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TRIBUNA

Filosofía para todos

miércoles 11 de mayo de 2016, 19:53h

Paseo un sábado por la mañana por la Feria del Libro Viejo y Antiguo de Recoletos en Madrid. Charlo con varios libreros y todos me confirman mi impresión: los libros de Ortega y Gasset se venden con facilidad. Nuestro filósofo es muy leído por todo tipo de público. Me alegro. Soy de la opinión que la filosofía es para todos o no es filosofía. La filosofía para especialistas está al alcance de cualquiera. Filosofar para profanos es cosa de grandes autores. El filósofo, el filósofo grande, traspasa las fronteras de los especialistas. Ortega y Gasset sigue siendo, en España, nuestro arquetipo de filósofo. Entre caseta y caseta, entre charla y charla con los libreros, voy dándole vueltas a una cuestión: ¿dónde residirá el secreto de este escritor que aún sigue seduciendo y persuadiendo a millones de lectores? No lo sé a ciencia cierta. Pero quizá sus ocurrencias conformen y vertebren su gran filosofía.

Es obvio que no utilizo el término ocurrencias de modo despectivo. Todo lo contrario. El irse por las ramas es otra manera de ver el árbol. Cuando Ortega se "pierde" con un ejemplo, cuando trata de dar una explicación a través de una metáfora, cuando cita un determinado acontecimiento para justificar una idea, cuando narra, en fin, el pensamiento, es donde encontramos al gran filósofo. Entre la improvisación y el rigor, entre la invención por necesidad y la investigación voluntaria, la ocurrencia es una forma de pensamiento genuino. Mientras uno imparte una conferencia, una clase, o escribe un artículo periodístico, surge la ocurrencia. La idea. La forma de expresión, el lenguaje de la originalidad, ya no es medio de comunicación, tampoco mediación para pensar, sino que es genuino pensamiento. Filosofía. El lenguaje singular, original y ocurrente de Ortega no es medio sino fin. La capacidad literaria de Ortega determina su filosofía.

Doy fin a mi paseo sabatino, pero antes de ponerme a trabajar, consulto el tomo X de las Obras completas de José Gaos, seguidor de algunas ideas de Ortega pero muy lejos de escribir con el talento del maestro, para reafirmarme en lo que acabo de escribir. Sugiere el discípulo de Ortega, transterrado en México, desde 1938 hasta su muerte en 1969, que el fundamento del "método de los giros o circunnavegaciones adoptado por la filosofía de Ortega no es otro que una mera ´racionalización` de su personal manera de idear escribiendo, o escribir ideando (la cursiva es mía), con los naturales vaivenes -decir para desdecir- de todo espontáneo pensar y las digresiones propias de un pensar superabundante en asociaciones y ocurrencias (la cursiva es mía). Pero pudiera tratarse de una forma esencial a la filosofía misma, de constitución espiral o radiada, cardinalmente distinta, por ejemplo, de la constitución longitudinal o vertebrada de la matemática.” También yo tiendo a pensar que esta singular forma de idear escribiendo, o escribir ideando, es la almendra de la filosofía de Ortega. Fue algo que tuvo claro el propio filósofo desde su primera obra, en 1914, cuando afirmó en las Meditaciones del Quijote solo escribo ensayo. Estas Meditaciones “no son filosofía, que es ciencia. Son simplemente unos ensayos. Y el ensayo es la ciencia, menos la prueba explícita.”

Pero, quizá quepa preguntarse, ¿acaso presentó Ortega alguna prueba para hacer creíble su afirmación? No. Pero Ortega no se guarda nada. Ortega es sincero. Sale a pecho descubierto a conquistar lo real. A vivir. A escribir. No tiene prueba alguna para que aceptemos su afirmación acerca de que el ensayo es la filosofía sin prueba. Es cuestionable, pues, su afirmación. Obvio. Ahora bien, tenemos una vía y solo una para aceptar la propuesta de Ortega: seguir leyéndolo. Será el lector el que juzgue si la autoridad literaria de Ortega es suficiente para creernos su afirmación. Ahí está el toque, como diría Cervantes, del gran escritor. Es imposible filosofar, filosofar bien, sin creatividad. Sin literatura o, mejor dicho, sin la conciencia crítica del lector, que tiene la potestad máxima para dar o quitar la razón a la afirmación de Ortega, la filosofía desaparece. He ahí uno de los grandes inventos de Ortega para la filosofía de nuestra época. La filosofía, la genuina filosofía, es la que se dirige a un lector que tiene la última palabra para seguir leyéndolo o no. Por este camino, la filosofía de Ortega está salvada, entre otras razones, porque los lectores siguen leyendo sus libros.

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