintamente con hombres y mujeres. Durante una época de su vida, se prostituirá y cometerá pequeños delitos. No es un chapero, sino un acompañante de lujo, que realiza las fantasías sexuales de banqueros y empresarios. Aficionado al alcohol y las drogas, se enredará en toda clase de líos, incluida una confusa pasión revolucionaria que le costará once meses de prisión. No perdona a su madre que le haya engendrado y siente por su padre una mezcla de fascinación y aversión. Sabe que su familia esconde oscuros secretos, pero no averiguará la verdad hasta el final de su breve vida, pues su hígado y su páncreas se rendirán prematuramente, derrotados por sus excesos.

Max es hijo de Elías, un pobre diablo que fracasará como cantante, compositor, universitario e inventor. Después de una serie increíble de peripecias, se desprenderá de sus reparos morales y disfrutará impunemente de sus inclinaciones pedófilas. Esbirro de poca monta de los servicios de inteligencia norteamericanos e ingleses, abandonará a su familia, fingiendo su muerte en un accidente de aviación. La bisagra entre padre e hijo es el propio narrador. Luisgé Martín se introduce en la historia, asegurando que todo el material empleado se corresponde con hechos reales. Amante de Max en su juventud, se reencontrará con él en la Feria del Libro del Retiro. Disfruta de un éxito moderado como escritor y no experimenta ningún interés por los fantasmas del pasado, pero los espectros nunca se preocupan por los sentimientos ajenos. Acompañará a Max en su agonía y seguirá la pista de su familia, logrando reconstruir un barroco rompecabezas, que incluye arrebatos de locura, fiestas en un lujoso yate con Freddy Mercury cantando para un abogado corrupto y pervertido, palizas en el más puro estilo del neorrealismo italiano e hilarantes escenas de comedia, con personajes trastornados por sus ridículas ambiciones.

Luisgé Martín (Madrid, 1962) es un hábil narrador, con una prosa limpia y directa que consigue atrapar al lector. Su literatura sigue la misma dirección que la novela actual, cuyo alimento fundamental ya no es la ficción, sino la realidad. Presumo que la historia de Max y Elías no es fruto de su imaginación. Si fuera así, naufragaría en lo grotesco, pero todo indica que se nutre de experiencias verídicas. La vida es un lío tremendo y el contraste entre nuestros sueños y la realidad suele ser tan agudo que muchas biografías devienen vidas equivocadas. Uno de los mayores aciertos de la novela consiste en bajar a las cloacas del deseo y explorar la mente de un pederasta que consigue esquivar la ley y la reprobación social. El mal casi nunca es algo diabólico, sino una pulsión banal. Elías actúa como un monstruo, pero es un hombre corriente, con delirios de grandeza y un talento natural para fracasar. No inspira simpatía ni lástima. Podría ser el vecino del piso de abajo, cortés y discreto. Su horrendo comportamiento solo despierta estupor. Max, con su presuntuoso apellido ficticio, resulta más simpático y sí concita compasión. A mí me ha recordado a ciertos personajes de la Movida madrileña, que se paseaban por la universidad, imitando a Lord Byron.

La vida equivocada es una buena novela, divertida, original y con buen pulso narrativo. Los que vivieron los ochenta, con sus ríos de alcohol, sus excesos sexuales y su fatal atracción por los paraísos artificiales, sentirán de inmediato que esos años reviven. No aparecen Alaska, Radio Futura o Almodóvar, pero el aire del relato procede ese torbellino. Algunos sobrevivieron para contarlo. Otros se quedaron en el camino. Yo, que viví esa época con una intensidad moderada, conocí a muchos Max Leopardi. Quizás Luisgé Martín ha escrito el epitafio de una generación enamorada del fracaso.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(0)

+
0 comentarios