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TRIBUNA

No cabe ningún tonto más

jueves 07 de abril de 2016, 20:34h

“El mundo se estaba deshaciendo, las gentes se cambiaban de partido, de sexo y hasta de raza mientras se iba deshaciendo el mundo, su propio país cada vez le resultaba más ajeno y desconocido, también mientras se iba deshaciendo”, escribe un maestro recién descubierto, Leonardo Padura, en la novela final de la serie del policía Mario Conde, “Adiós, Hemingway”. Como el cubano somos muchos los que ya no entendemos nada.

Utilizando sus propias palabras cada vez es mayor el número de los “incrédulos sindicalizados”. Algunos de ellos han formado partidos políticos que se presentan como nuevos y limpios, como si estuvieran sin usar, envueltos aún en papel de celofán, no contrastados ni deteriorados, pero que, por el tacto y la apariencia, ni están inmaculados ni inmunizados para descender a los vicios y los infiernos de las formaciones llamadas tradicionales. La pureza y la política son secantes y raramente se encuentran.

Otros de los “incrédulos sindicalizados” simplemente se limitan a hacer sonar las bocinas del pesimismo antropológico, llevados por un deprimente estado de desastre histórico que consume a un país incapaz de avanzar porque hay grupos y territorios que hacen peso muerto o que simplemente ponen la visceralidad por encima de la realidad y de la historia. Es cierto que es difícil imaginar que quepan más tontos en un país. No se vislumbra espacio para tal cantidad de competidores de la tontuna quienes, sorprendentemente, tienen eco en forma de seguidores.

Prefiero no poner ejemplos ni que se ilustre con retratos este artículo. Dejo al lector que lo complete con su imaginación simplemente después de la lectura de cualquier periódico o de la contemplación de cualquiera de las delirantes tertulias televisivas que se han convertido en cancerígenos espectáculos. Cualquier tonto ya no se dedica a hacer relojes sino a sentar cátedra gritona o a desempolvar demagogias low cost.

Termino con Padura (qué placentera lectura): “Como en todos los parnasos, había más enemigos que amigos, más detractores que admiradores, más envidiosos que compañeros, más oportunistas, arrastrados, sanguijuelas e hijos de la grandísima puta que personas dedicadas honrada y simplemente a sudar la literatura”.

Enrique Arnaldo

Catedrático y Abogado

ENRIQUE ARNALDO es Catedrático de Derecho Constitucional y Abogado. Ha sido Vocal del Consejo General del Poder Judicial

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