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El adiós de Fernández Toxo

domingo 12 de marzo de 2017, 11:11h
Ignacio Fernández Toxo renuncia a presentarse como candidato a un tercer mandato del sindicato Comisiones Obreras, y ha designado ya a su sucesor, Unai Sordo. Esta noticia da la medida de la falta de democracia interna dentro de la organización. Nadie pone en duda que Fernández Toxo sería reelegido de forma automática, como se da por hecho que el tapado Sordo heredará su puesto. No fue eso lo que ocurrió cuando él obtuvo la secretaría general de Comisiones Obreras frente a José María Fidalgo por sólo 28 votos de diferencia.

Toxo puede contar como su mayor logro dentro de la organización la consecución de una cierta unidad interna, y ello en un contexto de crisis del modelo español de sindicalismo. Su sucesor ha adquirido fama dentro de la organización en el País Vasco de ser un hombre que ha trabajado mucho en el funcionamiento interno. De hecho, ha visto premiada su labor desde 2009 con una reelección con una práctica unanimidad de los apoyos.

Unai Sordo, no obstante, genera muchas dudas. A los 18 años entró en el sindicato como secretario de Juventud del sindicato en el País Vasco y ha desarrollado toda su carrera profesional dentro de la organización. Sordo tiene 44 años. La profesionalización del sindicalismo, como la de la política, ha ido de la mano de su caída en desgracia. El mimetismo de la política y el sindicalismo es consecuencia inevitable de la politización espuria del sindicalismo.

Las dos principales organizaciones se han incrustado en la maquinaria del Estado, del que reciben cantidades ingentes de dinero público. Y participan en la dirección de la política económica sin tener representación en el único órgano que representa a todos los españoles, que es el Parlamento. Asidos al Estado han validado la desastrosa política económica de José Luis Rodríguez Zapatero, mientras han caído en una venal corrupción aceptando dinero a cambio de unos cursos de formación que no forman a nadie ni tienen más interés que el de cumplimentar un trámite. Están pagando su desvinculación de los intereses de los españoles, su concepción antediluviana de la economía y su corrupción con el creciente desinterés de los trabajadores y la pérdida de influencia en la sociedad española. Y Unai Sordo no parece la persona adecuada para cambiar esta situación.
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