A diferencia de varios “ismos” que existen en la política y la economía, hay sólo uno que está en el desarrollo permanente: el liberalismo. No es posible ser liberal hoy a la manera del siglo XIX y ni siquiera a la del siglo XX. Lo contrario sucede con el socialismo y el comunismo que pueden seguir incrustados en su pasado sin cuestionar sus errores. El liberalismo español del siglo XX criticó las políticas del partido liberal decimonónico, pero ya ha llegado la hora de poner en cuestión el liberalismo del siglo pasado para renovarlo para aquí y ahora.
Se equivoca quien piensa que el liberalismo surgió lejos de España, por ejemplo, en Inglaterra. El equívoco procede de la confusión entre las ideas liberales y el liberalismo como ideario político. Si analizamos el desarrollo de las ideas que hoy día son denominadas liberales, podemos trazar sus huellas hasta el siglo XVI español. Para no ir tan lejos recordemos que en España hubo una amplia trayectoria liberal al margen de los partidos políticos clásicos. En el siglo pasado, verbi gratia, fue el Partido Reformista, de Melquíades Álvarez, que se situó en el centro político para criticar tanto al partido liberal como al partido conservador, porque se apropiaron perversamente de las ideas liberales. Junto al Partido Reformista, la Liga de la Educación Política, fundada por José Ortega y Gasset, surgió como un foro para pensar sobre qué debería ser el liberalismo para la España de principios del siglo XX. Durante los años 1930, la Agrupación al Servicio de la República también se presentó como una asociación de carácter liberal, un esfuerzo que quedó hecho añicos, cuya importancia hasta ahora no ha sido evaluada con mirada desinteresada. Son ejemplos de partidos y asociaciones que han tratado de renovar el liberalismo.
Ahora, cuando muchos reclaman más y más democracia, afirman que la democracia se hace sólo en la calle, que las instituciones no sirven para nada, es el momento de repensar el liberalismo y la propia democracia. Es el momento para releer a Ortega y Gasset, quien con la nitidez que le destaca, advierte que la democracia puede ser absolutista, difusa e irresponsable. Por esto cualquier democracia requiere una buena dosis de liberalismo que defienda a un individuo de la desaparición entre la masa anónima. Decía el gran filósofo: “La democracia propone que mandemos todos. El liberalismo responde qué son los límites del poder público. La respuesta: el poder público no puede ser absoluto, sino que las personas tienen derechos previos a la injerencia de Estado.”
Actualmente la tradición liberal es seguida por varias asociaciones que no tienen, por fortuna, vínculos gubernamentales. Son auténticos espacios de reflexión sobre la libertad en la vida política. Entre esas asociaciones, destacamos la labor de la Asociación Estudios de Axiología que organiza anualmente un Foro Liberal. Este año se celebrará, durante los días 16 y 17 de noviembre, en el Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid, y promete por los ponentes y los títulos de las ponencias cosas nuevas y aire fresco para ventilar la casa liberal.