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JORNADA 6: ATLÉTICO 1 DEPORTIVO 0

El Atlético saca lustre a su capacidad agónica ante un Depor respetable | 1-0

domingo 25 de septiembre de 2016, 18:13h
Actualizado el: 25/09/2016 19:45h
Griezmann arrancó tres puntos en una batalla llevada a extremo.

Se cruzaban en esta sobremesa otoñal madrileña dos trayectorias contrapuestas. Sus responsables, Atlético y Deportivo, atracaban en la ribera del Manzanares en esta sexta jornada, punto de no retorno tras la apnea de selecciones nacionales, tratando de reforzar el impulso precedente y cultivar para crear la senda de la tranquilidad. El primer anhelo correspondía a los locales, lanzados después de tragar su serie inaugural de gatillazos ligueros y con el dulce regusto de saberse en crecimiento al concatenar una distinguida goleada y un punto arrancado del mismísmo Camp Nou; el segundo, más humilde y apremiado, respondía a la situación por la que ondean las aguas en Coruña. El traspaso de poderes post-Víctor, con esfuerzo estival incluido, no florece, y la estadística describe con precisión el brete: club menos goleador (sólo tres dianas en cinco fechas) y una de las mejores retaguardias (con cuatro tantos en contra). Parecería que ambos escuadrones se manejan en una reconversión filosófica y de concepto futbolístico que los colchoneros gestionan mejor, pues llevan años de ventaja en el alimento del proceso. Así, sin la urgencia que niega la última semana de septiembre, los rojiblancos intentarían asaltar el tercer puesto y acortar a un partido la distancia de la cima y los blanquiazules, que yacen en el ecuador de todo, probarían a encontrarse a sí mismos antes de que cada punto valga un quintal.

 

Resultaba, sin embargo, que además de este lance, en tres días habrían de hospedar a las huestes muniquesas, pensó Diego Pablo Simeone, en una escaramuza nuclear si se proyecta la perspectiva de la Liga de Campeones. La exquisitez del primer puesto de grupo continental, trascendental si se atiende a posteriores rondas, llevó al técnico argentino a aplicar rotaciones. Saúl, Savic y Gameiro observarían desde el banco cómo Augusto, Gimenez y Correa ocupaban su titularidad cedida, en otro intento del Cholo por ofrecer fluidez en los roles otorgados. El joven mediapunta argentino acompañaría a Griezmann y Carrasco en la punta de lanza y el ex celtiña soltaría a Koke y Gaitán como interiores en un sistema que podría virar de 4-4-2 al 4-3-3 según el evento. Oblak, Godin, Filipe y Juanfan representaban la comparecencia del equipo médico habitual, con Gabi, de nuevo, relegado. Se trataba de profundizar en el modelo de disposición del cuero y juego con la entrega de espacios para volar en transición. El estándar fijado ante el Sporting, de factura monopolística, figuraba como un todo al que tender, considerando las particulares diferencias de cada rival. Torres, Gameiro y Thomas esperarían turno. La pelota y la calidad habrían de enriquecer a la ancestral consistencia, de camino al podio provisional.

 

Gaizka Garitano, gurú del correoso Eibar que supo perseguir sus rutas hacia la permanencia, tomó las riendas de un Deportivo deconstruido, adoleciente de desconexión entre el vestuario y el banquillo y entre las propias piezas del camarín. Es por ello, quizá, que el preparador vasco se ha centrado en formular seguridad en el achique antes de implementar automatismos más coloridos que agan brillar al talento en convocatoria. Probando obreros hasta dar en la tecla. Siendo así el mapa planteado, Guilherme y Borges sostendrían desde su doble pivote a una medular de trabajo y cohesión exigida, pues Fajr, Emre Çolak y Borja Valle deberían conjugar sudor con desborde, con el rumano Florin Andone como punta móvil (presionado al extremo por la sombra de Lucas Pérez). Albentosa y Arribas defenderían el arco de Lux, con Laure y Navarro amarrados en los laterales para solidificar la apuesta táctica. La fiscalización mental que entrañaba superar en el Calderón el golpe a la autoestima sufrido ante el Leganés también actuaba como variable del duelo. Y no desdeñar la gestión del tempo a través de la posesión se reclamaba como un epígrafe interesante.

