TRIBUNA
España intolerante
martes 19 de enero de 2016, 20:13h
Confieso que tengo una sensibilidad muy desarrollada para captar la intolerancia ajena. La propia también. De esta segunda me he dado cuenta hace relativamente poco. Fue exacamente una tarde en la que puse mi suerte y mis encantos a prueba buscando novio por internet. En el formulario virtual a modo de presentación, a la pregunta obvia ‘qué tipo de hombre prefiere’ yo contesté con una larga serie de ‘noes’: que no sea vegetariano, que no hable menos de tres idiomas, que no lleve piercings ni tatuajes, que no sea sexualmente ambiguo, que no esté casado, que no tenga alergia al sol, que no practique el triatlón. Mejor poner las exigencias por delante, porque pasados los cuarenta y tantos no hay tiempo ni salud que perder. Seguidamente en la casilla ‘cómo se define usted’, después de mucho meditar, puse que soy una persona abierta y sobretodo muy tolerante. Debería haber escrito también que en realidad padezco de manera compulsiva un defecto bastante perdonable: la contradicción. Pues bien, una cosa es la esfera privada de gustos y contradicciones que arrastramos cada cual cuando buscamos novio, piso o trabajo, y otra muy diferente esta especie de maniqueismo oficial y generalizado del que hacen gala los políticos que nos pseudo-gobiernan, y cuyo eco asumen los medios de comunicación que nos desinforman. Me explico. Durante estos días atrás los medios y las redes, desde los más serios hasta los foritos de estar por casa, han vomitado por escrito, en imágenes y en versión digital toda la intolerancia de la que es capaz el ser humano, que es mucha, casi infinita. No estamos tan lejos como creemos del tiempo de la guillotina y se oyen por ahí las voces del verdugo que llega: que le corten las rastas al diputado; que le corten el flequillo al nou President; que le metan al bebé en la guardería a la otra señora; que deporten a todos los refugiados; que se dedique a hacer películas Sean Penn en lugar de entrevistas; que no hable Eddy Redmayne con esa dicción amanerada que nos recuerda que fue a colegio de pago antes de transexualizarse en su última película; que no llore Marhuenda... Esto es lo más destacado que he leído en la prensa estos días. Pues sí que da ganas de apagar y de llorar, Marhuenda. ¿De verdad alguien puede creerse que una España intolerante vaya hacia adelante? ¿Puede existir el progreso en una sociedad donde el pensamiento mayoritario está radicalizado en todos los ámbitos? No se acepta la diferencia, al contrario, se clama por la uniformidad; no se tolera la diversidad, sino que asusta y por ello se malinterpreta. La opinión pública se alimenta de esta tendencia sectaria y extremista porque intelectualmente supone menor esfuerzo criticar que comprender, juzgar que analizar, condenar que respetar, excluir que aceptar. Resulta más fácil decir ‘no’ que ‘sí’. Y la lista de ‘noes’ puede ser peligrosa y despertar viejos monstruos. Mirémonos al espejo, a la pantalla, para empezar a reconocerlos.
|
Periodista
PEPA ECHANOVE es periodista y miembro de la Asociación-Red de Mujeres Españolas en Suiza.
|
|