De mastuerzos, kaleborroqueños y revientaconvivencias. España necesita ingresar, a no más tardar, en un reformatorio o en el manicomio.
Lo que va del voto útil, al voto del inútil y al voto del tarado mental. Lo que va del sectarismo, a la criminalización del adversario.
El día que los lerdos o que los majaras sean mayoría, podemos darnos por jodidos, porque la democracia se convertirá en una dictadura de descerebrados.
Ojalá el problema tuviera una solución tan sencilla como el de las axilas sin depilar. Pero hay gente tan trastornada de la molondra, que se le debería negar, no ya el derecho al voto, sino la libertad de movimientos a la hora de salir de casa sin el bozal puesto, no vaya a ser que muerda a los pobres transeúntes y transmita la rabia a todo el vecindario.
El tonto suele ser tonto con democracia o sin ella, ante su incapacidad para discernir y comprender que la libertad es un ejercicio de madurez y de responsabilidad individual.
Por inconcebible que pueda resultar la paradoja, todavía hay muchos ciudadanos que prefieren ser súbditos a personas libres, lo cual produce una desazón inquietante lo suficientemente grave como para hacérnoslo mirar.
Siendo de lo malo lo peor, mucho más descorazonador y preocupante se antoja la deriva degradante de una sociedad majara dispuesta a cocerse a fuego lento en el caldo de cultivo de la intolerancia psicopática, el discurso incendiario, la violencia verbal y la intransigencia caníbal.
Hay individuos tan despojados del mínimo neuronal indispensable, que no están capacitados para asimilar una obviedad tan contundente como que el odio sólo conduce al odio. Y en manos de descerebrados, directamente a la ignominia, manifestación patológica de la regresión cavernaria del sujeto pensante.
Atentando contra la autoridad, metáfora de España, ni Una, ni Grande, ni Libre. Violencia verbal y violencia física. No dejan de ser formas de violencia unidas en su esencia aberrante. La legitimación del escrache, como prerrogativa del pueblo oprimido por el sistema, elevado a la categoría de miserable espectáculo de masas. La justificación de la agresión como práctica anti fascista de la ultra ultramontana.
Ni siquiera el Discurso fúnebre de Pericles tiene el cuajo argumental suficiente para apuntalar una democracia que se tambalea cuando los administrados carecen de la masa neuronal indispensable y de la madurez mental necesaria para extraer conclusiones lógicas, al margen de su hooliganismo ideológico, antes de obrar en consecuencia e introducir el sobre por el indecente culo de la urna.
Antes que Pablo y sin necesidad de estudiar Políticas en la Complu, Aristóteles ya teorizó acerca de la oclocracia, o sea, de la tiranía de la muchedumbre, como una degeneración del invento, por culpa del corporativismo gregario de un rebaño subyugado por la unidad de destino en lo universal, de la que tanto alertó Thomas Hobbes, el «máquina» -que diría Bisbal- al que un día, como el que no quiere la cosa, tontamente le dio por pensar y acabó escribiendo Leviathan, con un par. Será cuestión de ponerse y probar…
Ni maximalismos, ni tremendismos. ‘Un hombre, un voto’ puede llegar a degenerar en una de las mayores aberraciones concebidas por el ser humano desde que el mono abandonó la vida en los árboles creyendo haber evolucionado, el muy ingenuo, hasta convertirse en una criatura del género sapiens.
¡Qué simpleza de país! Si España, belén esteban viviente, mereciera la pena, lo cual también está por ver, mucho más que el ‘voto útil’ debiera preocuparnos el ‘voto del inútil’, que si nadie lo remedia decantará el signo de las elecciones en esta patria fallida de ‘Gran Hermano’, la palabra más buscada en Google este año 2015 que a punto está de irse a tomar por el saco y que buen viaje lleve.
El cara a cara entre Mariano y el cara…, mejor ni mentarlo. Sin duda el debate Nixon-Kennedy de 1960 fue mucho más innovador, tanto en la forma como en el fondo, dónde va a parar, o sea.
Si yo fuera Pedrooo, le prohibiría de por vida el acceso a la sede de Ferraz al asesor que le incitó a tirarle a degüello a Rajoy en plan camorrista. ¡Ah! Y a Janli Cebrián no le volvía a coger el teléfono rojo ni aunque me prometiera una necrológica política a cinco columnas en primera plana, que dicho sea al paso, puede escribirse uno de estos días, a no más tardar, como se consume el hostión del Guapo y de su queridísima señora, agarraditos de la mano los dos. ¡Billy Wilder que estás en los cielos!
Si yo fuera Mariano, no tomaría a mal la indecencia que Sánchez le soltó en el plató, porque el pobre no da más de sí, con todo su golpe de doctor bajo el brazo, que un título así se lo dan a cualquiera, mismamente a un servidor; pero tomaría muy en serio esta indolencia suya, que parece falto de una barrita energética, para evitar pájaras tan inoportunas en momentos en los que un hombre tiene que procurar estar a la altura de las exigencias. Como dicen los Jedi: «Que la fuerza te acompañe», compadre, porque como tengas que esperar a que alguien te miente a los difuntos del árbol genealógico familiar para ofenderte y venirte arriba, aviados vamos todos.
Y si fuera Campo Vidal, me lo haría mirar (lo del vahído), pues pareció como si alguien le hubiese recitado durante la sesión de maquillaje el poema número 15 de Neruda, ese que dice «Me gustas cuando callas porque estás como ausente».
Ahora que ya ha pasado el susto, he de confesar que cuando Rajoy le espetó a Sánchez «ha sido usted Ruiz, mezquino y deleznable», me levanté del sofá hecho un energúmeno, y agarré el mando a distancia con tal ímpetu, que casi me cargo el Pirulí de lo loca, loca que me volví, creyendo que el presidente la había tomado conmigo.
En España siempre acabamos haciéndolo todo por cojones. Siempre tan machos, maricón el último y el que suscribe el primero. Así nos va. ¡Qué pena! Algunos votan con las tripas, querido Bieito, porque no pueden votar con otra cosa, pues todo lo confían al coeficiente testicular.
Llega a durar un par de días más la campaña, y Mariano hubiera tenido muchos problemas para discutirle el voto conservador a Pablo, que comenzó siendo un enfant terrible, y ha acabado con cara de monaguillo, cantando villancicos con la con la pandereta, disfrazado de cordero bíblico, entronizado como el verdadero líder de la casta.
Lo mejor de la campaña, so pena de que algún fundamentalista de ‘género’ me tache de machista, la modelo de Pronovias que miraba desde el cielo de sus ojos ultramar a la Vice Soraya, con el rostro de una vestal del Monte Palatino, las piernas interminables de Afrodita y el talle cimbreante de la Venus Capitolina.
Deja que me ponga melodramático y cursi de cojones, amada mía, visto que el domingo pueden doblar las campanas por un pobre periodista como el que suscribe. Quiero que sepas que si no te vuelvo a ver, sólo aspiro a haber contraído méritos suficientes para ser fusilado por los dos bandos, a ser posible –como diría el Trillo de los tiempos aciagos de Perejil-, «al alba y con viento duro de levante».
España: no debía de quererte. Y sin embargo, te quiero.