 

Se alzó el telón del envite con dos estructuras valientes desde el prisma de la ocupación de espacios. Intercambiaban presiones muy elevadas y renegaban de la salida aérea, aunque la verticalidad en cancha ajena iba a ser una tendencia natural. Por eso, los sistemas dispuestos preponderaban guardar la espalda. Los pupilos de Garitano colapsaban el perfil central del avance rojiblanco, conduciendo a los capitalinos hacia la acumulación de centros laterales. En ataque, Emre Çolak actuaba como punzón interlineal que se apostaba para desestabilizar en combinación volátil, a la espera de conectar con el remillete de llegadores desde segunda línea. En la trinchera de enfrente, las duplas Carrasco-Filipe y Gaitán-Juanfran esbozaron, sin éxito, la argucia de las superioridades exteriores. Quemado el primer cuarto de hora, el Depor había mostrado seriedad en el cierre y pretensión efervescente tras robo y el Atlético hizo lo propio sobre el veneno de la recuperación en la salida oponente y la querencia, poco a poco, por imponer el guión de control asociativo. La salida ardorosa no actuó este domingo y la intensidad visitante sobresalía, por lo que el respeto mutuo replegó el envite y la creatividad se redujo al mínimo imaginable. Un latigazo muy desviado de Çolak y un testarazo de igual suerte de Godín, a balón parado, cerró la tímida relación de aproximaciones.

 

Amanecían los espacios entre la pareja de centrales atléticos y su doble pivote, con Augusto ciertamente superado desde lo anatómico por la velocidad de los tres mediapuntas gallegos. No obstante, en el 20 de partido, cuando se asentaba un centrocampismo que descontextualizó a Correa, Carrasco, Griezmann -islote, arriba- y a Gaitán -oscuridad generadora, hasta la fecha-, y que condecoró el triunfo de la trama ideada por Garitano -sólido y amenazante, lo justo para hacerse respetar en este coliseo-, el único mediocentro destructor colchonero se lesionó y hubo de ser sustituido por Gabi. Al infortunio -entró en vestuarios en camilla y se confirmó la ruptura de cruzado, seis meses de dique seco- se le unió la apertura seria de hostilidades, en las botas de Griezmann, una entente que dispararía el punto de inflexión del primer acto. El desmarque central y chut cruzado que lamió el poste del francés, promocionado por la lucidez interlineal de Correa, se erigió en magnético aglutinador, y se abrió un intervalo de aceleración local. Alzó revoluciones el subcampeón de Europa y se multiplicó la intranquilidad del hasta entonces plácido Lux. En el 23, dos minutos después de la opción del galo, una combinación precisa y estrambótica en la frontal entre Koke y Correa confluyó en la sedosa volea de Gaitán hacia el segundo poste. Con el arquero superado, Fajr conjugó el intento sobre la línea. Giménez remató desviado de inmediato, en otra jugada de pizarra, y la tormenta parecía desatada.

 


Los coruñeses padecían con severidad el examen colchonero y supieron sufrir en este trance. No en vano, Çolak respondió con un disparo que atajó Oblak -minuto 26-, refrescando la rebeldía anunciada deportivista. No iba a encerrarse y especular. A estas alturas, con la medular de desgobierno compartido y el partido coqueteando con la densidad horizontal tras una pulsión abrasiva de toma y daca, el futbolista turco blanquiazul destacaba como faro, tanto como Correa en el bando rojiblanco, único enganche con inquietud por detonar un salto de página y cambio de ritmo. Ritmo anestesiado por las imprecisiones y las interrupciones. La última, en el decantar del primer tiempo, protagonizada por la lesión de Giménez. El central, entre lágrimas, dio uso a la camilla y dejó su escaño al prometedor Lucas. Dos imprevistos indigestos para un Atlético que, entonces, ya había aprehendido que la visita del Depor no iba a establecerse como un trámite estadístico. La prueba de dureza en la convicción cruzaba la banda y afligía, ahora, al favorito. Y lo hacía en un encaminar a vestuarios en el que el pegajoso club gallego terminó por amarrar el vuelo y el estático atléticos y discutió, de manera definitiva, la posesión. Sólo el desatino en tres cuartos de terreno -y la solvencia en el repliegue local- alejó a los visitantes de un mayor botín.

