Noticias sobre Podemos: “Discrepancias con Sergio Pascual llevan a Pablo Iglesias a hacerse con el aparato territorial y a fulminar a Pascual, hasta ahora el número tres del partido”. Carolina Bescansa, fundadora de Podemos, manifestó que: “no nos han de doler prendas por tomar decisiones que corrijan errores”, y al apoyar así la fulminante destitución del secretario de Organización, Sergio Pascual, empleaba un léxico inconfundiblemente antiguo, aunque periodistas como Antonio García Ferreras sigan insistiendo en la novedad democrática que significan Bescansa, Iglesias y los demás dirigentes de ese fenómeno político. Carolina Bescansa, aunque desmintiendo su reciente imagen maternal, utilizaba palabras inquietantes como “doler prendas”, “tomar decisiones”, o “que corrijan errores”. Son inquietantes porque nos traen recuerdos precisos de un lenguaje con el que se justificaron en el siglo pasado algunas de las mayores atrocidades políticas y jurídicas de una época atroz: los años del juvenil triunfo de la democracia real sobre la vieja democracia formal, desde luego también acusada de corrupta y de enmascarar a la casta dominante.
Animo a que lean el libro de Karl Schlögel, “Terror y utopía. Moscú en 1937” (Acantilado, 2014, edición original alemana de 2008), y comprobarán que la semántica de los acusadores soviéticos -Nikolái Yezhov, jefe del NKVD, y el Fiscal General de la URSS, Andréi Vyshinski-, por ejemplo, contra su camarada partidario, Nikolái Bujarin, es parecida a la semántica de Bescansa (y también parecida a la justificadora carta cursi de Iglesias a sus militantes: “Defender la belleza”. -¡Vyshinski fue mejor orador poético!-).
No quiero que me descalifiquen de antiguo, y por eso advierto que mi juicio está dentro de la frase que Karl Marx dedicó al sobrino de Napoleón: “Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y la otra como farsa.” ¿No es una farsa más que una tragedia lo que Podemos nos muestra? Más no por eso desdeñemos a los farsantes, sobre todo en este tiempo que olvida pronto, que no sabe historia. Mi juicio consiste en una modesta recomendación:¡cuánto más lejos de Podemos, mejor!, y en eso coincido plenamente con lo que ha escrito Patxo Unzueta, un periodista muy bien informado.
El título original del libro de Karl Schlögel es “Terror und Traum”, y literalmente en alemán se traduciría “Terror y Sueño”, y ese significado me permite, mejor que la palabra “utopía”, razonar mis siguientes argumentos.
Los horrores del terror comunista -que no cesaron cuando la URSS se convirtió en un Estado reconocido a partir de 1922, sino que aumentaron hasta el delirio con las matanzas de 1936, 1937 y 1938 (¡los años de nuestra Guerra Civil!)- se debieron al sueño (¡eso sí, utópico!) de que sus teorías poseían la certeza de las ciencias exactas. El marxismo-leninismo era infalible denunciando los errores de todas las demás teorías sociales, y esa convicción tenía mucho de convicción religiosa, en otras palabras, los comunistas creían en sus ideas, más que comprobaban sus teorías, y pronto sucedió que debían creer obligatoriamente en las verdades que formulaban sus dirigentes, a la postre, los dictados del secretario general del PCUS, Iósif Stalin, y de los posteriores, hasta que Gorbachov dejó de considerarse infalible, con lo cual todo el edificio, construido sobre esa premisa, se vino abajo de la noche a la mañana.
El comunismo no fracasó porque Stalin y sus imitadores fueran unos tipos malvados y bestiales. Stalin es popular en Rusia hoy porque se le ve como un patriota, e intelectualmente -según Robert Service, su mejor biógrafo-, su talla como escritor estuvo a gran altura, con sus trabajos sobre lingüística y la nación. La teoría comunista fue un gran fracaso porque se impuso, o quiso siempre ser, un pensamiento único, en el fondo intolerante con los demás pensamientos. Por eso “corregir errores” fue la tarea permanente de los ideólogos comunistas.
Si en 1937, veinte años después de instaurado el comunismo en Rusia, se habían aplicado sus principios en su totalidad, es decir, la propiedad privada había sido suprimida, la agricultura estaba colectivizada, y la industria y los servicios se habían socializado, ¿cómo se daban inmensos desastres económicos y sociales si la teoría aseguraba que se había alcanzado la perfección del género humano? Pues porque se cometían errores y porque había saboteadores, antisoviéticos en general. Los que cometían errores, una temporada en el Gulag servía para que aprendiesen a hacerlo bien en lo que les quedase de vida, y a los culpables de delitos contra el nuevo orden soviético, se les fusilaba sin más. En el año 1937 se fusiló a miles de personas cada día, se calcula 700.000 ejecutados en ese año, y unos 10 millones de ciudadanos soviéticos represaliados durante la existencia de la URSS.
Con esa lógica, cualquiera podía ser responsable de un error, y si no lo aceptaba, pasaba a ser culpable de lo que fuera. En 1947, el filósofo francés, Maurice Merleau-Ponty, sostuvo en su libro, “
Humanismo y Terror”, que las atrocidades comunistas -que él repudiaba como ser humano- se justificarían cuando la humanidad llegase, por fin, al comunismo. ¿Es posible que hoy se olvide el pasado y por eso aparezca de nuevo el sueño de asaltar los cielos?