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TRIBUNA

A modo de meeting

Martín-Miguel Rubio Esteban
sábado 25 de junio de 2016, 19:08h

Decíamos en diciembre en este mismo lugar que votar a Podemos podría suponer no poder volver a votar en serio, como en una democracia liberal, si España tenía la mala suerte de que este Movimiento tenebroso, pagado por lo más infame del extranjero, llegaba al poder, pues que acabaría con la democracia liberal que hoy tenemos, venezuelando a España, incluso iranizándola. Podría haber después de ellos elecciones, pero quizás fueran como juegos florales, mecanismos vanos que no podrían desalojar del poder a este Movimiento Populista y dictatorial, una vez que lo hayan conquistado. Estos seis meses de Gobierno en funciones nos confirman este peligro amenazante de Podemos. Hasta han tenido la desfachatez en el Parlamento de confirmarlo: con Podemos en el Poder podría terminar la actual Democracia liberal, como un largo paréntesis en la agitada y dolorosa Historia de España. Siempre las sensaciones de fracaso histórico, y la crisis que nos dejó Zapatero lo ha sido, tanto en su vertiente puramente económica como de identidad nacional, han sido el mejor terreno abonado para los maximalismos totalitarios y los salvadores tipo Pablo iglesias y compañeros de grupo. Podemos, con creciente audacia alentada por su éxito anterior, ha conseguido inocular el odio en capas muy grandes de la población, que tardaremos mucho tiempo en erradicar a base de un mejoramiento de la vida de los españoles en todos los ámbitos. También en el ámbito moral. Podemos es hoy la mayor amenaza para el sistema democrático español. Nunca tanto como hoy ha sido tan necesario votar mucho más con la cabeza que con los sentimientos más irracionales. Entendemos que es menos romántico proponer bajar dos puntos el IRPF y aumentar un 10% el empleo en los próximos cuatro años que las disparatadas fantasías de Podemos, apelando a asaltar el cielo, acabar con la opresión capitalista para lograr una sociedad igualitaria, y exterminar o encarcelar a los afiliados del PP para crear el Paraíso en la tierra. Quizás España vuelva a ser escenario de suplicios y tormentos. Pero es propio de una ciudadanía madura abrazar propuestas realistas que mejoren gradualmente la vida de los ciudadanos. La revolución nos puede emocionar unos días, hacernos dioses, como el vino puede hacerlo, unas semanas, pero nos mata de miseria durante décadas. No hay nada más peligroso que encender las emociones. En todo caso nuestras emociones parten del amor a España y en el apoyo al individuo, y en el reconocimiento de sus méritos y de sus esfuerzos. Deseamos construir una Nación que nos permita a sus ciudadanos vivir en libertad para que cada uno pueda encontrar y desarrollar sus talentos, y que nos permita vivir cada vez con más prosperidad. Desde el PP hay que invitar a los ciudadanos a incorporarse a un proyecto que enlace con lo mejor de La Historia de España, que quiere evitar todos los errores del pasado y que quiere proyectarse en el futuro con el ánimo de engrandecer esa Historia querida.

Decíamos también en Diciembre en este mismo lugar que votar a Ciudadanos sería desperdiciar el voto a nivel nacional, y muy especialmente el voto a nivel provincial de Ciudad Real, además de en otras catorce provincias, ya que no tiene ninguna posibilidad en tales provincias de sacar un solo diputado, pero sí puede poner en peligro los últimos escaños previstos del PP. Somos compañeros de Ciudadanos en el tema sagrado y básico de la Unidad Nacional, de la Unidad de España, pero no tenemos nada que ver con ellos en casi todos los demás temas: empleo, educación, sanidad, cultura, impuestos y hasta somos totalmente diferentes en política exterior. Y no somos petulantes. Además, últimamente ese pedantón de Albert Rivera se ha convertido en un inquisidor bajo la bandera de la pureza, acabando como todo inquisidor, es decir, como un pecador fariseo, que al decir de Dante es la peor especie de pecadores que existe.

Respecto al PSOE, nuestro compañero natural en la gobernación de España, compañero de yunta bajo este orden democrático, está necesitado de enderezar su rumbo, y para ello necesitamos un Partido Popular fuerte y gobernante, que sea la primera fuerza de centro-derecha, a fin de que tras conjurar el muy real peligro de Unidos Podemos el PSOE sea la verdadera representación de la izquierda, una representación democrática y constitucional que llegue a vertebrar la izquierda, como lo está haciendo desde los años setenta. Sólo un Partido Popular fuerte y gobernante garantiza que el PSOE vuelva a ser en España el gran partido de la izquierda y que con él, parafraseando a Milcíades, constituyamos la gran yunta de la Historia de la España Contemporánea. La inestabilidad que podría crear en la vida política española la fagotización del PSOE por los populistas podemitas podría desencadenar espantosas consecuencias para todos y descomunales fracasos colectivos. PP y PSOE pueden colaborar en la gobernación del país porque son como el agua y el aceite: nunca podrán fagocitarse uno al otro.

Aunque nuestro Programa Electoral se fundamenta en seguir perseverando, hablando de economía, por la senda trazada por las valientes reformas emprendidas por el Gobierno de Mariano Rajoy, que nos han salvado del hundimiento nacional, ello no significa que seamos simplemente continuistas, que nos venza la inercia de los primeros movimientos emprendidos, sino que, muy por el contrario, somos un partido abierto al desarrollo infinito de la libertad, que no para de conquistar nuevos ámbitos en donde ejercerla los hombres, y ello nos imposibilita ser doctrinarios, y nos impide llegar a la esclerosis y a las consignas rutinarias. El PP nunca será un barco varado.

Somos pudorosos con el uso de las instituciones públicas, que son propiedad de todos los españoles y no de los partidos políticos. No nos queremos apropiar de España, que es propiedad de todos y cada uno de los españoles. A diferencia de otros nunca hemos hecho de la Administraciones Públicas fincas privadas de nuestro Partido, sino que las hemos gestionado en nombre de los españoles y para servir a los españoles, que son sus únicos propietarios. Otros en las sedes del Gobierno instalan los despachos de sus propios hermanos para asuntos privados. Otros utilizan los salones de pleno municipales para pronunciar meetings.

En nuestras populosas filas (somos el partido con el mayor número de afiliados de Europa) ha habido algunos malvados que nos han hecho mucho daño por su desaprensiva y criminal conducta, pero contra ellos este Gobierno ha hecho las medidas legislativas más importantes en relación con la corrupción en la Historia de España. Otros corrompen más y corrompieron más y jamás tomaron medidas legislativas que hubieran hecho muy difíciles sus grandes corrupciones.

Somos el Partido que apoya de forma decidida la única realidad política tangible que existe: los individuos, que son los únicos que nacen y mueren, que se pueden tocar y hablar con ellos, y sobre los hombros de los cuales descansa la Nación y nuestra sociedad del bienestar. Frente a esas curiosidades antropológicas que son las otras realidades políticas no tangibles ( sociedad, autonomías, etc. ) nosotros apostamos por todos los ciudadanos españoles de carne y hueso. Los ciudadanos, cada uno con su libertad, son los fines últimos de nuestra política. El Estado deberá estar siempre al servicio de los ciudadanos y no los ciudadanos al servicio del Estado.

Como liberales nadie nos ganará en nuestro amor apasionado a la libertad.

Como democratacristianos nadie nos ganará tampoco en nuestra lucha por la justicia social y la defensa de los más débiles, sean quienes sean.

Martín-Miguel Rubio Esteban

Doctor en Filología Clásica

MARTÍN-MIGUEL RUBIO es escritor y catedrático de Latín

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