Corroboró Garitano la valía de su apuesta por esquinar la elaboración ofensiva madrileña. Taponado el fluir central combinativo, los centros al área favorecían a los centímetros de la zaga coruñesa, y sólo Filipe encontró la precisión y el timming para concectar con el cabezazo de Griezmann, fuera de palos -minuto 37-. Y, como ahondando en el paisaje subersivo pintado por los blanquiazules, aconteció la debida respuesta. Guilherme remató a las nubes desde la frontal un saque de falta lateral -minuto 42- mientras que el partido se dirgía al intermedio con el ascenso del listón físico visitante hasta la dureza, con acciones a destiempo que enclaustraron la continuidad del juego para cerrar unas tablas de mucha más batalla que táctica y fútbol. Habría tiempo también para que Fajr, sobre el pitido del colegiado, cometiera una imprudencia capital por exceso de celo. Amonestado, y sabedor de la importancia de su despliegue, enajenó su rendimiento para ganarse la expulsión y dejar a los suyos con un rotundo agridulce en el paladar. El Deportivo amaestró a una de las pulsiones competitivas más bestiales -en su concepción animal, instintiva- del balompié presente, pero esa medalla quedaba en suspenso al afrontar los 45 minutos decisivos con un peón menos. Simeone, tan incómodo como sus pupilos, necesitaba anteponerse al efecto del cansancio para desbloquear la gélida gestión de la pelota ideada y recobrar el brío atacante de reciente explosión. Koke, Carrasco y Gaitán no ejecutaban sus atribuciones y la espalda siempre era un aspecto a vigilar. Nunca marcó el pentagrama sobre el que jugar ni supo mantener su jerarquía. Y le costó irse a cero con una atmósfera de nítida igualdad -uno a uno en tiros a portería-, sin velocidad en el pase.

 

Recompuso el rictus el técnico vasco sin sustituciones. Fajr había redoblado la apuesta y el dilema entre el encierro conformista o la manutención del estilo valeroso se hacía tangible. Çolak disparó desde media distancia sin consecuencias en el primer minuto y las líneas gallegas permanecían adelantadas. Y la ambición ofreció el espacio suficiente para el contragolpe colchonero que Griezmann introdujo en las redes de Lux en posición antirreglamentaria. En tres minutos se dibujaron los riesgos de la gallardía visitante, que disponía, por otra parte, de dos cambios más que su ilustre contrincante. Avisó de nuevo el conjunto local de la enmienda estudiada a la personalidad coruñesa: se agazaparían y volarían a la contra si la construcción en estático no daba frutos. En el primer pestañeo de la reanudación, Griezmann, Correa y Carrasco ya se habían deleitado más que en el prólogo y nudo de la trama. Y Gaitán seguía asumiendo el estatus de nota discordante. El cañonazo de Carrasco en conducción horizontal y transición que se estrelló en la madera, tras el desvío soberbio de Lux -minuto 53-, terminó por seducir Garitano para optar por el achique. Su tratativa por evitar el encierro, también en inferioridad numérica, estaba agujereando a su red central y los espacios nutrían la asiduidad de llegadas locales.

 

Le costaba contemporizar con balón a un Deportivo, que, a pesar de la inercia, buscaba morder. A punto estuvo de hacerlo con un centro parabólico que sacó Lucas, in extremis, cuando los interiores visitantes incorporados, en concreto Borges, se relamían. Y el envés de la directriz se evidenció con frenesí. Carrasco, actor protagónico en transición, encendió un tríptico de ocasiones que rozaron el gol en sus propias botas, la diestra de Correa y la zurda de Filipe. Simeone, con el pelaje de partido iniciando su metamorfosis hacia el monopolio colchonero, sacó con precocidad al belga para introducir a Gameiro. Incluyó argumentos para golpear en asociación estática y ejecutar un asedio prolongado de intensidad posicional y centros laterales. Quemó sus cambios para ir a por el partido desde el ataque, como tantas veces se le reclamó ante oponentes aristocráticos. Por consiguiente, se le venía la reclusión forzosa al conjunto coruñés y Garitano reaccionó aportando pulmones y pegamento para afianzar el achique. Mosquera sentó a Gilherme y Andone, delantero sin participación, dejó su espacio, que no ocupación, a Luisinho. El carrilero se incustró en la última línea para apoyar a la cobertura exterior, pues en torno al 70 de envite hasta ocho afilados futbolistas capitalinos circundaban el tercio de cancha visitante.

