Ingenuos son los que todavía hacen una separación entre los viejos y nuevos políticos, las viejas o nuevas políticas, o como diría un cursi, las viejas y nuevas sensibilidades. No hay tal separación, señores; es decir, no hay diferencias de fondo entre lo nuevo y lo viejo. La muerte de la ex-alcaldesa de Valencia y senadora Rita Barberá ha mostrado otra vez que lo único que abunda en la política son los cobardes y los salvajes, sean estos viejos o nuevos. A pesar del griterío levantado por la muerte de una política eminente, el verdadero problema de la política española sigue oculto en el silencio de los pasillos del Congreso porque a nadie de los grupos políticos les interesa sacarlo a luz pública. Aquí nadie sale limpio. Nadie es intachable.
Lo más criticado, sin duda, ha sido la ausencia de la gente de Podemos del hemiciclo parlamentario en protesta contra “el homenaje a la política corrupta” que fue Rita Barberá. Los políticos y periodistas fruncieron el ceño y calificaron de impresentable esta actuación. ¿Hicieron algo más allá de las palabras? No, claro que no. Actuar frente a Podemos no le interesa a nadie porque a muchos esta aglomeración política les asegura una parcela de poder. ¿Acaso es nuevo que los podemitas y sus aliados se indignen con la corrupción ajena y defienden a muerte la corrupción y trueques ilegales de los suyos? No es nuevo, pero cómo criticarlos si, en el fondo, esperas negociar con ellos. Así seguimos con las alcaldías del cambio, que destrozan poco a poco las ciudades y fastidian la vida cotidiana.
Otra fuerza, que se proclamó representante de la “nueva política”, los de Ciudadanos, parece que ya se ha cansado de agitar la bandera española por todo el territorio nacional y la dejaron apartada hasta mejores tiempos. Según pocas y, sinceramente, mejorables declaraciones de sus dirigentes y portavoces, los de C´s están dispuestos a dar clases de ética, moral y de buenas maneras. De vez en cuando van a levantar la voz para decir: “Yo ya lo he dicho” y poco más. Al ceder, casi abandonar, el discurso de la unidad e igualdad de los ciudadanos españoles en toda España, no tienen una razón de ser. El último signo de la precipitada decadencia de esta formación es la declaración de Inés Arrimadas sobre su voto en un posible referéndum “legal” sobre la soberanía de este territorio. Terrible. Esta señora debería saber que esa “posibilidad” no solo es anticonstitucional, sino que sobre esa irrealidad construye su discurso el separatismo y el podemismo.
¿Qué decir sobre los viejos partidos? Pues, el PSOE, ya con Pedro Sánchez iba a la deriva, sin cabeza ni liderazgo, y ahora es lógico que se dediquen a buscar un nicho donde aguantar la llegada de los podemitas, en espera de que les ceden algo de poder. El PP mientras tanto, asustado de su propia sombra, muestra que lo único que les sobra es cobardía. Buscan el modo de gobernar a gusto de todos, que es tan útil como buscar la cuadratura del círculo. Gobernar y agradar a todos es imposible. Por esta razón, hacemos de tripas corazón y preparémonos a ver el espectáculo de las negociaciones encubiertas sobre el descuartizamiento de España que nos van a narrar poco a poco, dosificando las decisiones ya tomadas e inapelables. Cuando uno no tiene más objetivo que mantener el tinglado, pues, la nación y el país pierden el valor y se convierten en meros vocablos vacíos.
Así las cosas, lo desolador es ver que nadie de los representantes políticos presta la menor atención a lo que importa, lo que Ortega llamó una cultura política. Dijo el gran maestro de filosofía universal: “El capital de un pueblo no es numismático ni económico, es el capital político, la energía productora de ideas civiles.” ¿Cuántas ideas civiles encontraremos en las instituciones?