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TRIBUNA

El reloj de la democracia

miércoles 09 de marzo de 2016, 20:19h

Lo mejor que nos podría pasar a los españoles es que se convocaran nuevas elecciones generales. Tengamos en cuenta que cuando los españoles votaron en el mes de diciembre de 2015 no tenían la información sobre los candidatos de la que gozan ahora, tras semanas turbulentas que si han ayudado a algo es a perfilar con nitidez las figuras políticas más relevantes que aspiran a la presidencia del gobierno en nuestro país.

Como todos sabemos, si durante los próximos dos meses no se llega a algún acuerdo que permita gobernar, el 3 de mayo se disolverán las Cortes y los españoles tendrán que votar en las urnas, seguramente el 26 de junio, seis meses después de la última convocatoria. De ocurrir esto, confío en que los ciudadanos puedan votar de forma mucho más consecuente y responsable. De hecho, no creo que los resultados que en tal caso se alcanzaran mantuvieran la situación política actual sino que más bien al contario estoy segura de que facilitarían la investidura del nuevo presidente de gobierno, al haberse radicalizado los discursos y, por tanto, también la intención de voto.

Si la democracia es un juego de llamadas y respuestas considero que es hora de que se pronuncien los españoles haciendo uso del poder que les brinda el derecho a ir a las urnas apostando por una coalición de izquierdas, mixta, etc. Tengamos presente que en tiempos de crisis y reformas como los que vivimos, los gobiernos de coalición son aconsejables.

Verdaderamente, la encrucijada en la que nos encontramos no tiene visos de resolverse mediante pactos que puedan conducir a algún candidato hasta la presidencia. Pedro Sánchez, quien consiguió el peor resultado de la historia del PSOE en el pasado diciembre, no consiguió investirse presidente al haber sido vetado por el Partido Popular y por Podemos, a pesar de lo cual sigue insistiendo, con cierta ingenuidad, en formar una gran coalición con Ciudadanos y Podemos. Por su parte, el Partido Popular no parece aceptar otro candidato a la presidencia de gobierno que no sea Mariano Rajoy, aunque se han alzado ya voces disidentes como la del expresidente de Murcia, Alberto Garre, que abogan por su retirada. Probablemente estas reacciones obedezcan a la presión ejercida en estos días por Albert Rivera, quien ha animado con fuerza a que el Partido Popular presentase otro candidato en caso de querer conseguir pactar con su grupo.

El escenario en el que hay que moverse no es nada sencillo. De hecho, los distintos candidatos se mueven sobre arenas movedizas, lo que no les permite estar seguros de los pasos que han de dar en una dirección o en otra. Y es que la constante del terreno sobre el que se pisa parece ser la imposibilidad fáctica de formar gobierno.

El diálogo por la izquierda no resulta posible ya que Podemos no se quiere sentar a negociar con Ciudadanos. Pedro Sánchez busca un gobierno de cambio que excluye de antemano al Partido Popular. El Partido Popular señala que dialogará por separado con Ciudadanos y PSOE pero afirma su negativa a dialogar de forma simultánea con los dos partidos. Creo que no quedan muchas más alternativas que, en palabras de Sánchez, activar “el reloj de la democracia” a través de la convocatoria de nuevas elecciones.

Es curioso que mientras que algunos piensan que el nuevo escenario podría beneficiar al PP, incluso aun consiguiendo menos escaños que en el 20-D, porque –según dicen- el partido de Rajoy vería aumentar su poder de coalición que al fin y al cabo es lo decisivo ahora en el tablero parlamentario; por su parte, otros como el sector anticapitalista de Podemos insta a su líder, Pablo Iglesias, a que rompa las relaciones con Pedro Sánchez y se concentre en aumentar su peso en las nuevas elecciones. Ello responde a la creencia por parte de este sector de la izquierda de que Pedro Sánchez no ha sido leal y se ha vinculado a la troika, a las políticas propias del neoliberalismo y del continuismo. Posición que ha apoyado, entre otros, la líder del partido en Andalucía, Teresa Rodríguez, o el eurodiputado Miguel Urbán. Podemos confía así de forma optimista que la convocatoria de nuevas elecciones podría conducir a una fase de movilización para no terminar en un mero recambio o retoque político.

Lo que parece fuera de toda duda es que las posiciones se están clarificando dentro del espectro de los planteamientos de la izquierda y eso es bueno para el ciudadano, que tiene a qué atenerse. La mejor campaña la estamos viviendo estos días que obliga a destapar a los personajes que están al frente de los partidos en contienda. Mi deseo es que, como señalaba Enrico Letta, exprimer ministro de Italia, todos los partidos cuenten con todos y se abran líneas de diálogo y acercamiento, en especial, entre las dos fuerzas políticas más votadas en diciembre, a pesar de su pérdida respectiva de escaños: PP y PSOE. Los mensajes cruzados entre los partidos para intentar formar gobierno por mayoría deberían así ser sustituidos por mensajes bilaterales, más directos, claros y comprometidos con el futuro no de unos pocos sino de todos los españoles.

Cristina Hermida

Catedrática de Filosofía del Derecho

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