 

El crepúsculo pronosticado tras la negligencia de Fajr se subrayó como un trazo grueso de dominio del Atlético. A falta de 20 minutos, el toque de arrebato era avidente, aunque las circulaciones horizontales resultaban fútiles, pues no se concretaban en posiciones amenazadoras de centro y remate, con cierto aroma a ansiedad, visto lo visto en la batalla. Pero en el 70 entraron en ligazón dos movimientos sin pelota sublimes: el de Gameiro, para tocar línea de fondo y enviar al área y el de Griezmann, para anticiparse en su baile con los zagueros y abrir el marcador. El iluminado delantero remató un ejercicio de sincronización coral iniciado por Juanfran que arrancó el grito de la aliviada tribuna. El enfrentamiento se decidiría por la irresistible vía de la efectividad y la deflagraión rutilante dictada por Simeone anunció una recta final en ventaja y con menos angustia sobre los hombros y piernas.

 

No soltó el timón de la presión asfixiante el combinado rojiblanco con rapidez, y, si bien no quiso descender verticalidad, concibió la circunstancia de dominio posicional y emocional como la idónea para rematar la cosecha del sufrido triunfo defendiendo con la posesión sostenida (en torno al 70%). La volcánica voluntad de su escuadra deshizo a un Deportivo de esfuerzo puntero. Aún así, Garitano metió en la fórmula postrera a Ryan Babel, una flecha holandesa rebotada de múltiples aventuras continentales, con el fin de pescar la utopía convertida en realidad en el primer tiempo. Luisinho soltó amarres, Çolak fluctuaba desde media distancia, como enganche, y Borges estrujaría su físico para llegar al área, con Mosquera como ancla de todos. El valeroso pundonor de la delegación coruñesa resistió también cuando amainó el vendaval y se veía en un precario encuadre. En efecto, Borja Valle probó suerte desde larga distancia -minuto 82-, reclacando lo diagnosticado. Pero la confianza y el tesón ganadores del Atlético salieron a flote, otra vez, impermeables, en esta alianza entre calidad y rigor que ha edificado una ola que les catapulta a su sitio, el de candidato a todo. A pesar de la heridas que pueblan la clínica, la estrechez en la recuperación que instaura el calendario y lo exigente de no verse techo. La volea de Mosquera en el respingo final gallego que Godín repelió, providencial, remarcó la dignidad de un bloque blanquiazul que se desliza hacia el fondo de la tabla. Hoy propuso y aguantó. Con 11 y con 10.

Ficha técnica:
1 - Atlético de Madrid:
Oblak; Juanfran, Giménez (Lucas, m. 35), Godín, Filipe; Gaitán, Augusto (Gabi, m. 18), Koke, Carrasco; Griezmann (Gameiro, m. 58) y Correa.
0 - Deportivo de La Coruña:
Lux; Laure, Albentosa, Arribas, Fernando Navarro (Babel, m. 73); Guilherme (Mosquera, m. 67), Borges; Borja Valle, Emre Çolak, Fajr; y Florin Andone (Luisinho, m. 60).
Gol: 1-0, m. 70: Griezmann culmina un pase de Gameiro.
Árbitro: Gil Manzano (C. Extremeño).
Expulsó por doble amarilla a Fayçal Fajr (m. 39 y 45), del Deportivo de La Coruña. Amonestó al local Lucas (m. 42) y a los visitantes Emre Çolak (m. 56) y Ryan Babel (m. 84).
Incidencias:
partido correspondiente a la sexta jornada de LaLiga Santander, disputado en el estadio Vicente Calderón ante unos 53.000 espectadores.
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