Las crisis de Galicia-Galiza
sábado 14 de junio de 2008, 19:33h
Llevado por la lógica, cualquier ciudadano pensará que en la Galicia de estos días el principal motivo de preocupación está en la crisis derivada del alza del combustible y las movilizaciones organizadas por su causa. Y que, por tanto, esa es también la principal ocupación del Gobierno autonómico.
Gran error. En primer lugar, la lógica es muchas veces difícilmente aplicable en la Galicia de estos años, tres llevamos, de nacional-socialismo en la Xunta. Y, en segundo lugar, pues no, no parece que al bipartito PSOE-BNG le preocupe y, sobre todo, le ocupe en demasía la maldita crisis del gasóleo, a juzgar por lo poco o nada que está haciendo al respecto, más que criticar a la oposición por intentar dialogar con los sectores afectados, especialmente el pesquero, fundamental en esta tierra de mares y que está aquí atravesando su peor momento en los últimos veinticinco años.
La flota amarrada, el pescado que escasea, el transporte parado, manifestaciones salvajes, los mercados desabastecidos, la inflación disparada hasta niveles que no se recuerdan en más de una década, los alimentos con precios imposibles o los sueldos que no llegan no son crisis suficiente para que el Gobierno de Pérez Touriño y de Anxo Quintana reaccionen. Esas cosas se las dejan al de Zapatero, para que sea él el que no las resuelva.
Aquí hay otros problemas que ocupan a la Xunta, que ya se sabe que siempre es bueno establecer prioridades aunque sea al margen de las preocupaciones de los gallegos. Y, como en esto de las crisis también hay niveles, mientras en Madrid se plantea un conflicto sobre si debe haber miembras además de miembros, en Galicia nuestros gobernantes andan más atrasados y aún están ezarzados en la crisis lingüístico-identitaria del origen, o sea, discutiendo si los miembros y miembras de esta Comunidad debemos serlo de Galicia o de Galiza.
Los nacionalistas dicen que debe aceptarse Galiza como topónimo oficial y por ello lo utilizan en las consejerías que dirigen. Los socialistas se oponen. Los nacionalistas, buscando apoyos a sus razones, hacen una consulta a la Real Academia Galega y, cuando ésta les lleva la contraria afirmando que Galicia es Galicia, pasan por encima del criterio que ellos mismos solicitaron, lo critican y siguen imponiendo su razón. Servida está una nueva batalla entre estos socios mal avenidos que, no contentos con los problemas reales, se empeñan en inventarse otros.
Así las cosas, no es de extrañar que no tenga este Gobierno tiempo para dialogar con los pescadores, los transportistas o los consumidores e intentar buscar soluciones a los verdaderos conflictos de esta Galicia-Galiza que, se llame como se llame, está inmersa en una crisis que no se la salta un topónimo.