«Toda publicación periódica -son palabras de Enrique Montero- es como un corte profundo en el tiempo que deja a la vista el trabajo entrecruzado de un grupo de pensadores, escritores y artistas inevitablemente envueltos en los asuntos de su época. En el tiempo que puede durar la publicación se dedican a crear su presente en cada número que lanzan a la calle a base del pasado más o menos inmediato y del futuro, tanto como lo percibían como querían que fueran». Lejos de constituir meros contenedores de textos, unidos en yuxtaposición, las revistas literarias conforman un medio específico que no solo refleja las características del ámbito cultural al que pertenecen, sino que intervienen activamente sobre él modificándolo y reconstruyéndolo a su vez. De ahí la importancia de su estudio, que ha venido a transformar las filologías hasta el punto de que, sin tenerlas en cuenta, no puede hacerse hoy una historia de la literatura digna de tal nombre.
En el contexto concreto de nuestra Guerra Civil, la historiografía reciente se ha ocupado con amplitud de la producción literaria y periodística surgida en las filas republicanas, con valiosas aportaciones como las de Díaz-Balart o Emilio Peral, entre otras muchas. Menor atención, hasta el momento, se había prestado a las publicaciones adscritas a la causa de los sublevados. La cultura no escapa a su utilización –interesada– por el totalitarismo y será integrada como un elemento fundamental en los propósitos y actuaciones del nuevo régimen. Así, en la zona franquista, durante la contienda, se hallarán diferentes editoriales que publican, pese a la escasez de papel, publicaciones periódicas y colecciones de textos de diversos géneros, con orientación tanto cultural como propagandística. Dirigida desde Sevilla por «Romley» –seudónimo de Manuel María Gómez Comes–, el 1 de junio de 1938 veía la luz el primer número –de su tercera época– de Horizonte, revista mensual con el subtítulo «arte, literatura y actualidades», protagonista de la presente monografía a cargo de la estudiosa italiana Antonella Russo.
Hermana menor de la más famosa Vértice, revista nacional de la Falange, creada en San Sebastián en 1937, Horizonte vino a contribuir a la poderosa plataforma periodística erigida por la organización falangista, pese a partir en clara desventaja respecto a otros sectores de la derecha. Magacín de lujo, con vocación estética y cuidado diseño, a partir de 1940 se traslada a Madrid y su publicación se prolongará hasta 1942. La ambición de su director de confeccionar un producto editorial de relieve consiguió atraer a firmas de distinta procedencia literaria e ideológica, conformando un elenco de indiscutible categoría: Azorín, Ricardo Baroja, Tomás Borrás, Emilio Carrere, Cristóbal de Castro, Camilo J. Cela, Foxá, Giménez Caballero, Manuel Machado, Alfredo Marquerie, Eduardo Marquina, Miguel Mihura, Salaverría…, con presencia preferencial de los poetas andaluces (Pemán, Romero Murube, Adriano del Valle…) y sin excluir escritoras como María Matilde de Belmonte, Ana María Foronda, Carmen de Icaza, etc. Entre sus destacados ilustradores gráficos, José Caballero, Romero Escassi, «K-Hito», Sáenz de Tejada, «Tono» –que fue además su subdirector–, Ángeles Torner, «Serny»…
El excelente trabajo de investigación llevado a cabo por Russo –basado en su tesis doctoral leída en la Universidad de Sevilla, bajo la dirección de la catedrática de literatura Marta Palenque– ofrece la semblanza personal y profesional de casi todos estos nombres, además de una introducción donde, junto al análisis pormenorizado de la revista, se desbroza una panorámica general sobre la producción literaria en prensa durante la Guerra Civil, en ambos bandos, cuya claridad de exposición, sólida documentación y acertada capacidad de síntesis hacen especialmente recomendable su lectura. Un riguroso catálogo de todos los contenidos de la revista –incluyendo sus anuncios y una sinopsis de cada colaboración–, índice general y de nombres y diversas reproducciones de las portadas de Horizonte, completan una impecable edición.