Los seres humanos solemos cometer de vez en cuando actos equívocos o errores, unos más que otros y con mayor o menor frecuencia.Si los errores superan a los aciertos la vida del sujeto suele ser catastrófica, corta y con fin accidentado o trágico.
Otra veces junto a grades aciertos y éxitos se interpone la realidad de los errores que amargan la vida del sujeto, sobre todo si estos son irremediables. Les persigue entonces el famoso “sentimiento de culpa” que al decir de los sicoanalistas son de las enfermedades más penosas y difíciles de remediar. Algo así como el Alzheimer que para el doctor Rojas Marcos - insigne psiquiatra jefe del Hospital de Nueva York y que atendió en su día y posteriormente a heridos y accidentados del atentado al World Trade Center – es la peor de las enfermedades de la mente, pues el paciente no solo llega a no reconocer a sus seres más queridos sino a no saber quién es él y de donde viene.
A veces los errores los originan las prisas o el descuido de su causante e incluso la falta de una suficiente información.
No hay que confundirlos con los Horrores, aunque tanto el inolvidable Julio Camba, como mi amigo el laureado Manolo Alcántara o Wenceslao Fernández Flórez o incluso César González Ruano en aquel programa de la televisión en blanco y negro “La verdad de las cosas”, sacaban punta y analizaban con enorme placer cada palabra, este último gesticulando con sus cuidadas manos, de largas uñas y cigarrillos aromáticos, en una época en la que por supuesto todo era mucho más sencillo y más lento. Pues un fonema o una palabra o un adjetivo mal utilizado podía llegar a ser un “horror”, como lo era y sigue siendo el “cáncer”, enfermedad también terrible, o una explosión nuclear o una muerte repentina y prematura.
He sido propenso a cometer errores, unos emocionales y otros profesionales, pero me he ido reponiendo como comentaba en mi primer artículo de esta misma sección, lo que da a entender que los aciertoshan sido más abundantes o señeros que las equivocaciones yque en líneas generales sobrevivir a tantas crisis y estar contándolo, no es “moco de pavo”; otra expresión de hace bastante tiempo y que quería decir algo así como “que me quiten lo bailado” o “el buey solo bien se lame” que como ven no aclara nada o lo lía un poco más, sobre todo si el que escucha es un marciano, un niño muy pequeño o un habitante de la China más recóndita.