La muerte de al menos medio centenar de personas en un
tiroteo en un club nocturno de Orlando (Florida), protagonizado este domingo por un joven con presuntos vínculos islamistas, es la mayor matanza en EEUU desde los atentados del 11S.
El presidente de EEUU, Barack Obama, ha calificado esta matanza de
"acto de terrorismo y odio", un ataque que se sumaría a la lista de atentados en territorio estadounidense.
En los últimos años, este
país ha sido blanco de numerosos atentados protagonizados, principalmente, por elementos inspirados en la ideología yihadista y por supremacistas blancos y militantes contrarios al aborto.
El
mayor ataque tuvo lugar el 11 de septiembre de 2001, cuando varios comandos yihadistas secuestraron tres aviones y los estrellaron contra el World Trade Center de Nueva York, la sede del Pentágono en Washington y en Pensilvania, sucesos que provocaron la muerte a cerca de 3.000 personas.
La donación de sangre en Orlando, al nivel posterior al 11S
Ante la gravedad de los hechos, y desde un primer momento, los habitantes de Orlando respondieron a la masacre de este domingo con una
donación de sangre que no se veía, precisamente, desde los atentados del 11S.
Susan Forbes, vicepresidenta de comunicación de la organización de recogida de sangre OneBlood, explicó a Efe que en las primeras horas cerca de 35.000 personas donaron sangre en la ciudad de Florida.
De hecho, después del anuncio de que los
hospitales necesitaban sangre para atender a los heridos, miles de personas hicieron largas filas para donar plasma y abarrotar los bancos de sangre de la ciudad.
"
La comunidad respondió de manera instantánea y en este centro de recogida de sangre se acercaron entre cinco y siete mil personas, en unos números sin precedentes" y similares a los registrados tras los atentados del 11-S, dijo.
Sin embargo, Forbes señaló que necesitan que en los próximos días se mantenga este flujo porque los heridos pueden necesitar mucha sangre y
las reservas pueden bajar en cualquier momento.
Como muestra de solidaridad, al centro, situado cerca de dos kilómetros del club Pulse, donde se registró la mayor masacre en EE.UU. ocurrida con arma de fuego,
se acercó gente con comida para las personas que esperaban pacientemente a donar sangre. Los responsables de la oficina calculaban que cerrarían pasada la medianoche, cuando su horario normal es echar el cerrojo 10 horas antes, y al día siguiente abrirían en su horario habitual.