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POCO A POCO

El progresismo más estúpido

Borja M. Herraiz
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borjamotaelimparciales/10/5/10/22
lunes 07 de marzo de 2016, 17:49h
Actualizado el: 03/07/2016 20:01h
Hace tiempo que la izquierda española perdió el sentido, que en su caso tiene cada vez menos de común, de lo que es el progresismo original. Día tras día asistimos, para sonrojo propio y algún eco foráneo, a ejemplos de medidas absurdas, promocionadas a bombo y platillo para un público embobado y muchas veces aborregado por el exceso de información superflua, que evidencian esa mirilla desviada que tiene esta siniestra nuestra, que más que igualar para bien nos equipara pero a peor.

Lo último, lo de Valencia. Una de esas ocurrencias de los nuevos consistorios a caballo entre izquierdistas y socialistas, que consiste, ojo la chorrada, en ponerle faldas a los monigotes de los semáforos del casco urbano como ejemplo de feminismo. Porque de todos es sabido que el peor agravio que sufre la mujer española no es ni el paro femenino, el más alto de Europa rondando el 25 por ciento, o la lacra de la brecha salarial, en sus peores cifras en seis años, por poner dos ejemplos a bote pronto, sino que no se ve reflejada en la señalización vial de nuestras ciudades.

De verdad, si esa es la estrategia de los mal llamados progresistas, porque los verdaderos propietarios de esta denominación batallan lejos de escraches y proclamas baratas, muy mal pinta el negocio.

Ya en su momento la paridad en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero nos hizo caer en ese error muy común en nuestra historia de hacer virtud lo que es un defecto y encumbrar nuestra peor versión a olimpos de cartón piedra. Lo que el expresidente socialista hizo en su día, y que recurrentemente repite la izquierda patria, es reinventar la discriminación positiva, confundir igualdad con meritocracia barnizando ambas con una pátina de falsa justicia. Y, claro, así nos va.

Entre hombres y mujeres existen diferencias evidentes, las referentes a las capacidades físicas sin ir más lejos, del mismo modo que la equiparación en lo tocante a derechos y a oportunidades no debería ser a estas alturas, ya bien entrado el siglo XXI, ni siquiera pie introductorio de debate.

La mujer, como otros colectivos históricamente desfavorecidos, aquí y en todo el mundo, no necesita de muletas sociales que vicien o perviertan su entorno cotidiano en un mundo por lo demás ya suficientemente exigente, injusto, laborioso, hostil y competitivo.

Todo lo contrario. Lo que se debe promover en todo ámbito, ya sea social, cultural, familiar, empresarial, deportivo, económico, político, militar, etc., es el reconocimiento del mérito, del trabajo duro, del esfuerzo, del compromiso y del sacrificio diario sin necesidad de mirar partidas de nacimiento o el DNI. El o la que valga, que lo demuestre en tablero común y le sea reconocido en su justa medida. El o la que no, "abra paso, por favor".

La izquierda española debe dejar de deslizarse por la peligrosa pendiente del populismo y la banalidad para caer en la cuenta de que son históricos herederos de la lucha social, pero la de verdad, la que prioriza al individuo por encima del gesto, la que pelea por los derechos y no por portadas y titulares fáciles. Hay que embarrarse e ir a la raíz del problema, no tirar de monigotes que no hacen sino poner de manifiesto lo cansina y cutremente sexistas que podemos llegar a ser todavía a estas alturas de la película.

Borja M. Herraiz

Jefe de Internacional de El Imparcial

BORJA M. HERRAIZ es jefe de Internacional en El Imparcial

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