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TRIBUNA

Desvíos atlánticos

Víctor Rodríguez Gago
lunes 26 de diciembre de 2016, 19:37h

En la ruptura de la coalición gobernante en Canarias, no descartemos el desvío como molde estelar de análisis. Hay que contar siempre –tratándose de las islas que los antiguos confundieron con el Hades– con acontecimientos que se salen de su curso lógico y se lanzan por un tobogán de serendipia a modificar la política nacional.

Al hablar del piloto desconocido que precedió a Colón –probablemente, un portugués o un andaluz que navegaba rumbo a La Gomera o El Hierro, para cargar conchas–, Demetrio Ramos sitúa en Canarias el viento –“fuerte levante”– del gran desvío imprevisto. Lugar del desvío, puerta giratoria del edén y el Hades, boca del agujero de gusano de la Historia: en Canarias, un golpe de aire anda siempre desplazando los hechos a una dimensión fabulosa y realizando las fábulas en los hechos. Desde que Homero, en La Odisea, identificase de oídas este enclave atlántico con la Makaron Nesoi, el ultramundo de los Afortunados, todo en Canarias sucede en una agitada pasarela de la literatura a la geografía, y viceversa.

Hay que contar con la imagen del desvío por ventolera, al hacer crónica política o crónica negra desde este remolino atlántico.

La quiebra del pacto de Coalición Canaria y el PSOE lo tiene todo para que un hecho local abra una digresión creativa en la política nacional. La atmósfera de diálogo del PP y el PSOE favorece el ensayo en Canarias de la gran coalición. No se ha dado antes en las Islas, cuyo Gobierno lleva veinticinco años pivotando en Coalición Canaria, apalancada por una alternancia de PP y PSOE como socios. En sus buenos tiempos –con dos y tres diputados en el Congreso–, Coalición Canaria ayudó a apuntalar mayorías en Madrid, a cambio de que los dos grandes partidos no le pisaran el jardín local.

La fórmula nació en 1991 como un desvío masivo de caciques insulares, desde sus cabildos y ayuntamientos al Gobierno regional. Se fusionaron las familias que controlaban el cotarro por separado, para garantizárselo juntas. Prebostes de casino y club náutico junto a agitadores de asambleas de vecinos; gentes de orden y revolucionarios; padrinos y demagogos; encomenderos criollos y momias guanches. Coalición Canaria empezó como economía de escala y se convirtió en un sindicato de poder. Una desviación en la frontera sur de Europa. Una Sicilia a la que se llegase por el Caribe. Una omertá con carnaval y reguetón. Un 51% de paro juvenil, y que parezca un accidente. Códigos de honor, máquinas tragaperras y catástrofe educativa –últimos en el informe PISA, entre las regiones españolas.

¿Es posible un Gobierno de PP y PSOE que ponga a prueba la gran coalición en España? Se dirá que ya se ensayó en el País Vasco, durante el mandato de Patxi López como lehendakari. No hay equiparación posible entre ambos casos. Las condiciones del País Vasco fueron excepcionales. La amenaza terrorista aún planeaba sobre España. El órdago secesionista del anterior presidente, Ibarretxe, había fatigado a la población, que acabó castigando al PNV en las urnas. PP y PSOE podían pactar en Guernica y seguir a la greña en Madrid. Las urgencias no eran las mismas. Lo que está en juego, ahora, es el bipartidismo, la supervivencia de los dos grandes partidos del régimen constitucional de 1978 y, con ellos, la continuidad del sistema y de la noción de soberanía nacional que es su piedra angular.

Los hechos se alinean en Canarias para ofrecer un desvío a la solución del nudo español. La prestación que mejor han hecho estas Islas a la historia de España es el pensamiento lateral, la digresión productiva. No será fácil, porque Coalición Canaria ha creado en estos veinticinco años una enorme red clientelar que ata por igual a las familias locales de PP y PSOE. En Canarias, cada isla, cada municipio, es un campo de batalla distinto. La estructura caciquil complica cualquier novedad que amenace el statu quo de los que mandan.

Hay que tener en cuenta, además, las batallas que están por venir en el PSOE y el PP. Una parte de los populares, la que ahora manda en el partido en las Islas, se inclina a volver a tener a CC como socio. Asier Antona, el nuevo presidente del PP tras la caída de José Manuel Soria en la vorágine de los papeles de Panamá, ha anunciado que de momento no entrarán en el Gobierno y dejarán gobernar a CC en minoría, “negociando asunto a asunto”. Aun así, el próximo congreso regional del PP se presenta reñido, con un candidato alternativo, Enrique Hernández Bento –delegado del Gobierno en las Islas hasta hace unos días– al que respaldan las islas orientales –Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura–, las más pobladas y las que más votos aportan al PP. El señor Bento apuesta por desbancar a CC y apoyar desde el Parlamento un Gobierno en minoría del PSOE.

Conviene no subestimar la potencia del desvío para abrir caminos inopinados en Canarias. En 1938, el pintor Óscar Domínguez le sacó un ojo a su colega Víctor Brauner, al lanzarle un vaso durante una pelea en París. Para Juan Larrea, el episodio marca un desvío decisivo en el movimiento surrealista. Al lanzar aquel vaso –anota en su ensayo El surrealismo entre Viejo y Nuevo Mundo–, el pintor tinerfeño encarnaba vitalmente la famosa escena del ojo en el Perro andaluz, de Luis Buñuel. Domínguez consiguió accidentalmente, para Larrea, que el surrealismo se dejara de manifiestos y pasara de la literatura a la vida.

¿No es, exactamente, lo que viene haciendo Canarias desde que entró en la historia por medio del poeta ciego que cantó el regreso de Ulises a casa?

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