www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Un tiempo nuevo en Cataluña

Juan José Solozábal
martes 12 de enero de 2016, 18:33h

¡Qué bueno sería que nos tomásemos todos un punto de respiro, una vez resuelta la situación de interinidad del gobierno en Cataluña, como consecuencia de la investidura del nuevo President, y decidiésemos actuar en el futuro con reflexión y cierto sosiego! La prisa, decía Goethe, induce al desorden, esto es, al barullo y, con toda probabilidad, a la decisión atolondrada y, en consecuencia, a la equivocación.

Quizás el nuevo President podría reparar en que, a la vista de la experiencia, como ya sucedió antes en el caso de Ibarretxe, los pulsos al Estado no son poca cosa y no salen gratis. Lo cierto es que el independentismo que alcanzó unos buenos resultados en las pasadas elecciones autonómicas en Cataluña ha perdido en el desafío secesionista a la cabeza del proceso, a quien era su estandarte y máximo impulsor, que ha jugado con el prestigio de la Generalitat, y tras un recorrido inverosímil y sumamente accidentado, ha debido renunciar a su continuación en la presidencia. El fracaso de Mas no debe leerse exclusivamente en clave interna, como consecuencia del aprovechamiento por parte de la CUP de su capacidad de bloqueo, vetando por razones ideológicas o personales al antiguoPresident, sino que tiene, si no estoy equivocado, un significado más amplio. Sin duda la debilidad del soberanismo, puesta en evidencia ya en las elecciones generales de diciembre en las que las formaciones independentistas-singularmente Convergencia- retrocedieron, le ha impedido a Mas resolver el bloqueo de la CUP como hubiera sido lo lógico, esto es, convocando nuevas elecciones. Esas elecciones no se han producido por el temor del soberanismo a perderlas, por lo que no ha habido otro remedio que apartar a Mas de la Presidencia.

Haría mal el nuevo President en ignorar que en estos momentos el independentismo carece de fuerza suficiente para intentar el asalto al Estado, pensando en suplir tal insuficiencia con la precipitación o el incremento estéril de la tensión. No es pequeña cosa, lo acabo de decir, la pretensión de la independencia de Cataluña con la oposición lógica del Reino de España y la incomprensión de la opinión pública internacional, contando con que sea admisible esta calificación si hablamos de la actitud de la Unión Europea al respecto. Téngase en cuenta que el independentismo planteó las anteriores elecciones autonómicas como plebiscitarias y las perdió. Sin duda era democrático proponer una lectura determinada de los comicios, resaltando sus efectos implícitos pero obvios, lo que podríamos llamar su condición latente; pero no es verdaderamente democrático el no asumir las consecuencias de tales elecciones, reparando exclusivamente en sus efectos reconocidos o legales, esto es, la producción de una mayoría absoluta en el Parlamento e ignorando que la mayoría de los ciudadanos catalanes se opuso al independentismo. Por otro lado es muy difícil convencer que se pueda llevar a cabo el proceso de la independencia con una mayoría que no llega en la asamblea legislativa ni siquiera para iniciar una reforma estatutaria.

La debilidad del apoyo a la independencia en el Parlament, no es nada si se compara con la propia fuerza de esta opción en importantes sectores de la opinión pública, se busquen de esta los indicadores que se quieran, hablemos de los empresarios, organizaciones sindicales, prensa independiente, etc. ¿Qué va a hacer el gobierno de la Generalitat? ¿Impulsar el procés aprobando una leyes capitales en el mismo, relativas a aspectos fiscales, seguridad social o creación de un banco público, que son para empezar antiestatutarias, pues trascienden claramente el marco competencial catalán? Sería un despropósito inconmensurable, que acabaría en el marasmo normativo y la inseguridad jurídica. De verdad ¿Se está dispuesto a poner en cuestión el autogobierno de Cataluña y la paz política del Estado? ¿Alguien puede creerse que esto es posible, sin que el orden jurídico y político español reaccione?

Estoy utilizando una argumentación exclusivamente democrática y no ideológica. Desde el punto de vista político lo que ocurre sencillamente es que no hay motivos para la independencia, esto es, que la independencia no es la solución para los problemas de Cataluña, o dicho de otra manera que no trae cuenta, pensando en los sacrificios para los catalanes y los perjuicios que se causan a España, a la que no se cesa de decir, inconsecuentemente, que no se la cuestiona, al revés, se la aprecia sinceramente. Pero esto es muy difícil que un independentista lo reconozca: el nacionalismo, ya se sabe, no es una ideología que ceda ante argumentos de razón, pues no pretende tanto resolver los problemas ordinarios de los ciudadanos como alcanzar una situación en la que todos los miembros de la comunidad sean felices para siempre.

Claro que la circunstancia actual interpela también al Estado. Es tiempo de prepararse para responder a una actuación insensata del independentismo, actuando con prudencia pero determinación, ante una conducta anticonstitucional, además y por ello antestatutaria, de la Generalitat, caso de que esta tuviera lugar. Pero también es tiempo de actuar políticamente, abriendo un diálogo constructivo y sensato con los independentistas. El Estado, a través de las diversas fuerzas políticas nacionales, puede ofrecer un nuevo acomodo a Cataluña, cuyos términos deben explorarse con generosidad y lucidez. El ordenamiento jurídico ofrece posibilidades que deben estudiarse, si resultan asumibles por el conjunto de los españoles y se consideran satisfactorias para el pueblo catalán, tanto en el plano simbólico como en el plano de las atribuciones de sus instituciones de autogobierno, rubricables en referendum a su tiempo, por todos los españoles y asimismo por los propios catalanes.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (9)    No(0)

+
0 comentarios