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El huracán Trump en América

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 07 de septiembre de 2016, 20:10h

Aún no ha ganado las elecciones presidenciales, hay más probabilidades de que no gane, el repudio en su contra ha comenzado a extenderse dentro del Partido Republicano, a donde se presenta deja una estela de destrozos y su oferta de gobierno trastocaría el apenas existente equilibrio geopolítico, pero al final del camino de insultos en su contra existe un Donald Trump que ha comenzado a cambiar los equilibrios sociales y políticos en los EE.UU. y en su zona de influencia americana.

La visita sorpresiva de Trump a México para reunirse en privado con el presidente Enrique Peña Nieto debe leerse no sólo en función de la falta de oficio geopolítico de los mexicanos y de la reacción de pánico social en las redes cibernéticas, sino en función del nuevo estilo de ejercer el imperio que ha empujado Trump. La candidata demócrata ha tenido que tomar algunas de las banderas de Trump porque se percató a tiempo que la sociedad estadunidense se hartó de la demagogia de Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama.

La política imperial de republicanos y demócratas y de Trump y Hillary es la misma: reconstruir el dominio de los EE.UU. dentro y fuera. La inexperiencia, frivolidad y liberalismo de Obama disminuyó el poder y la influencia estadunidense en el mundo, ante la consolidación de otros poderes imperiales: China, Rusia, Alemania e Irán. Y ante la necesidad de regresar al poder, Trump es el policía malo y Hillary la policía buena, aunque los dos al final de cuentas son los policías del mundo.

El interés de Trump y Hillary en México radica en tres puntos: es la puerta de entrada a los EE.UU., su nacionalismo sigue siendo un obstáculo para avanzar en la dominación y Washington ha revivido la doctrina Monroe de “América para los americanos”. A pesar de que existen en los EE.UU. once millones de mexicanos ilegales que quieren ser regularizados como estadunidenses y que la frontera seguirá siendo porosa con muro o sin muro, la estrategia de Trump y de Hillary ha estadio definida no por los partidos sino por la comunidad de inteligencia, militar, de seguridad nacional y militar. El sentimentalismo histórico de muchos mexicanos impide ver en los EE.UU. una cada vez más sofisticada estructura de dominación imperial: el complejo militar-industrial-financiero-espionaje.

México, Colombia, Venezuela, Argentina, Chile, Cuba y Brasil son los objetivos de seguridad geoestratégica de la Casa Blanca, con Trump o con Hillary. El muro que más interesa a los estrategas estadunidenses no es el fronterizo para impedir el cruce ilegal de mexicanos pero sobre todo sudamericanos a su territorio, sino el muro de contención política e ideológica. Más que el marxismo, ahora preocupa mucho a los estadunidenses el islamismo en sus versiones política, religiosa y terrorista.

El fenómeno político y mediático que ha representado Trump es la punta del iceberg de una nueva configuración del perfil social de los estadunidenses. Es decir, Trump es el dinamo que han encontrado los estadunidenses para explicar su crisis: los migrantes que les quitan empleos, los tratados comerciales que llevan a las empresas fuera de los EE.UU., la política de tolerancia racial que ha convertido a los blancos en racistas casi por el hecho del color de su piel y el fin histórico del trabajo duro para lograr una jubilación tranquila porque los demandantes de puestos de empleo quieren los beneficios ahora.

Los líderes mundiales no han entendido el significado de la candidatura de Trump. Por tanto, no han sabido explicar a sus pueblos la nueva fase de trumpismo que viene con Trump o con Hillary Clinton. Lo ocurrido en México con la invitación de Peña Nieto a Trump debe ser analizado más allá de las superficialidades de ánimo o de repudio contra el gobernante mexicano. Lo más importante radica en el repudio a la persona de Trump sin entender que Trump representa una macrotendencia social y a una sociedad de regreso a su pasado imperial. Hoy los ataques son contra Trump y no contra el imperio que le robó a México la mitad de su territorio en 1848 y que lo invadió decenas de veces. La ignorancia histórica ha llevado a mexicanos a apoyar sin rubor a Hillary Clinton y sus estrategias iguales a las de Trump.

Mientras Europa ha lidiado muchos años en construir una opción autónoma, América está a la espera que Hillary Clinton sea la gobernante bondadosa que nunca han tenido los EE.UU. en su corta existencia, de su expansionismo interno e imperial desde 1776. Se olvida que las deportaciones masivas comenzaron en el gobierno de Bill Clinton y que Obama autorizó aumentar las deportaciones y las extendió a las madres de familia que son ilegales separándolas de sus hijos que nacieron con derechos en territorio estadunidense.

A Trump hay que analizarlo como sujeto social, histórico, de la sociedad estadunidense, no como el empresario loquito que ha enardecido a la mitad de los votantes. Al final de cuentas, el presidente de los E.E.UU. es el operador de las políticas y estrategias que definen las comunidades de seguridad nacional y militares internas. En este sentido, al presidente Peña Nieto hay que reclamarle no que hubiera invitado a Trump sino que careciera de definición de una política estratégica de seguridad nacional en su relación con el imperio. Y preocupa que los mexicanos le estén exigiendo que se eche a los brazos de Hillary Clinton.

El huracán Trump está mostrando a la nueva sociedad estadounidense, la sociedad que no sale de la crisis, la egoísta y racista, la imperial que quiere seguir succionando riqueza y recursos de países subordinados. Y es la sociedad que hasta ahora no ha sido estudiada ni analizada.

indicadorpolitico.mx

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@carlosramirezh

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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