El 26 de junio ganó la política. Ésta es tan necesaria como la sociedad, o sea, unas veces nos gusta y otras nos disgusta, unas veces resulta prescindible y otras es imprescindible. Ha ganado, sí, la política que, en España, tiene un espíritu desde el 20-N de 1975. Ese espíritu es conocido por la palabra Transición. Cesión y voluntad de conciliar los contrarios. En esa época el pueblo sólo aspiraba, por un lado, a no perder lo que tenía, que no era poco, y, por otro lado, aspiraba a tener más y mejor política, es decir, democracia. Por eso, precisamente, aceptó, promovió y garantizó que el PCE, principal fuerza de la oposición a Franco, tenía que pactar con los franquistas. La política menos mala era la legalización del PCE y la aceptación de los hombres de camisa azul por ejemplo, Suárez y Martín Villa, en el nuevo sistema democrático. Ahí se acabó el PCE y el franquismo. Era y, por supuesto, sigue siendo la política menos mala para este país. Mala, sí, pero fue, es y será la menos mala. Política genuina.
Ahora, el 26 de junio, ha vuelto a ganar la política. Ha vuelto a ganar ese hombre medio que no quiere perder la segunda vivienda, las vacaciones y la pensión de jubilación. Ha vuelto a ganar la política menos mala: la gente quiere seguridad, orden y, sobre todo, gobierno. La gente quiere que funcionen las instituciones. El pueblo español quiere antes un Gobierno que un partido. Prefiere antes cuatro partidos que dos, pero, ojo, si se percata de que eso no funciona, volverá a corregirlo. Si eso no lo entendieran los partidos, entonces el drama, o peor, la tragedia estarían a la vuelta de la esquina. De momento, el 26 de junio el pueblo español ha hecho algunas correcciones al nuevo modelo político, establecido en España el 20-D de 2015, que apuestan antes por el espíritu de la Transición que por el de la ruptura, es decir, el pueblo prefiere antes la política menos mala que los ideales utópicos.
Esas correcciones han recibido dos respuestas diferentes. La primera tiene un carácter netamente político, mientras que la segunda roza el simpleza de los ideales reducidos a meros deseos. Por un lado, parece que Rajoy ha sido el primero en reinventarse, o sea en escuchar lo que han dicho las urnas: quiere rapidez en la conformación del gobierno y, sobre todo, quiere ir a la investidura e incluso gobernar en minoría. Por el contrario, el PSOE y Ciudadanos quieren ir despacio y jugar las cartas antes a favor de sus respectivos partidos que de la conformación de un Gobierno para España. Creo que Ciudadanos es el partido que más tiene que perder si no reacciona con rapidez. Por desgracia, todo apunta a que sus dirigentes han abandonando su principal eje vertebrador: Ciudadanos ha nacido para hacer la política menos mala para mantener la democracia en España; por eso, han ayudado a la gobernabilidad con diferentes mesogobiernos locales y autonómicos y, por eso, precisamente, ayudaron a conformar en la anterior legislatura una Mesa en el Parlamento de España y le dieron apoyo a Sánchez para su investidura…
Por todo eso, me cuesta entender ahora, cuando las condiciones para la gobernabilidad han cambiado significativamente, que Ciudadanos se muestre de modo tan rígido y estricto con el PP. Si nacieron para dar estabilidad a la nación, y lo han demostrado con creces, es incomprensible su rigidez para negociar un Gobierno con el PP. No caiga, pues, Ciudadanos en lo que criticaba antes del 26 de junio. La política es siempre complicada, difícil y ambigua. En todo caso, toda política está siempre al borde del precipicio. Del fracaso. Por eso, la mejor política, como la mejor sociedad, es la menos mala. Eliminar sus elementos más perversos es el objetivo prioritario de todo político sensato. Nadie se empeñe en definirla como buena o mala, nadie crea que en política es mejor hablar de qué sin prestar atención al quién, nadie se engañe con proyectos utópicos sobre que sea la nueva política. La política, como la sociedad, solo pueden aspirar a ser lo menos mala posible. Las sociedades perfectas son utópicas o totalitarias. La política menos mala no es imaginar, pensar y expresar convicciones éticas, sino pensar y reflexionar con seriedad sobre si se dan o no las condiciones para llevar a cabo un proyecto de sociedad liberal, o sea de sociedad imperfecta.
La construcción de sociedades imperfectas, es decir, democráticas es la principal enseñanza de Ciudadanos. Eso ganó el 26 de junio. No renuncie, por favor, a su gran legado.