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TRIBUNA

La fuga de cerebros y su recuperación

miércoles 28 de octubre de 2015, 17:42h

Desde el 17 al 21 de octubre se celebró en la ciudad de Chicago el Congreso que anualmente organiza Society for Neuroscience en Estados Unidos donde se pudieron presentar todos los avances científicos en ámbitos del conocimiento tan distintos como Alzheimer, desórdenes del ánimo, depresión, enfermedades neurodegenerativas, parkinson, stress y ansiedad, desórdenes del sueño, del aprendizaje, etc. El Congreso se desarrolló en dos planos: el de las conferencias plenarias y workshops, por un lado, y el de la presentación de posters, por otro, donde los investigadores aprovechaban para presentar sus hallazgos a nivel científico al tiempo que trataban de conseguir financiación para seguir avanzando en sus respectivas investigaciones.

Me duele decirlo pero apenas encontré universidades españolas que pudieran colocar a España en la vanguardia de la ciencia, como un país puntero en el ámbito de la neurociencia. Dicho esto, lo que sí me resultó verdaderamente revelador es que sí participaran científicos de origen español, que desafortunadamente habían salido del país con motivo de la crisis económica y, como consecuencia, de las penurias vividas en el ámbito universitario, optando por desarrollar su carrera postdoctoral en el extranjero. Verdaderamente, la fuga de cerebros es una realidad y lo que más llama la atención es que muchos de esos españoles que tuvieron que salir de España para desarrollar su carrera investigadora con destacado éxito, acorde éste con sus méritos y formación, no les importaría –incluso algunos desearían- volver a su país de origen para continuar con su vida investigadora si se les ofreciera aquí, al menos, una posición estable dotada de un mínimo reconocimiento conforme a su valía académica. Sirva de ejemplo el caso de Jordi Bascompte, miembro del comité editorial de Science, que trabajaba en el prestigioso Centro Nacional de Análisis y Síntesis Ecológicos de la Universidad de California cuando voluntariamente decidió regresar a España. Desde entonces desarrolla su carrera profesional en la Estación Biológica de Doñana.

Creo que España debería hacer un esfuerzo serio por recuperar a todos esos investigadores, ya de mediana edad, porque no me cabe duda que con su experiencia y formación podrían hacer mucho por mejorar el nivel académico en las universidades y con ello promover el avance y el conocimiento científico. España necesita más que nunca referencias en el ámbito científico y no las puede encontrar si no se invierte económicamente en la recuperación de nuestros cerebros que están repartidos a lo largo y ancho del planeta.

No quiero decir con ello que la movilidad internacional sea desventajosa, todo lo contrario; considero que el buen investigador es el que realiza a lo largo de su vida diversas estancias investigadoras en el extranjero; ahora bien, España no se puede permitir que ese investigador tan notable quede olvidado en el exilio. Recordemos que entre los cerebros españoles no recuperados se encuentra el físico Iván Agulló, que fue premiado en 2012 con el premio Investigador Novel en Física Teórica que se concede cada año al mejor físico teórico menor de 30 años. También cabría citar, entre otros muchos, al científico español que es miembro del comité editorial de Science, Óscar Marín, quien se vio obligado a abandonar el Instituto de Neurociencias de Alicante para dirigir el Centro de Neurobiología del Desarrollo del King's College de Londres.

En España nace y hay mucho talento y la mejor prueba de que ello es así es que no son pocos los científicos de origen español que han conseguido una Advanced Grant, esto es, cuantiosas y además prestigiosas subvenciones europeas concedidas a las mejores investigaciones del continente. Sin embargo, en muchas ocasiones la desbordante burocracia y mecanismos claramente obsoletos para manejar los fondos, que tanto cuesta conseguir, impiden que la ciencia española pueda estar a la altura de las circunstancias. Se estima que el científico en España ha de dedicar la mayoría de su tiempo a cuestiones relacionadas con la gestión y la burocracia del proyecto concedido más que a investigar, lo que resulta descorazonador.

No sorprende, por todo lo anterior, que el CSIC haya visto reducida su plantilla de forma tan llamativa desde 2011 y que el Gobierno tuviera que rescatar a la institución en 2013 mediante una inyección de 95 millones de euros para evitar su quiebra.

Urge que se tomen las medidas necesarias para que no sigan marchándose de nuestro país “para no volver nunca” lo mejor de nuestra clase científica. Es por ello prioritario que se invierta en excelencia científica e investigadora y se emprenda una verdadera campaña de fuga de cerebros, partiendo de que como muchos, con razón, han defendido “la fuga de cerebros no es una leyenda urbana”.

Cristina Hermida

Catedrática de Filosofía del Derecho

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