Las sanciones impuestas por la gestora del PSOE a los diputados que rompieron la disciplina de partido en la votación de investidura no han dejado indiferente a nadie. Por otra parte, poco más se podía hacer. El hecho de que sólo dos de los diputados díscolos hayan sido sancionados tiene su explicación: Zaida Cantero y Margarita Robles son independientes, y los diputados del PSC pertenecen a un partido “asociado” al PSOE.
Esto último es una realidad palmaria: PSOE y PSC son dos partidos muy diferentes, por cuanto éste último cada vez está más cerca de las tesis de Esquerra que del socialismo tradicional. Y retrata fielmente el problema que tienen los socialistas en Cataluña: la deriva nacionalista de sus dirigentes durante los últimos años les ha ido distanciado cada vez más de su electorado.
Así las cosas, el margen de maniobra tiene un recorrido corto. La solución del “problema catalán” no puede estar a cargo de una dirección provisional, sino de una nueva. Y eso saldrá del próximo congreso; momento idóneo también para fijar el proyecto de futuro y delimitar el papel de “independientes” que, como Margarita Robles, son un verdadero peligro.