Como ya tenemos Gobierno y además debemos resignarnos a ello tras una etapa de bonanza de diez meses de franquicia, período éste en el que hemos sobrevivido sin padre ni madre, aunque no por ello hemos dejado de pagar la nómina de sus señorías, pues resulta que ahora va a ser cuando la cosa se vuelva más difusa, o sea, que no sabemos si esto va a ir mejor, peor o neutro. De manera que en este sinvivir uno recurre a la jácara esa del horóscopo como guía de entender algo de todo este pasteleo existencial.
Veamos, uno tiene el signo zodiacal que a bien haya tenido el azar asignarnos. Se suele nacer en una fecha determinada por aquello de la venida al mundo con o sin mayores presagios, ya saben, embarazo con lo de la semillita y otros efectos especiales que no vienen al caso. Lo cierto es que desde el mismo instante en que te alumbra la vida ya tienes al representante zodiacal para colocarte el signo que ha de acompañarte durante toda tu vida. Las constelaciones, su influjo y sus mensajes diarios serán recogidos por un funcionario pegado a un teletipo interespacial para luego hacer posible que todos los días del año nos brinde cual será nuestro estado de ánimo, nuestra salud, nuestra economía e incluso nuestras relaciones amorosas para comenzar el día como parte de la dieta energética necesaria.
En lo referido a la salud, al dinero y al amor, la cosa resulta variable en función de la línea editorial de cada periódico, o sea, que los astros también tienen sus tendencias. Si la cosa va de salud, tan pronto te encuentras en el mismo día del vaticinio con una robustez envidiable que con un fuerte resfriado estacional o con un lumbago de cuidado. No hay quien lo entienda. En cuestión de dinero, pues más de lo mismo, en unos casos tu número de suerte es el 7 y en otros puede ser el 9 o también el 4, según el medio. Y respecto del amor, o te pasas o no llegas, es decir, o tienes un día arrollador o tienes que hacer las paces con tu pareja aunque ésta sea la princesa Leia Organa, de la saga Star Wars.
No es por no creer, que no se trata de llevar la contraria a los divinos astros ni a la raíz cuadrada del más allá, lo que sucede es que no hay quien se aclare a la hora del vaticinio; vean si no los ejemplos ya expuestos. Sin embargo, miren ustedes por donde que en lo referido al apartado del trabajo el universo es coincidente a la vez que contundente. Aquí las estrellas tienen el mismo denominador común, que ya es tener mala leche dada nuestra precariedad laboral para que además la astronomía nos toque la vaina con sus centelleantes mensajes.
Verán, he tomado al azar un número determinado de diarios que incluyen en su formato la sección del horóscopo. Misma fecha y un signo zodiacal cualquiera. Trabajo: <<Surgirá un problema laboral que exigirá una rápida solución>> Es decir, apuntarse al paro. <<Tu dedicación en el trabajo te ayudará a que consigas tus propósitos, pero no debe faltar, ni un solo día, la voluntad. Sé constante>> O sea, quien trabaje por una miseria –es decir, la mayoría, pues eso, que persevere- Otro de los medios consultados viene a pronosticar lo siguiente: <<Si por el contrario, aún no tienes el trabajo que esperas, pide ayuda, piensa en amigos, familiares o relaciones pasadas que te puedan socorrer>> Dicho en tono coloquial, que llevas años viviendo de la caridad. Y para no aburrirles a ustedes más de la cuenta, ahí va el último: <<Es probable que tu situación económica no cambie hoy drásticamente. De hecho, es posible que empeore un poco antes de que empiece a mejorar. Cualquier sensación de dificultad, desesperación o privación es una parte importante de ese proceso>> A decir verdad es lo que tienen los procesos, que comienzas empeorando y acabas por acostumbrarte.
Este cosmos no es de fiar, es más, yo diría que está financiado por la patronal, porque verán ustedes, una cosa es el trabajador y otra la empresa, y es ahí donde hay que meter mano al sector productivo para que la patronal se allane cambiando su estrategia de contrataciones, porque a las claras está que los salarios pierden terreno en el reparto de la riqueza. Y esto no lo digo yo, que lo dice hasta el oráculo de los periódicos consultados cuando coinciden en castigar al trabajador día tras día. Por algo será.
En fin, para que no me cojan manía les diré que todo esto forma parte del subconsciente, de manera que no se dejen llevar por las adivinaciones de mal gusto, lo que sucede es que cuando las estrellas susurran desconfianza, el pobre guarda pobreza y el rico llena su panza. Y esto por desgracia es una realidad terrenal, créanme.