POESÍA
Eduardo Chirinos (ed.): Rosa polipétala. Artefactos modernos en la poesía española de vanguardia
domingo 31 de enero de 2016, 17:13h
Actualizado el: 31/01/2016 19:26h
Centro Cultural Generación del 27. Málaga, 2015. 336 páginas. 16 €Por Inmaculada Lergo Martín
Pese a la conocida sentencia de Marinetti de que “un automóvil de carreras es más hermoso que la Victoria de Samotracia”, y a la repetida presencia en la poesía vanguardista de todos aquellos elementos de modernidad, fue aquella una moda efímera, acosada por una realidad que no casaba con la euforia futurista. Tanto el «esteticismo político» de los fascismos como la instrumentalización del arte del comunismo se alejaron del entusiasmo por las máquinas; y enseguida la Guerra Civil y posterior Dictadura lo convirtieron en pasado. Esta corriente, que fue verdaderamente torrencial, quedó en gran parte diseminada en las páginas de algunas revistas de la época, como Grecia, Ultra, Vértices, Mediodía, Plural, etc., verdaderas impulsoras de la renovación poética y en las que podemos tomar el pulso del rebullir intelectual de ese par de décadas en España.
El poeta y crítico literario peruano Eduardo Chirinos recoge en esta sabrosa Rosa polipétala –que amplía sustancialmente una primera edición americana de 2009– una variada muestra de esta vertiente vanguardista. Los seis pétalos de esta rosa contienen composiciones de una amplísima nómina –Gómez de la Serna, Alberti, Cansinos-Assens, Fernando Villalón, Guillermo de Torre, Salinas, Gerardo Diego, García Lorca, Concha Méndez, Giménez Caballero, Pedro Garfias, Ernestina de Champourcin, Ramón de Basterra, Moreno Villa, Juan Larrea, Miguel Hernández… y un largo etcétera–, dedicadas a los “Automóviles” (“El automóvil se lanza / frenético… / Trrrrrrrrr / Y, veloz, / se pierde, al fin, en lontananza… / Po-po-po-pöe”); los “Ferrocarriles, tranvías, camiones” (“Llevo prisa. Mediodía / –laxitud y precisión– / ‘Sol-Argüelles’. El tranvía / Trole / (Amarillo y latón.)); los “Aeroplanos” (ESCUADRILLAS DE AVIONES / QUE AGAVILLAN CON SUS HÉLICES / LAS COSECHAS INFLAMADAS // Y rítmicamente los élitros sonoros de las cigarras ebrias / polarizan la harmonía estival”; el “Alumbrado público y artefactos de comunicación” (“Hermanos faroles / faroles hermanos, / pacíficos soles / humildes, urbanos”); el “Cinematógrafo” (–Del cinema al aire libre / vengo, madre, de mirar / una mar mentido y cierta, / que no es la mar y es la mar”); y “Los deportes, la música” (“En el estadio me entreno / al disco y la jabalina. / Al verme jugar, sonríen / las aguas de la piscina”). El conjunto, ya de por sí realmente completo y significativo, se enriquece con la introducción y las presentaciones críticas a cada uno de los capítulos, donde ofrece por añadidura algunas muestras de lo que paralelamente ocurría en Hispanoamérica. No olvida tampoco contrastar la opinión adversa que otros escritores de la época sentían ante los nuevos inventos, y que mostraron a través del desprecio o la burla.
De forma muy patente, «el santo y seña» de la época, nos dice Chirinos, fue «el deseo de ser moderno», el de cantar la «belleza» de todo artefacto que lo fuera, de modo que encontramos el “Madrigal a un autocamión”, un “Nocturno romántico en el cine”, elogios “A miss ‘Underwood’”, un “epitalamio de los faroles”, el “Alegretto de la velocidad”, “Auriculares”, “En la radio”, “El teléfono”, “Rayos X”, “Neumotórax”, “Hidroplanos”, etc., etc.; y el de hacerlo a través de un lenguaje y una forma de expresión igualmente novedosas (“Taka trooooooo riiiiii / riiisesso n t aaaaaaaa / a…… … o o / / ooooooo / noooooo vontAAAAAAAAAAA”). Hasta el amor y el erotismo hablan con modernidad (“Oh Fémina porvenirista! / Es mi espasmo augural / te he poseído arrullándote / a l r i t m o d e l a s h é l i c e s / s i d é r e a s”), y la nueva mujer “Sabe bailar y amar. […] Fuma. Nada. Juega al golf. […] No va al teatro. No va a los toros. Es aficionada al cinema. Se ríe de los pretendientes apasionados. […] Juega al flirt y al póker. Es linda. Es adorable. Es pura. Es deshonesta…”.
Eduardo Chirinos tiene en su haber otras antologías; en ellas, y en esta, confluyen la maestría de un crítico reconocido, la sensibilidad de un gran poeta y la riqueza de un agudo y prolífico lector. No es cosa nimia dicha conjunción, que se hace muy evidente en este volumen. La edición cuenta, asimismo, con una amplia selección de fotografías, dibujos e ilustraciones, todo lo cual lleva realmente al lector a compartir con verdadero gusto el optimista –y en muchas ocasiones ingenuo– entusiasmo por esa modernidad que se mostraba con visos de salvar al mundo y al hombre de la infelicidad.