Se cumple un año desde que Estados Unidos y Cuba llegaron a un acuerdo histórico para reanudar las relaciones diplomáticas, rotas hacia medio siglo. Con esa trascendental decisión los dos países derribaron la última frontera heredada de la Guerra Fría y abrieron una nueva etapa llena de expectativas. En estos doce meses fueron cambiando algunas cosas, como el incremento, pese a las dificultades y restricciones todavía vigentes, de los viajes autorizados de norteamericanos a la isla caribeña. Ahora, Estados Unidos y Cuba, al año de la crucial resolución, han decidido reactivar el deshielo restableciendo los vuelos regulares directos, pues hasta estos momentos solo era posible el viaje en vuelo chárter.
La medida -alcanzada tras meses de intensas negociaciones- ha sido recibida con especial entusiasmo por las compañías aéreas norteamericanas. Pero más allá de esta lógica reacción, se ve como un anticipo de la posibilidad de que los norteamericanos puedan viajar a Cuba sin tener que acogerse a una de las categorías aceptadas hasta ahora, de que se suavicen las cortapisas comerciales, y se consiga incluso la eliminación del embargo, en la que está empeñado el propio Obama que, al año del inicio de la suspensión de hostilidades, ha lanzado un elocuente mensaje en este sentido al pedir al Congreso que “apoye una vida mejor para el pueblo cubano levantando el embargo que es una legado de una política fracasada”.
Pero, con los republicanos en contra y las amargas y duras críticas del exilio cubano en Estados Unidos, que reprocha a Obama las concesiones al castrismo, la eliminación del embargo y la total normalización de relaciones entre La Habana y Washington no parece a la vuelta de la esquina. No contribuye precisamente a ello lo denunciado esta misma semana por la ONU: el aumento de las detenciones de opositores, llegando durante diciembre a más de mil quinientas. La escasa, por no decir nula, predisposición del régimen castrista a dar un viraje hacia la democracia y el respeto a los derechos humanos ofrece munición a los que piensan que los acuerdos deberían acompañarse de una mayor presión para que Cuba se comprometa en ese camino. Saludemos, no obstante, como positiva esta reanudación de los vuelos regulares. En una dictadura, cuanto menos aislamiento haya, menos opciones tiene esta de controlar y manipular sectariamente a una población que exige libertad.