Como chiquillos de la mano Pedro Sánchez y Albert Rivera van los dos tapando la Carrera de San Jerónimo para que no pase Mariano Rajoy, que es el político menos malo, al decir de Churchill sobre la democracia, en la que si llaman de madrugada a tu puerta son Pedro y Albert con la monserga: No vamos a apoyar a un gobierno presidido por Rajoy. Lo cual hacer eso a deshoras tiene más de soberbia ridícula que de protesta gallarda sobre todo tras el vuelco electoral y el revolcón sufrido.
El 26 J es ya el segundo vuelco electoral acaecido en la democracia española. El primero fue con ocasión de las bombas en los trenes de Atocha. Aquella masacre provocó entre los ciudadanos el consabido pánico al terrorismo islamista que volteó las encuestas. El arte del sondeo electoral nace en China, en donde de cada diez ciudadanos, nueve están en contra del Gobierno, sea éste el que sea, pero resulta que el décimo está armado. Como no somos chinos, las encuestas han vuelto a errar. El miedo, esta vez causado por el Brexit, Tsipras y Maduro, ha modificado el sentido del voto. El pueblo español pronto entendió que en las pasadas elecciones no se limitaba a escoger, uno entre cuatro candidatos, sino uno entre dos regímenes: el del sable (sablazo), que viene de frente, y el del puñal (trapero), que lo hace por la espalda. Tantos siglos dedicándose a las faenas agrícolas con ese sensato realismo que atesoran las gentes del campo, y ante el que se han estrellado tantas falsas propagandas, que los españoles no se han tragado los brotes verdes del populismo y siempre barruntaron que se trataba más de cizaña y malas hierbas. Ni siquiera panizo de Daimiel, ese pienso tan extraordinario para las gallinas que durante la década de los cuarenta hacía furor en el mercado de Barcelona. A la misma conclusión, sin ser hombre de campo, ha llegado Pablo Echenique que pide braceros para extirpar las malas hierbas de Podemos. El día de reflexión muchos electores decidieron confiar en el candidato que ha dado la imagen de mayor experiencia y más reposo. Rajoy como buen experto no va llamando a las casas de madrugada. Manda al lechero con la botella ni medio llena ni medio vacía, sino hasta arriba. Que para eso se ha responsabilizado de la marcha de la economía.
Lo que el pueblo español necesita es confiar en sus dirigentes y para ello éstos han de ofrecerle con garantías de honestidad un programa de buena gobernación y una convivencia ordenada a una sociedad mejor y más estable. Como no somos China, no podemos responder como aquél campesino chino cuyas tierras y casa habían sido asoladas primero, por los nacionalistas de Chang-Kai-Chek, y luego por los rojos de Mao, al que preguntaron cual de los dos bandos era el mejor:
Los dos son buenos, contestó
. Es el pueblo el que es malo.