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TRIBUNA

¿Qué será de la yihad en 2017?

Luis de la Corte Ibáñez
viernes 10 de marzo de 2017, 20:45h
Actualizado el: 03/10/2017 20:55h
Hace exactamente trece años la ciudad de Madrid quedó paralizada cuando a primera hora de un día corriente cuatro trenes de cercanías explotaban al aproximarse a la estación de Atocha. Los inmediatos costes humanos provocados (191 víctimas mortales y cerca de 2.000 heridos) convirtieron el ataque del 11 de marzo de 2004 en

el atentado terrorista más letal de todos los perpetrados en una capital europea. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Sin embargo, tras más de quince años transcurridos desde el inicio de la así llamada “guerra contra el terror” la amenaza que abatió las Torres Gemelas de Nueva York y reventó los trenes de Madrid todavía pervive.

Durante el pasado mes de febrero las fuerzas de seguridad francesas detuvieron a varios individuos que preparaban artefactos explosivos, quizá destinados a tumbar la Torre Eiffel o atentar en algún otro lugar turístico. Días antes un sujeto armado con un machete hería a un soldado francés cerca del museo del Louvre en París, en el primer ataque yihadista perpetrado en Europa en 2017. El pasado 19 de diciembre otro yihadista atropellaba en Berlín a los visitantes de un mercadillo de Navidad, asesinando a doce personas e hiriendo a más de cincuenta. Este ataque puso fin a un triste año en el que el ritmo de la actividad terrorista en el viejo continente se había venido acelerando conforme a una tendencia iniciada antes, con sucesivos ataques consumados en Bélgica, Francia, Alemania, Dinamarca. Concretamente, desde enero de 2014 hasta finales de 2016 Europa occidental sufrió más de veinte atentados yihadistas de distinta consideración y gravedad. A consecuencia de ellos 213 personas murieron asesinadas y varios centenares resultaron heridas, a lo que hay que sumar otras secuelas: miedo o temor, indignación, perplejidad, ruido mediático, tensiones sociales y políticas, etc. Las detenciones anuales a sospechosos también se contaron por centenas. En España hubo 69 detenidos en 2016, si bien sus actividades entrañaban un riesgo inferior a las desarrolladas por los individuos apresados durante ese mismo año en otros países europeos. Entre tanto, fuera de Europa, las dos principales organizaciones yihadistas se mantuvieron activas en otras regiones, desempeñando un papel principal o relevante en las dos guerras que todavía hoy se libran en Siria e Irak, y actuando en otros focos de conflicto como Afganistán, Yemen, Libia, Mali, Nigeria o Somalia. ¿Pero qué ocurrirá a lo largo de 2017?

Hacer vaticinios demasiados precisos siempre es arriesgado, pues los hechos siempre acaban trayendo algún giro inesperado. La circunstancia de encontrarnos en un nuevo ciclo político en Occidente, marcado por la creciente influencia del populismo en Europa y Norteamérica, el ruidoso y desconcertante acceso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos, unida a la volatilidad e inestabilidad reinantes en gran parte del mundo árabe, sólo añaden más incertidumbre al panorama. Sin embargo, no hay que tener una bola de cristal para reconocer que el problema aún va para largo.

En este año ninguno de los conflictos antes citados alcanzará su plena pacificación y es posible que alguno de ellos experimente cierto repunte, pues los estragos acumulados son muchos y las causas de fondo que los provocaron siguen activas, sin que la comunidad internacional haya sido capaz de alumbrar una fórmula creíble para amortiguar siquiera sus peores efectos (la solución completa seguramente no existe). Desde luego, seguiremos viendo como el Daesh (o autodenominado Estado Islámico) continuará perdiendo poder territorial en Irak, pero es más difícil determinar cuánto tiempo habrá de pasar para que pierda todo control sobre Mosul ni cuándo cobrará impulso la ofensiva que habrá de implementarse para arrebatarle Raqa, su otro gran bastión, ubicada en el norte de Siria. Por lo demás, la degradación del Daesh no conllevará su desaparición sino, en todo caso, su regreso a la acción clandestina y la multiplicación de esfuerzos destinados a promover terrorismo dentro y fuera de Oriente Próximo.

Al Qaida podría volver al primer plano en 2017, ya sea como actor insurgente regional o como inductor de atentados a escala internacional. Y no sólo debido a la pervivencia de su potente filial en Siria (Jabhat Fatah al Sham, ahora recién integrada en Hayat Tahrir al-Sham, una coalición insurgente aún más amplia. Sino gracias también a una sigilosa labor de recuperación llevada a cabo durante los últimos años en diferentes frentes, desde Afganistán al Sahel. Además, los más de cien países que desde 2011 han exportado combatientes para la yihad en Oriente Próximo afrontan con inquietud el riesgo de su retorno. Pensando en los intereses españoles conviene destacar que el número de los posibles retornados podrían ser especialmente elevados en el caso de varios países árabes cercanos a nuestro territorio, como Túnez o Marruecos.

Aunque el nivel de penetración del yihadismo en Occidente no es comparable al alcanzado en el mundo musulmán, ni Norteamérica ni Europa se encuentran libres de peligro. La ideología yihadista continuará circulando urbi et orbe por las autopistas de internet y las redes sociales como un virus mortal, bastando con que infecte a unos pocos para que ponga en riesgo la vida de muchos. La administración estadounidense entrante ha puesto en marcha un nuevo discurso, demagógico y provocador, y una ofensiva anti-migratoria que de consolidarse podría contribuir a un incremento de los casos de radicalización.

Los países de nuestro entorno continental podrían afrontar un riesgo bastante superior al que cabe anticipar en Estados Unidos y Canadá. La presencia operacional de Daesh y la continuidad de las dinámicas de radicalización en Europa han quedado más que acreditadas por los incidentes de 2016, así como por los informes de las agencias seguridad e inteligencia. De momento, hemos salvado los dos primeros meses de 2017 sin haber tenido que registrar ningún ataque de gravedad. Pero es casi seguro que en lo que queda de año vuelvan a realizarse distintas tentativas de ataque terrorista. Las agencias de seguridad e inteligencia europeas podrán identificar y frustrar algunos o incluso la mayoría de esos planes, lo que en todo caso será más fácil cuanto más complejos y ambiciosos sean los planes a ejecutar. Pero tentativas de ejecución más sencilla y promovidas por actores solitarios o unos pocos individuos, como las ocurridas en Niza o Berlín, son difícilmente prevenibles. En consecuencia, es probable que Europa vuelva a ser escenario de nuevos atentados, aunque ojalá nos equivoquemos. A juzgar por su nivel de implantación yihadista, inferior al que enfrentan otras naciones como Francia, Bélgica, Alemania o Reino Unido, España tiene menos posibilidades. Pero eso es todo lo que se puede decir al respecto.
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