Según datos del Ministerio de Empleo, 2105 acaba con 354.203 parados menos y 533.186 ocupados más. Traducido en porcentajes, puede decirse que el desempleo cayó el pasado año casi un 8 por ciento, cifra esta no alcanzada desde el siglo pasado. Así las cosas, el número total de parados se sitúa en 4.039.508, lejos ya de los cerca de 6 millones que heredó Rajoy de Zapatero.
Hay más afiliaciones a la Seguridad Social y, lo que es más importante, disminuye el paro entre los menores de 25 años. Sin embargo, dentro de la indudable bonanza de las cifras conviene reseñar que la cifra del paro sigue siendo intolerable y, la temporalidad, alta. Además, uno de los sectores donde el desempleo vuelve a subir -cambiando la tendencia de los dos últimos meses- es el de la construcción, cuya volatilidad ha quedado en evidencia. Queda, es cierto, mucho por hacer -completar reformas en materia de legislación laboral, incentivar inversiones-, y es de justicia reconocer el mérito del Gobierno en funciones al recuperar la senda del crecimiento y haber revertido la espiral de destrucción de empleo.
Sin embargo, la inestabilidad política puede incidir muy negativamente en la recuperación. El PSOE ha declarado por activa y por pasiva que derogaría la reforma laboral si llega a gobernar, mientras que las recetas de Ciudadanos se antojan cuando menos aventuradas -por no hablar del “asistencialismo” de Podemos-. Y esta sí que es una cuestión de estado: la lucha contra el desempleo, por encima de clichés políticos.