Luis Enrique repitió el dibujo destinado a remontar ante el PSG y el tridente resolvió. Por Diego García
"Hay que llevar al Barça a situaciones a las que no está habituado", declaró Joan Francesc Ferrer 'Rubi' en la previa del partido. Y esa pretensión la llevaría a cabo el entrenador del Sporting por una doble vía: lanzando presiones muy elevadas que ahogaban la salida de pelota culé -más parcialmente de lo que desearía- y configurando un once inicial repleto de suplentes. Los asturianos se presentaron en el Camp Nou con la mente puesta en el duelo ante el Deportivo de la Coruña (enfrentamiento directo por la permanencia del próximo fin de semana). Así, Canella, Carmona, Moi Gómez y Amorebieta, su estructura básica, no fue convocada. E Isma López y Duje Cop (su goleador) empezaron en el banquillo por estar apercibidos de sanción. En consecuencia, el apurado club gijonés llevó al coloso catalán a una situación a la que no está acostumbrado, pero le saldría la jugada redonda al "sorprendido" conjunto blaugrana.
Luis Enrique tomaría esta jornada 25, interpretada por su rival como idónea para rotar, como la ajustada para seguir engrasando el dibujo que ha ideado para retirar lo utópico del desafío que el planteó el PSG en el Parque de los Príncipes. Lucho repitió el esquema (3-6-1 en ataque, 4-4-2 en defensa) con el que ganó puntos y autoestima en el Calderón, con Neymar y Rafinha como carrileros, tres centrales en la cueva (Mascherano, Umtiti y Jordi Alba) y una amalgama de piezas en el centro, con Messi dotado de plena libertad entre la acumulación de interiores. Suárez sobresalía de un sistema destinado a volver a prender la motivación de su vestuario y dotar de profundidad a la circulación barcelonesa por medio la recuperación del juego entre líneas. Y este miércoles corroboraría el acierto de la probatura con celeridad.
El Sporting salió tratando de refrendar el cambio de sensaciones tras la llegada del nuevo entrenador (chutaron 35 veces en sus últimos dos partidos) y adelantaron las líneas desde el inicio. Pero su valentía se tornaría en imprudencia con frenesí, pues antes del décimo minuto ya había sentenciado el duelo un Barcelona hambriento de calma y disfrute. Con Neymar como principal elemento desequilibrante y Rafinha más participativo, trazando más diagonales que en el duelo ante el Atlético, la zaga visitante acusaría la baja de Meré y no detectaría los desmarques al espacio que lanzarían Messi y Suárez. El primero aprovechó un balón largo de Mascherano para cabecear a la red, solo, el tanto inaugural -minuto 8- y el segundo, por su parte, driblaría a Cuellar en el área pequeña tras amortizar la espalda de los centrales astures. Ney vio su desmarque y el cuero acabó entrando en la portería tras el toque de Juan Rodríguez al remate angulado del charrúa.

El 2-0 no variaría el compás dispuesto por ambos equipos. No obstante, Rafinha, Suárez y Neymar proseguirían su multiplicación de llegadas a la que sólo el desatino final alejaba de significar una goleada prematura; y el decimoctavo de La Liga mantuvo su atrevimiento posicional, con la transición asociativa como herramienta de dignidad y con Burgui como faro. De las botas del ex jugador del Espanyol nacería el único intervalo nuboso de la tarde en la Ciudad Condal. Filtró un balón fino entre la desequilibrada línea defensiva local. La pelota fue cazada por el válido todocampista Sergio Álvarez, que cruzó su disparo hasta estrellarlo en el poste. Carlos Castro, la esperanza rojiblanca, recortó distancias al cosechar el rebote sobre la línea de gol -minuto 21-.
El tanto de los pupilos de Rubi tampoco constituiría un salto de página, pues la pelota pertenecía a un Barça más vertical y coral que de costumbre (iría al descanso con el 70% de la posesión y una relación de cuatro a dos en tiros a puerta y 12 a cuatro en llegadas al área). El reto de reinvención que Luis Enrique estableció como anzuelo para recobrar el compromiso de su plantilla prosiguió su puesta a punto con circulaciones ligeras, facilitadas por la colocación escalonada e interior de Rakitic y Denis Suárez. La pelota volaba en cancha asturiana y la improvisada defensa visitante no conseguía enmendar la voluntad ambiciosa del líder provisional.
