Tras el documento de propuestas presentado por Pablo Iglesias al PSOE para negociar un acuerdo de gobierno, los socialistas están convencidos de que Podemos no quiere en realidad llegar a cerrar ningún pacto, no quieren apoyar a Sánchez en su investidura y lo que sí persiguen es la celebración de nuevas elecciones.
Sí pero no. Ni es la opción que persiguen como meta ni tampoco temen en ningún caso que llegue. Es lo bueno de la situación en la que se ha situado Podemos: les da igual lo que pase, porque en ambos casos –formando un Gobierno con el PSOE o ante nuevas elecciones- saldrían ganando.
Desde esa posición ‘privilegiada’, no es raro que Iglesias no dude en pedir el referéndum y hasta la luna. Cuando te da igual que la respuesta sea un sí o un no, ¿por qué pedir menos de lo máximo que deseas? Por esto es que ese documento presentado por Podemos no tiene nada en cuenta los puntos coincidentes o discordantes con el posible socio al que se lo presentan. Les da igual que los acepten que no.
No es un documento para pactar, es un documento para Gobernar según Podemos. Si lo aceptan, bien. Y si no, también. A nuevas elecciones. Previsiblemente superarán la PSOE, como ya apuntan los sondeos, y volverán a tener una nueva oportunidad de imponer sus medidas, y esta vez desde la posición dominante no solo en apariencia –como ahora- si no también en escaños. Tendrán la posibilidad de exigir lo mismo pero mejorando, entre otras cosas, la vice por la presidencia.
En los próximos días asistiremos a un auténtico show en el que ambas formaciones, con sus líderes a la cabeza, intentarán erigirse como los adalides del cambio y presentar al otro como el que tiene en sus manos aprovechar o no esta oportunidad. Lucharán por pasarse el 'no', como una patata caliente, de las manos de uno a otro.
Pero en este juego de no cesiones, Iglesias cuenta también con que, si los socialistas finalmente no aceptan sus medidas para pactar, será en boca del PSOE donde resuene el último ‘no’, lo que les colocará como los que impidieron la formación de un gobierno de progresista y, con esto, permitieron seguir gobernando al PP o abocaron a nuevas elecciones. Con ese ‘miedo’ imaginario juegan también. Y con el temor a que el PSOE, si no consigue formar Gobierno, quede fuera de juego. La proyección de esa posibilidad disgusta tanto a barones y militantes que, si todo sale como Iglesias quisiera, puede que desde estos dos filtros le aflojen las condiciones a Sánchez para que pueda pactar con Podemos.