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TRIBUNA

La China comunista y los españoles (II)

José Manuel Cuenca Toribio
jueves 09 de junio de 2016, 22:50h

En puridad, es poca la perspectiva gozada para juzgar condignamente acontecimiento de la magnitud de la Revolución cultural; muy en especial, en el país de los mandarines. Uno de los últimos representantes de tan ilustre casta, el desde todos los puntos de vista admirable hombre de Estado Zhou Enlai (1898-1976), opinaba, cuando se le preguntaba por su juicio acerca de la Revolución francesa, que, pese a los dos siglos que nos separaban por aquel entonces del decisivo episodio, todavía era aventurado –años 70 de la centuria pasada- posicionarse ante él…

No obstante lo antedicho, el tiempo transcurrido desde la última de las grandes iniciativas de Mao es suficiente para comprender la honda reluctancia que provocó en la conciencia mundial. Sin haberse recuperado aún ésta del dramático trauma de la hondonera del mal encarnado en Dachau y Auswitz y del no menor originado por la luz arrojada sobre los crímenes estalinistas denunciados por N. Khrushchev en su impactante discurso de febrero de 1956, el despliegue de la revolución cultural tras las masivas matanzas del mismo régimen en la época de su instauración llevó al desánimo más completo a los por entonces no demasiados sensibles espíritus occidentales, frente al horror causado por un comunismo todavía de corta duración en su experiencia de poder.

Cierto es, como acaba de recordarse, que la inmensa tragedia brotada de la revolución cultural tardó en conocerse en su ancha, abismal extensión por la opinión pública de Occidente, aunque no, por supuesto, de sus elites dirigentes. De manera un tanto o, si se prefiere, un mucho pintoresca, entre estos sectores privilegiadamente informados se contó el representado por los círculos universitarios oposicionistas de la España del fastigio de la tecnocracia franquista. Sin embargo, a la fecha aún carecemos en la aluvional literatura memoriográfica del presente de textos debidos a la pluma –en ciertos casos, caudalosa- de algunas de las personalidades de la España democrática que ha medio siglo conocieron, en primera persona y en su propio escenario, los efectos devastadores de la revolución cultural. Por fortuna, el revival –hilo conductor de estos renglones periodísticos- nacido de su evocación conmemorativa ha determinado la aparición casi siempre indirecta, pero abundosa de páginas en que se detallan las excursiones estivales por la China del quinquenio 1966-71, realizadas por figuras hoy relevantes en las diversas manifestaciones del Poder en la sociedad hispana de nuestros días.

Pero, en la fase inicial del fenómeno, importará insistir en que nos hallamos lejos de contar con la base documental mínima para analizarlo con resultados satisfactorios. Tabúes, prejuicios y un siempre respetable derecho a la intimidad impiden hasta el momento ahondar la esteva investigadora en tan imantador terreno. Tras decenios de ominoso silencio, se observa sin duda en el panorama literario e historiográfico nacional una incoercible tendencia a la apertura de toda una línea de estudio e interpretación de la imagen de la revolución cultural y, en general, de toda la dictadura del “Gran Timonel” en las minorías que alentaron poderosamente el fin de la de Franco. Mas se tardará varios años en llegar a una roturación siquiera aceptable del tema, lo que, incuestionablemente, acrecienta el interés por todo lo encerrado en él…

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