TRIBUNA
El uso del usted: ruina total, deshaucio completo
José Manuel Cuenca Toribio
jueves 15 de octubre de 2015, 23:30h
El insigne gramático D. Fernando Lázaro Carreter fue hombre de mal comercio, según opinión generalizada en su medio profesional, tan ocasionado a llevar y traer dimes y diretes; e incluso, en ocasiones llegaba a ser rebarbativo, para seguir con expresiones muy difundidas en el idioma francés, admirado por él. Su envidiable competencia profesional e inmenso prestigio eran tan elevados que llegó a ser respetado, fenómeno infrecuente, en los medios más avanzados, frente a los que mantuvo siempre grandes reservas.
Hoy, ante las noticias periodísticas que dan cuenta del curioso episodio de una joven reportera deportiva dirigiéndose a la máxima magistratura de la nación con un fresco y reiterado “tú”, estaría sin duda entristecido al ver cómo la última frontera, la postrer línea roja en la que soñara como defensa insalvable de su querido “usted”, también quedaba abatida frente la audaz ofensiva de una gentil periodista. Y cuenta que D. Fernando nunca se rindió a los discretos encantos de la monarquía restaurada. Como lo hiciera su admirado predecesor en la dirección de la Real Academia de la Lengua y coterráneo, el eximio humanista D. Pedro Laín Entralgo, se mostró firme en su negativa a aceptar de D. Juan Carlos I la concesión de un título nobiliario, reiterada y empeñosamente ofrecida por un rey de pocas lecturas y desbordada simpatía…
Como es lógico, ningún prurito de elitismo, según en la hora actual podría pensarse, inducía a personalidad de tan modestos orígenes y filiación política muy próxima a la imperante en gran parte de la Europa de la segunda postguerra mundial, a mantener su extenuante campaña a favor del uso debido de pronombre de tan arraigada prosapia en la antigua España y gran parte del Viejo Continente. Solo la preservación de algo todavía más preciado como la intimidad dictaba la conducta del inolvidable catedrático aragonés en tal extremo. Con el gracejo un poco sarcástico que le distinguía, afirmaba que la única victoria conseguida en los decenios finales del siglo XX por el socialismo radicaba justamente en el igualitarismo gramatical… Por desgracia, la muerte le impidió contemplar cómo algunos de los más ardorosos gobernantes felipistas al ingresar, tras concluir la etapa de su política activa, masivamente en las más altas instituciones estatales, no hacían asco alguno a las intitulaciones más pomposas y al pulcro y un tanto, o un mucho, desfasado, conforme a sus antiguas convicciones lingüísticas y sociales, trato de la legión de ujieres y ujieras así como de las muchas policías y no menos numerosos policías encargados de la seguridad de sus colmadas existencias. De haber podido asistir D. Fernando a tan aleccionadora ceremonia, sus glosas y escolios, en el terreno stricto sensu gramatical, hubieran sido sumamente sabrosos sobre el comportamiento de los humanos y de las sociedades en una España ya sin ninguna ecología lingüística…