Las vacaciones de los inmigrantes
domingo 15 de junio de 2008, 21:03h
Hace relativamente poco tiempo, el “efecto llamada” de las regularizaciones masivas trajo a España a miles de inmigrantes. El gobierno español, reproches europeos aparte, defendió la medida con una mezcla de conceptos y una confusión semántica que aún hoy cuesta entender. El caso es que, a día de hoy, viven legalmente en nuestro país más de dos millones de extracomunitarios. Ocurre que la situación económica no es la que era, y por ende, no hay trabajo para todos. Este dato es especialmente significativo en la construcción, sector que está acusando con más virulencia la crisis, o desaceleración, o como se quiera llamar. Visto lo cual, Celestino Corbacho, ministro de Inmigración y Trabajo, se ha puesto manos a la obra en busca de una solución. Y ha creído hallarla, incentivando economicamente a los inmigrantes para una repatriación voluntaria que, mucho nos tememos, se convierta en algo parecido a unas vacaciones.
Corbacho propone que los inmigrantes que acepten volver a sus países podrán cobrar todos los subsidios de desempleo que hayan acumulado en dos únicos pagos: uno del 40% y otro del 60% del total. Para ello, deberán renunciar a sus permisos de residencia y de trabajo, y comprometerse a no volver a España en los tres años siguientes, a partir de los cuales podrán regresar. Como “equipaje adicional”, la posibilidad de partir con un “microcrédito blando”, para poder emprender un negocio en el país de destino. Estima Corbacho que tal medida podría ser de aplicación a más de un millón de extranjeros. Falta por saber la dotación presupuestaria que haría falta –probablemente muy elevada-, quién y cuántos se encargarían de gestionar tan ardua tarea, y sobre todo, qué mecanismos de control se arbitrarían para evitar situaciones irregulares. Es un hecho que la política migratoria en España ha sido una de las más erráticas de toda la Unión Europea –como así han puesto de manifiesto en más de una ocasión nuestros socios comunitarios-. Pero lo que hasta ahora no había era esa suerte de “seguro”, según el cual, si quien emigra a España estima que no le ha ido como creía, pues no pasa nada: se le subvenciona generosamente su retorno, y a otra cosa. La inmigración es, amen de una oportunidad para unos y otros, algo lo suficientemente serio como para que se siga utilizando a modo de laboratorio de ideas peregrinas.