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Trump y Fidel y el fin de la historia

Carlos Ramírez
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carlosramirezhhotmailcom/14/14/22
miércoles 14 de diciembre de 2016, 18:50h
Actualizado el: 14 de diciembre de 2016, 20:40h

En medio de tanto pesimismo histórico que parece haberle dado la razón al Fukuyama de 1988 y 1992, habría que regresar a los clásicos. Y un clásico es el que logra trascender el tiempo y la historia con sus afirmaciones. Marx y Engels escribieron en 1848:

“La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases”.

Así nada más, así de sencillo, así de simple, así de complejo, así de eterno.

Lo malo es que las ideas políticas suelen ser distorsionadas más por los promotores que por sus críticos. Un año antes del colapso de la URSS con el Muro de Berlín, Fukuyama había cantado la derrota: “la desaparición del marxismo-leninismo, primero en China y luego en la Unión Soviética, significará su muerte como ideología viviente de importancia histórica mundial”. Para el politólogo estadunidense de origen japonés, se trataba “del fin de la historia como tal, esto es, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad”.

La historia es declarada muerta de vez en vez. Pero se olvida que la historia es el registro de los hechos de una sociedad, pero al mismo tiempo un proceso interminable, progresivo --recordaría Ortega y Gasset--.

En lo que sí tuvo razón Fukuyama en 1988 fue en su apreciación de que el fin del marxismo-leninismo en forma de gobierno llevaría a “la universalización de la democracia liberal”. Claro que hay que ponerle matices. Marx y Engels descubrieron el motor de la historia y de las relaciones sociales: la lucha por la distribución de la riqueza, y ésta siempre existirá hasta en detalles mínimo como la inflación como disputa por las utilidades (empresarios) y los salarios (trabajadores), y ese dinamismo dará velocidad a las relaciones sociales.

La democracia liberal tampoco ha sido el estadio final de la historia. La crisis del mercado en 2008 llevó al mundo --siguiendo el método Fukuyama-- al final de la historia, es decir, de la democracia liberal como sociedad ideal. En la democracia liberal motorizada por el funcionamiento del mercado --oferta y demanda en constante conflicto de tensión dinámica-- también estalló la crisis. En el 2004, el propio Fukuyama introduciría en su pensamiento sistemático un elemento novedoso: sin decirlo, la lucha de clases a nivel mundial entre países pobres y países ricos. Y si el marxismo-leninismo del siglo XX pervirtió el concepto del Estado como el eje rector de Marx y Lenin, Fukuyama dio un paso adelante y aportó el concepto sociológico y politológico de “la estatalidad” o acción del Estado para regular la lucha de clases.

Lo que debe venir es el debate sobre la estatalidad, porque al final se trata de una acción inducida del Estado y por tanto de la revalidación de la institución dibujada por Platón y Aristóteles,modernizada por Maquiavelo y Hobbes y potenciada por Marx. De la lucha de clases regulada por la acción revolucionaria del Estado en la construcción de la utopía comunista se ha pasado al realismo del Estado como un mal necesario --desde los griegos-- y de ahí se quiere pasar a la acción en acto del Estado para regular el conflicto de la disputa por la riqueza.

La historia no se puede terminar en cada suceso. La democracia liberal habría muerto en el régimen autoritario soviético basado en una versión del marxismo-leninismo, pero también está feneciendo con la victoria electoral de Donald Trump y el perfil de su política vía un gabinete de militares y empresarios. Y qué decir que el modelo cubano de Fidel Castro: ni era marxista-leninista, ni definió una democracia socialista, ni estaba encaminado al comunismo; fue un régimen autoritario, militarista, represivo, conservador en lo social, y ajeno al motor de la lucha de clases como elemento dinamizador de la nueva sociedad.

El gran debate que debió haber provocado el fin del Muro de Berlín en noviembre de 1989 era de ideas. Con marxismo-leninismo o sin él, con democracia liberal o sin ella, con dictadura de mercado o sin ella, el caso es que el principio de dinámica social-productiva sigue siendo la lucha de clases. Y cuando la modernización del mercado haya liquidado al obrero como proletariado, las clases no propietarias y asalariadas seguirán luchando por su parte de riqueza contra los empresarios. El sueño capitalista del mercado accionario como verdadero elemento repartidor de la riqueza se hundió con la bolsa en 1929 y en 2008.

Y en medio de versiones antiguas o modernas de lucha de clases, con o sin la URSS, con o sin Fidel, con o sin Trump, el caso es que el sistema productivo se seguirá erigiendo por el motor definido por Marx y Engels. Y que el único factor regulador de la lucha de clases seguirá siendo el Estado como institución o la estatalidad como mecanismo.

Lo malo es que el ideal dominador del curso de las relaciones de producción pasó del utopismo comunista al utopismo de la democracia liberal, como lo reveló Mario Vargas Llosa en El País el domingo 11 de diciembre: en el pasado los jóvenes creyeron en el ideal de la lucha revolucionaria para la justicia social, pero ahora, dice, el progreso es resultado del esfuerzo productivo signado por la libertad y los derechos humanos. Pero este modelo es el que celebra el 1% de los ricos que controla el 70% de la riqueza: el reparto sin Estado regulador.

El gran debate debe ser claro: la lucha de clases existirá y se agudizará más en la democracia liberal que sin el socialismo facilita la concentración de la riqueza en el 1% de los ricos. Pero una verdadera democracia liberal debe pugnar por el reparto justo de la riqueza antes de que otra utopía revolucionaria surja de la lucha de clases entre ricos y pobres y la historia se repita quizá como farsa.

indicadorpolitico.mx

carlosramirezh@hotmail.com

@carlosramirezh

Carlos Ramírez

Maestro en Ciencias Políticas

Periodista, Maestro en Ciencias Políticas, columnista político desde 1990, director del Centro de Estudios Políticos y de Seguridad Nacional S.C., director del portal indicadorpolitico.mx

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