El Museo de la Segunda Guerra Mundial de Nueva Orleans fue uno de los pocos edificios que quedaron en pie tras la devastación del huracán Katrina. Dicho museo, que hasta entonces no tenía nada de particular, fue escenario hace poco de un hallazgo que ya quisiera para sí Frank Capra para hacer un remake de Qué bello es vivir. Se trata del diario de un joven marine, Thomas Cotton Jones, que murió durante la batalla del Pacífico combatiendo contra los japoneses en la isla de Peleliu, en 1944. El diario en cuestión estaba expuesto abierto, con la primera página al descubierto. En ella podía leerse una breve anotación, en la que nadie parecía reparar. Hasta hace no mucho.
La historia de Thomas Jones es la de tantos y tantos jóvenes que se alistaron al inicio de la Segunda Guerra Mundial, y que no vivieron para contarlo. Algunos, sin embargo, dejaron testimonio escrito de todo aquello. Fue el caso del cabo Jones, que narró sus vivencias en un diario que le había regalado su novia, Laura Mae Davis. Se conocieron en el instituto; él, capitán del equipo de baloncesto; ella, animadora, y reyes ambos del baile de graduación. Muy yanqui todo, muy peliculero. Y muy real.
El cabo Jones y Laura Mae Davis no llegaron a prometerse, aunque tenían intención de hacerlo al acabar la guerra. En el diario, aparecen numerosas reseñas afectivas a ella, y una petición expresa: si caía, quien encontrase el diario debería entregárselo “a la mujer que quiero: Laura Mae Davis”. Sin embargo, Thomas Jones murió en 1944 y su diario acabó en el museo de Nueva Orleáns. Setenta años más tarde, durante una vista de grupo, una anciana se detuvo frente a la vitrina donde estaba expuesto. Tras un rato mirándolo, se le llenaron los ojos de lágrimas y pidió hablar con el conservador de la sala. Le dijo que necesitaba tener en sus manos aquel diario, y que había una razón de peso: ella era su legítima propietaria.
Para probarlo, le dijo al conservador que lo abriese por la última página y que comprobase si allí decía: ”para Cotton, con todo mi amor. Laura”. Y así era. Setenta años después, Laura Mae Davis visitaba por casualidad el museo donde se guardaba el diario que ella había regalado a su novio antes de que éste partiera a la guerra. El tiempo pone las cosas en su sitio y actualmente la vitrina donde antes estaba el diario contiene en su lugar una foto del mismo sostenida por su “propietaria”. El museo se lo entregó, con siete décadas de retraso. Pero al menos, la última voluntad de Cotton pudo cumplirse gracias a que su “chica” no lo había olvidado. Hace pocos días, Laura Mae Davis fallecía en Nueva Orleáns, fiel y feliz. Ahora empezará su mejor Diario.