La han llamado la Operación Nelson. Entre las madrileñas Altamirano 33 y Ferraz 13, en esa franja de explotación de negocios y gestoría de la extorsión, a la luz vespertina del Parque del Oeste, se retiñen de oro viejo los nodos de una tupida tela tejida por las arañas de Luis Pineda y Miguel Bernad –los de los tres millones de euros a cambio de retirar la acusación contra la infanta Cristina de Borbón–, la quinta sinfonía de la corrupción española que da volumen quevedesco al barro hispánico, en esta enésima recta preelectoral. Un poco más arriba está la Moncloa, junto a la Ciudad Universitaria, que orientaliza Madrid y donde a veces nos escapamos huyendo de la gordura de las masas de la Gran Vía, el eje de la vida-muerte de la capital.
Manos Limpias, de irónico nombre, solicita para la Infanta ocho años de prisión por supuesta cooperación en delitos fiscales en el caso Nóos. La abogada Virginia López que representa al sindicato Manos Limpias está sola ante la maquinaria del sistema y se siente también estafada, dice. Ella es el aparente costado devoto de la acusación popular, el último baluarte, ensuciada toda su organización por el chapapote del abuso de su ex jefe. Con su precocidad vallisoletana en las televisiones, quiere que la rediman de todo eso de donde ella viene, de quienes la pagan… Y no. Anda a ver cómo remonta ahora la acusación de la Infanta, que es de lo que se trata.
Resulta que en una de esas empresas que conforman la compleja red de Pineda, Marbeach Investments, que estuvo activa entre junio de 2000 y febrero de 2005, figura como consejera la entonces directora general de Relaciones con la Administración de Justicia de la Comunidad de Madrid, la abogada María José Pérez-Cejuela, que ocupó varias direcciones generales del Gobierno “esperanzista” entre 2003 y 2012. Hasta que en septiembre de 2015, en estos renuevos que se suelen dar, la presidenta madrileña Cristina Cifuentes la ha vuelto a fichar para la dirección general de Comercio y Consumo de la Consejería de Economía, Empleo y Hacienda. Que aquí nadie se va de vacío. Solo son golpes de suerte, amistades, vida rodeada de consejeros y fundadores, el gulf stream de la alta y sagrada picaresca, la solera de una industria tan vieja como el hombre…
María José ha declarado a los medios que al encarcelado y acusado de chantaje y extorsión Luis Pineda lo conoce solo “de veranear en la playa de Marbella hace muchos años”; que al consejero de la misma filial, Gonzalo Corral, se lo encontraba por casualité “en la playa de Málaga”, y que ella, ignorancia de infante, no sabía que era consejera de Marbeach Investments. De la misma forma cualquiera de nosotros, nada más levantarnos de la cama, podremos ver nuestro nombre y apellidos estampados en letras de molde como consejeros, directores y fundadores de cualquier empresa, en algunas islas vírgenes (si quedan). Lo más normal del mundo, vamos. Siempre quisimos ir con Sue Lyon a un paraíso de Malibú a beber ron con hielo picado y limón exprimido en un coco recién abierto, pero se fue con Richard Burton a Puerto Vallarta.
Lo más divertido es que su marido, el de Maria José, fue el que creó Marbeach –lo de la orilla del mar es una seña identitaria de la familia, a lo que se ve, muy de película de Ozores y Alfredo Landa–. Ella afirma que no se ha sentado jamás en un consejo de administración, no sabemos si tiene en cuenta que pudiera haberse celebrado en las playas de Marbella o en las de Málaga, porque igual, entre espeto y espeto, lubina y dorada, cremita y aftersun, el rastrillo que el niño casi se mete en el ojo, la arena en las zapatillas, los gin-tonic en la boîte con unos y con otros y el regateo “humanitario” al vendedor subsahariano de artesanía africana, podría haber tenido lugar esa actividad “transparente y legal” que ella dice, tan cristalina como puede serlo la mar salada del Mediterráneo. Sus vidas son los ríos de laca y boquitas pintadas que vienen de la honda cloaca madrileña, del estupor y el rumor que van a dar a la mar de Marbella y Málaga, que es el “morir”: ellas están a lo que les dan. Me doy otra vuelta, que luego se quema la piel, cariño. Ay, este sol de ferragosto y estos bolcheviques… El espectáculo de un país esencialmente turístico y de moneda fácil.
Estaba claro que había que ponerse en todo a nivel europeo y venir a mejor. María Teresa y Luis, el Romeo y la Julieta de Ausbanc, sudan ahora de firme por sus pecados. Comercio y consumo de pelotazo y foto guapis con la barbilla apoyada en el dorso de la mano, como la high-high class marbellí –que lo es de Tierra de Campos–, la nueva beautiful people que viene a Madrid a ocupar un cargazo para darse después un paseo de Puerto Banús en lancha motora por la costa en vacaciones y ese mira, cariño, allí se ven África y los moros. El caso es que Ausbanc Madrid, la matriz de Marbeach –que suena al ladrillo, a regata televisada y a supermercado del 3x2 en charcutería–, había cobrado 25.000 euros desde 2015. Por ejemplo. Y, qué casualidad, solo cuando detienen a Pineda, su mujer María Teresa Cuadrado –presidenta de Ausbanc Madrid– y su secretaria el pasado viernes 15 de abril, Cifuentes abre expediente de exclusión a la delegación madrileña de Ausbanc, que ya había sido expulsada en 2014 del Registro Estatal de Asociaciones de Consumidores, pese a lo cual los madrileños siguieron pagando las “fazañas” extorsionadoras de Pineda & Company, disfrazadas de defensa de los consumidores y arbitraje: el zorro guardando el gallinero.
España huele peor que nunca. Adivinen quién fue directora general de Consumo de Madrid hasta 2003, cuando el consejero de Economía Luis Blázquez y el presidente Ruiz-Gallardón llevaban a Madrid a la bancarrota y a ser la ciudad más endeudada de España. La misma que, a la sombra, mira la vida pasar junto a su marido en el Módulo 1 de Soto del Real: el retrato folclórico que tantas veces hemos visto y que es ese casticismo de la podre. En el zamorano pueblo Villamayor de Campos quedan la mansión de “La cuadra” y aquellas parrilladas de pollo de comer con los dedos con los amigotes. Quién les llevará el forraje a los caballos ahora, María Teresa. Ay. ¿Te acuerdas de cuando venía a buscarte con la vespa?, le recuerda el otrora novio improvisado y hoy marido. Aquellos días de playa y botijo, sin sombra… Sin respeto ni caridad, María Teresa. Sin decencia, Luis. Con muy malas compañías, María José, aunque una se sujete la barbilla con disimulo y cara del cuore. Y allí anda ella ahora, nadando entre dos aguas de playa malagueña.
@DavidFelipe1975