Tras la agresión de un joven de 17 años al actual presidente de la nación Mariano Rajoy en la bella plaza de la Peregrina en Pontevedra, lo visto en este suceso me reafirma en la creencia de que una parte de la actual juventud, mantiene ciertos comportamientos que podrían encuadrarse como trastorno antisocial de la personalidad.
Esta alteración, distinta pero muy próxima a la psicopatía, se define como la patología que sufren las personas que pierden la capacidad de adaptarse a las normas éticas y de conducta de su comunidad.
Se caracterizan por presentar en general un desprecio a las normas y leyes sociales, ignorando o minusvalorando los derechos de los demás, con actitudes inmersas o propias violentas y sin mostrar por sus acciones sentido de culpa o remordimientos, sino al contrario, sintiendo satisfacción por su comportamiento o al menos intentando justificar racionalmente el mismo.
Hoy en día esta autentica patología psiquiátrica está perfectamente entendida por los profesionales de la Psiquiatría y tiene su tratamiento fundamentado en terapias del comportamiento y de modificación del mismo.
Entiendo que como en otras muchas patologías existan grados de afectación, con lo que los más atenuados podrán pasar desapercibidos en la mayoría de las actividades sociales y solo se exteriorizarán en determinados momentos. Esta es la explicación de algo tan preocupante como los vítores y las palmas dispensadas al causante de la agresión, al ser reducido por la autoridad tras su comportamiento.
Los casos aislados e individuales de comportamiento antisocial son conocidos desde hace siglos y actualmente se añade a los clásicos factores facilitadores de este trastorno en la niñez y adolescencia como son el contexto familiar con la conducta de los padres y el ambiente familiar, el más novedoso y nada despreciable factor que depende de los medios tecnológicos, (no todo es positivo en las redes sociales). Pero lo que me llama la atención es la actitud de los“palmeros” que aprovechando el semi anonimato del refugio en la masa, dispensan tributo de admiración y reconocimiento al acto delictivo y esto me hace dudar si estos individuos presentan cierto nivel sociópata o
simplemente de mala educación, pero posiblemente la causa sea mixta.
Ahora los sociólogos hablarán de culpabilidad en la clase política y las consecuencias de las arengas en tiempo preelectoral, los “buenistas" se ampararán en la edad de los animadores, mientras los partidarios del “vivan las cadenas” recriminarán la tolerancia actual con los menores de 18 años, pero finalmente todos se definirán como les indiquen sus expertos en la captación del voto.