De este modo arreciaría la frugalidad productiva de los culés hasta que Suárez engatillara una bella volea, plena de fundamentos, hacia el poste de la meta de Cuellar. El tercer gol -minuto 27- remarcaba el escenario de mejoría en la intensidad y vehemencia colectivas del gigante catalán. Y el descanso arribaría, con casi todo decidido, sin que cesara la pulsión goleadora del monopolio azulgrana. Cuellar y Burgui, que probó a Stegen sobre la hora, se distinguirían como los mejores hombres de Rubí sobre el verde. De hecho, el portero cercenó el sabor de la diana a Neymar en el 44, tras una galopada sensacional del carioca -de 60 metros- y a Luis Suárez, en un remate desde dentro del área, en el minuto 39.

Aún así, los gijoneses no soltaron su tendencia a buscar las cosquillas a la contra, y no rebajaron su proposición puntiaguda a pesar de jugar ya sólo por la confianza de cara al duelo con los coruñeses. Y tampoco lo harían en un segundo acto que dio comienzo con el pichichi en el banquillo, en sustitución de un Paco Alcácer que inauguraría su presencia en el verde con una diana astuta en el minuto 49, tras otro fallo de Babin -que despejó de forma defectuosa en el cuarto tanto del enfrentamiento-. Era su segundo gol en esta Liga. Douglas, inédito este miércoles también, cedió su sitio a Víctor Rodríguez y el técnico visitante terminó reservando a Burgui -apercibido- para dar entrada a Isma López.
Incluso Messi fue sustituido por Andre Gomes. Después de que el genio argentino arrancara la sonrisa de sus compañeros con una delicada falta desde la frontal lanzada con seda hacia la cruceta. Cuellar no reaccionó, ante lo inconcebible de hacer pasar la pelota por encima de la barrera en tan corta distancia. Y, con la Pulga descansando en un banquillo que, al fin, soltó toda la tensión de estas últimas semanas -disparada en la soga predispuesta por Simeone hace días-, Neymar hizo lo que no pudo el 10: marcar de falta -minuto 66-. Su ejecución, digna de una pintura, fue el primer tanto del brasileño en casa y en la presente edición liguera. Por extraño que parezca.
Sin presión, y con un 6-1 redondo y terapéutico, el Barcelona echó el cierre con el referente de la Canarinha tratando de engordar su mochila y con Sergi Roberto en el césped -por Rafinha-. El Sporting fue conducido a la bajada de brazos, con Cuellar evitando el sonrojo -a tiros del iluminado Neymar y el industrial Rakitic, que haría el sexto con una volea terrible- y los pupilos de Luis Enrique parecieron saciarse antes del último cuarto de hora, por lo que el partido languideció en un final de ritmo congelado. Con estos tres puntos incontestables vuelve a presionar un Barcelona en claro ascenso al Real Madrid, en la carrera por el campeonato doméstico, y el entrenador campeón de todo en 2015 afianza su legitimidad como patrón del barco. Sus jugadores (hoy descansaron Iniesta y Piqué) han respondido al desafió del cambio de sistema y sus horizontes vuelven a abrirse.
Ficha técnica:
6. FC Barcelona: Ter Stegen; Mascherano, Umtiti, Alba; Busquets, Rakitic, Denis, Rafinha (Sergi Roberto, min.74), Messi (André Gomes, min.61), Suárez (Paco Alcácer, min.46) y Neymar.
1. Sporting Gijón: Cuéllar; Lillo, Babin, Juan Rodríguez, Elderson; Sergio Álvarez (Vesga, min.76), Xavi Torres; Douglas (Víctor Rodríguez, min.46), Cases, Burgui (Isma López, min.60); y Castro.
Goles: 1-0, min.8: Messi. 2-0, min.11: Juan Rodríguez, en propia meta. 2-1, min.21: Castro. 3-1, min.27: Suárez. 4-1, min.49: Paco Alvárez. 5-1, min.66: Neymar. 6-1, min.87: Rakitic.
Árbitro: José Manuel Sánchez Martínez, del comité murciano. Mostró cartulina amarilla a Burgui (min.24), Castro (min.45), Neymar (min.46+) y Juan Rodríguez (min.55).
Incidencias: partido correspondiente a la jornada 25 de LaLiga Santander disputado en el Camp Nou ante 56.605 espectadores, según datos ofrecidos por el FC Barcelona.